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domingo, 30 de mayo de 2010

Un cuento para curar a niños chinos enfermos


En algún lugar de China se encontraban las hijas de Ana Folgueira antes de que ella y su marido decidieran adoptarlas. Una noche de agosto de 2003, cuando Claudia Lisha, la hija mayor, ya estaba en Madrid, le pidió a su mamá que le contara un cuento en el que ella fuera la princesa. Allí comenzó la historia del pájaro Calisto que, con un hilo rojo, la trajo volando desde el árbol del orfanato hasta la casa de sus papás. Cuenta la leyenda china que las personas que están destinadas a quererse están unidas eternamente por un hilo rojo invisible. De corazón a corazón. Para toda por vida.

Cuando dos años después llegó Ana Xum, su hermana pequeña, mamá volvió a contarles el cuento en el que ellas eran las princesas. “¿No sabéis que a vosotras os trajo a casa desde China el pájaro Calisto?”. Las niñas preguntaban cada noche a mamá todo sobre su viaje. “¿Y cómo nos trajo? ¿Por dónde?” Con sus preguntas fueron dando forma a un cuento, En algún lugar de China, que trata de explicar a un niño algo tan complejo como es un proceso de adopción. “A ellas les divertía muchísimo y nos pasamos horas fabulando historias llena de magia”, cuenta Ana.

Aunque con 6 y 8 años Claudia y Ana son todavía muy pequeñas para entender lo privilegiadas que son, su madre sí es consciente de que la suerte ha acompañado a sus hijas. "Entraron en el grupo de adopción internacional de los niños de orfanatos que están bien de salud". La mitad de los beneficios del libro, en venta en el Corte Inglés, irán destinados a poder operar a los otros niños que se quedaron en alguno de los miles de orfanatos que hay en China; que necesitan ser acogidos pero cuyas adopciones el gobierno deniega porque están enfermos. “El gobierno chino excluye de los procesos de adopción a los que sufren ‘necesidades especiales’”, cuenta Nina Queral, responsable de proyectos de la Asociación de Familias Adoptantes de China (AFAC). Habla de dolencias como el "labio leporino, tumor espinal, dolencias cardiorrespiratorias o atresia anal”. Operaciones demasiado sencillas de tratar en España pero que las autoridades no puede -o no quiere- costear. Con vender 50 cuentos, “podremos pagar una operación de labio leporino”.

Más del 60% de los niños que hay en los orfanatos chinos necesitan unos cuidados médicos especiales que las instituciones chinas casi nunca pueden pagar. Si las previsiones se cumplen con el libro promovido por Syllabus Ediciones, se conseguirán fondos por 36.000 euros. "Queremos cubrir las operaciones más costosas. Curaríamos a los pequeños que el gobierno nunca incluiría en sus programas de operaciones quirúrgicas porque requieren operaciones demasiado costosas". Así, el pájaro Calisto ya estaría autorizado para que, una noche cualquiera, mientras duermen, los coja con su pico. A través del hilo rojo, los transportaría hasta la nueva casa donde esperan ansiosos papá y mamá.

lunes, 21 de diciembre de 2009

UN SUEÑO DE NAVIDAD


Había una vez una niña llamada Claudia. Era una niña pobre y huérfana que no tenía nada para comer. Buscaba comida por todos lados: en los contenedores, en la parte trasera de los restaurantes, en los desperdicios de los mercados... Así durante meses y meses. Llegó la Navidad pero Claudia no la podía disfrutar como todos los niños de su pueblo. El día de Nochebuena, todas las familias cenaban pavo, langostinos, turrón, mazapán y muchas cosas más, cantaban villancicos y disfrutaban con sus seres más queridos. Pero Claudia no, ella si cenaba algo era una raspa de pescado o un poco de pan duro.
Por la noche, cuando todo el mundo dormía, se dirigió a su rincón para intentar dormir pero no pudo, empezó a sentir una gran congoja, un llanto interior sin soltar lágrimas. Ella todos los días soñaba y deseaba de todo corazón tener una familia de verdad, poder abrazar a su mamá y a su papá con mucha fuerza, poder abrir los regalos de Papá Noel junto a ellos.
De pronto, una luz brillante pasó por delante de la luna llena, era Papá Noel con su trineo que iba a repartir regalos entre los niños y las niñas de aquel pueblo y, claro, como todos sabemos, Papá Noel sólo reparte regalos a quienes se hayan portado bien. Claudia toda su vida fue una niña muy buena.
Cuando Papá Noel terminó de repartir regalos y regresaba a su casa escuchó un suave llanto que venía de un oscuro rincón. Era Claudia. Papá Noel repasó su lista de niños buenos y allí estaba su nombre, CLAUDIA, pero no tenía apellidos. Papá Noel pensó que debía ser la niña que en su carta pedía tener una familia así que cogió su polvo mágico y lo espolvoreó cerca de la niña. Ella levantó la cabeza secándose las lágrimas y vio a una mujer y aun hombre que la tapaban con una manta suave y calentita. Minutos más tarde le preguntaron que dónde estaban sus padres y ella les contó que era huérfana y no tenía a nadie en el mundo. La pareja la abrazó y la invitó a pasar con ellos la Nochebuena.
Al día siguiente decidieron que Claudia se quedaría para siempre con ellos. hicieron todos los trámites para poder adoptarla y ser su verdadera familia y al cabo del tiempo lo consiguieron. Claudia desde ese día se siente muy feliz y no para de abrazar a sus padres y de repetirles lo mucho que los quiere. Viven los tres muy felices como una verdadera familia y la tristeza ha desaparecido de los ojos de Claudia. Papa Noel ha podido por fin borrar a Claudia de su lista de regalos pendientes y se siente muy orgulloso de haberle entregado el mejor regalo de todos los que llevaba.
(Raquel Fuentes)

jueves, 18 de diciembre de 2008

LOS REYES MAGOS SON DE VERDAD



CUENTO DE NAVIDAD


Una bonita y emocionante historia para todos aquellos que algún día tendréis que contarla.

Los Reyes Magos son verdad

Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo: - ¿Papa? - Sí, hija, cuéntame - Oye, quiero... que me digas la verdad - Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido - Es que... -titubeó Blanca - Dime, hija, dime. - Papá, ¿existen los Reyes Magos?

El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente. - Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad? La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo: - ¿Y tú qué crees, hija? - Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso. - Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero... - ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado! - No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Blanca . - Entonces no lo entiendo. papá.

- Siéntate, Blanquita, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.

Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

- Cuando el Niño Jesus nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo: - ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían. - ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo. Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó: - Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito. Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal: - Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños? - ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero. no podemos tener tantos pajes., no existen tantos. - No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo. - ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración. - Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios. - Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes. - Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños? - Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres. - Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres? Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír: - Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo: - Ahora sí que lo entiendo todo papá.. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.

Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.

CON NUESTROS MEJORES DESEOS


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