
Está la cosa que te cagas con el hedonismo en esta sociedad nuestra. Yo, en principio, no tengo nada en contra del placer por el placer, estaría bueno, pero lo que no estoy dispuesto a soportar es que se confundan los microchips con las berzas. Amiga mía: si es usted hedonista, sepa que la belleza, el culto al cuerpo y los retocamientos absurdos en las clínicas de estética están para algo más que para lucir el palmito en las playas o para dejar al personal masculino con la boca abierta y la bragueta abultada. Señora o señorita mía: si ha luchado usted por conseguir un cuerpo de Barbie de pacotilla, si ha llenado sus carnes de silicona, al menos dése un gustazo y amortice la inversión, joder.
En este país nuestro de charanga, oración, Rocío, Ferias y panderetas, las féminas están cada día más despistadas (no hablemos aún de los machos kilometrosexuales, sobre los cuales ya me explayaré en otro post) y absurdas. Mucho cambio, mucho bótox, mucho alzamiento de senos y nalgas, pero poca chicha, id est, que se folla aquí menos que en un jardín de infancia esquimal. Y es que, amigas o enemigas mías, algunas todavía no se han dado cuenta de que la belleza y el atractivo no dependen sólo de la envoltura exterior, que, a veces, es más una cuestión de fondo que de forma (o de materia primera y materia segunda, si nos ponemos aristotélicos). Sin entrar en filosofías: la que lo tiene lo tiene, y la que no, pues que sepa que ni una legión de cirujanos plásticos va a arreglarlo. Una señora entradita en carnes puede tener más morbo y sex-appeal que un batallón de Pamelas Andersons en pelotas. Esto es así, y ningún anuncio de la Corporación Dermopatética va a demostrar lo contrario.
Unas nacen con ese yo-no-sé-qué-que-qué-sé-yo y otras no, qué le vamos a hacer (yo mismo soy un buen ejemplo de que en la vida tienes que aprender a jugar con las cartas que te tocan). Quizá es que todo dependa de que para ser sexualmente atractiva hay que ser sexualmente activa, y es que, no nos engañemos, todo este asunto no es más que química orgánica de feromonas y demás zarandajas. No tiene sentido castigarse las carnes en las clínicas sólo para aparentar que eres una sex-symbol, hay que pensar como una de ellas. Y eso sólo se consigue teniendo esa chispa, ese carisma sexual con el que, malas noticias, se nace, el cual se tiene o no se tiene, y todavía no hay investigación humana que haya conseguido replicar o trasplantar tal entelequia.
Dejen de gastarse los cuartos en los quirófanos y practiquen más el sexo. Estarán más guapas, serán más felices y su atractivo sexual crecerá enteros, no importa que sus formas no coincidan con los cánones que dictan el Playboy o la MTV. Estos últimos, por mi parte, pueden irse a la mierda, juntos o por separado.
No sean buenos, no sirve de nada.
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