Ya no temo a la soledad,
Aprendí
a escuchar el susurro del viento
que acaricia mis mejillas
con sus notas aterciopeladas,
a contemplar la miriada de colores
que escriben
su propia sinfonía,
a sentir la vida que se despliega
en el infinito de una conciencia
sin tiempo,
a maravillarme
ante el revoloteo de una mariposa,
a ser feliz
por lo que soy.
Ya no temo a la soledad,
Mis alas se han vuelto más fuertes
a pesar de la distancia…
