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Cualquiera que sea el resultado final del juicio, la pena de banquillo ya ha sido impuesta por la Sala Segunda del Tribunal Supremo
Antonio Doñate, magistrado y exprofesor de la Escuela Judicial
Leí esta afirmación en el artículo que Doñate escribió para Dominio Público, “Garzón y el silencio judicial” el pasado 23 de enero. Me impactó porque refleja la cruda realidad: que ocurra lo que ocurra, el mal ya está hecho. No hay vuelta atrás que compense el haber sentado en el banquillo de los acusados a un juez que trató de arrancar la costra apestosa del silencio y el olvido forzado que recubre los crímenes del Franquismo. Una Memoria Histórica silenciada durante décadas, callada a la fuerza para esconder los terribles capítulos vividos desde la derrota republicana el 1 de abril de 1939, durante la persecución y la crudeza de la posguerra, en los largos años del régimen, aún mantenida en las sombras tras la muerte reposada del dictador y finalmente burlada con la Transición.
El silencio nunca ha hecho ningún bien para el progreso. Nuestra democracia se ha alimentado demasiado de los silencios y sus Gobiernos se han aprovechado de esa pasividad ciudadana para ir desmembrando a placer el Estado, según sus respectivas preferencias*. Nuestra democracia nació frágil porque cargaba demasiado silencio a sus espaldas. La persecución a Garzón es el vivo reflejo de este mal endémico que España arrastra desde el final de la dictadura. Y las víctimas, de nuevo, vuelven a ser las de siempre: las mismas que llevan años luchando por ser escuchadas.
Cuando hoy se siente en el banquillo como acusado el juez que trató de investigar los delitos más graves que se han cometido en nuestra historia reciente, este presente del siglo XXI habrá tropezado con uno de los modélicos obstáculos que la Transición dejó en medio del estrecho camino por el que regresaron las libertades. En ese mismo instante las familias de los 113.000 desaparecidos por la represión del general Franco revivirán el abandono al que les ha condenado esta democracia. Las élites que gestionaron el proceso decidieron que dejaba de haber verdugos y, en consecuencia, víctimas. A eso le llamaron reconciliación, pero es fundamentalmente impunidad.
Emilio Silva, Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica Impunidad versus Democracia, artículo en Dominio Público





