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Resultados de las «lecciones de economía en 2 tardes»

Además de 5 millones de parados, un déficit galopante, y una incapacidad adquirida por la sociedad española para reaccionar adecuadamente a los problemas, a Zapatero vamos a tener que «agradecerle» efusivamente el «excelente negocio» que hizo para la España de la «champions league de la economía».  Atragantado se nos ha quedado el «negocio»:

La salida de Grecia del euro le costaría a España 40.000 millones

«España debería asumir su parte de los 104.000 millones de garantías que el BCE ha inyectado hasta ahora en el primer programa de salvamento de Grecia (13.300 millones, asumiendo que Irlanda y Portugal serían eximidos de su cuota por estar bajo programa); la parte correspondiente de los 45.000 millones de deuda griega que el BCE ha comprado en el mercado secundario oficialmente por «razones de política monetaria» (5.700 millones) y 6.700 millones de préstamos bilaterales

O sea…  le pedimos dinero prestado a Alemania al 2% para represtárselo a Grecia al 5%…. y Zapatero se ufanaba del excelente negocio que había hecho y que le iba a reportar unas ganancias a España de  « 110 millones de euros por año«.   Para super ZP «la pertenencia de Grecia al euro era suficiente garantía«.  Un lince el tío.

Adios «recesión de Grecia».  Bienvenida la DEPRESIÓN y el DEFAULT!

Ahora vamos a tener que pagarle el préstamo a Alemania (al 2%) sin ver ni un duro de los intereses de los griegos (ni 5 ni 0%)…. y a saber si recuperaremos el capital (cuándo y cuánto).

Y que quieran contratarlo de columnista, que lo contraten a dar conferencias sobre economía, a escribir libros de memorias a cambio de millonadas… y que siga cobrando un pastón de nuestros bolsillos…. es un cachondeo  INDIGNANTE!

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Excma. Frau Merkel

Ángela Vallvey

Excelente artículo de Ángela Vallvey para La Razón (publicado el 20 de noviembre de 2011).  Suscribo hasta los puntos y las comas.

La cosa va de «Ángela a Angela».  Y no tiene desperdicio.  Porque en esta crisis, las culpas son concurrentes y cada uno debe asumir su parte de responsabilidad.  Bravo por Ángela Vallvey por atreverse a decirlo.

 

Excma. Frau Merkel

Escribo estas líneas en la esperanza de que Su Excelencia se encuentre bien, al igual que sus electores, los buenos e intachables votantes alemanes que miran con recelo hacia aquí abajo, a los ciudadanos de segunda fila –«cerdos», PIGS, que diría un anglosajón– de esta Europa en la que Ud., y sus electores, mandan con pulso imperturbable. Entiendo, señora Merkel, que piense Ud. junto con sus electores que somos una calamidad. Poco previsores, derrochadores, tramposos, vagos y protestantes (aunque no de religión). Sin embargo, habría sido estupendo que Ud. y sus probos votantes hubiesen expresado los recelos y justificados escrúpulos que sienten hacia nosotros, con toda la contundencia que merecemos, hace mucho tiempo. Por ejemplo, cuando el gran pueblo alemán, a través de sus representantes políticos, se propuso darle a la Comunidad Europea un enorme impulso transformándola en Unión Europea (comprenda, Excma. Sra., que la palabra «Unión» se nos antoje ahora una broma de mal gusto) y nos «admitió» como socios, o sea como súbditos y/o «futuros» mercados. Uds. nos aprobaron las cuentas, nos permitieron «converger» y consintieron en que adoptásemos su euro. No quiero aburrirla contándole el disgusto que tuvimos aquí abajo cuando las cosas que un día antes valían 100 pesetas pasaron a costar 166, o sea: un euro, o sea: un 66 % más que el día anterior. No quiero incomodarla con detalles sobre nuestras miserias porque sé que a Ud., y a sus electores, les pone muy nerviosos el tema de la inflación y porque aquí abajo olvidamos el asalto que supuso el euro para nuestros menesterosos bolsillos en cuanto Uds. y su Banco Central Europeo empezaron a darnos dinero barato. Casi regalado. Y a manos llenas.
Estábamos acostumbrados a pagar los créditos en pesetas en plazos de catorce años y un 18% de interés, de modo que los euros al «nada» por ciento y a treinta años nos encantaron tanto o más que a los griegos, los italianos, los portugueses y los irlandeses. Pero, bien pensado, nunca debieron depositar tanta confianza en nosotros porque, como sospechan sus electores, somos incautos e idiotas perdidos: incluso creíamos que la ilusión del euro subsistiría por lo menos treinta años, tanto como durasen nuestros créditos. No intento justificar nuestros errores. Tenemos muchos problemas, y el «recíproco» exceso de fe en Ud. y sus electores como jefes supremos quizás no sea el más insignificante. Dificultades que debemos superar con esfuerzo, con trabajo duro. Me niego a pensar, como otros aquí abajo, que Alemania es como siempre «El Problema de Europa», no la solución. Pero sería maravilloso si Ud., y sus electores, y su Banco Central eufemísticamente llamado «Europeo», tradujesen alguna vez nuestras desastrosas cifras a seres humanos depauperados e hiciesen el cálculo de «cuánta» penuria seremos capaces de soportar. No hay quiebras «ordenadas», y Ud. y sus electores deberían saberlo por experiencia histórica.

Excma. Sra.: hoy tenemos elecciones aquí abajo pero, dada la situación, creo que quizás nos merezcamos también el derecho a votar… en Alemania.
Vielen Dank.

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