La historia nos recuerda que Catilina fue un político romano, que ha pasado a la historia por las acusaciones que le formulada Cicerón en sus discursos llamados Catilinarias. Se dice del tal Catilina que era de carácter malo y depravado y que siendo joven gustaba de las guerras civiles, las matanzas y las discordias. Su espíritu era temerario, veleidoso y simulador; era mucha su elocuencia mas su saber era menguado, según Cayo Salustio.
Al comienzo de las Catilinarias, encontramos la frase en latín del inicio en el primer discurso ante el senado y con relación a Catilina, Cicerón prosigue preguntándose: “¿A qué extremos se arrojará tu desenfrenada audacia?” “¿No te arredran ni la alarma del pueblo, ni el acuerdo de todos los hombres honrados?”
Afortunadamente para Roma las conjuras del conspirador fueron puntualmente ahogadas y su cabeza cortada para alivio de la República.
La que parece no gozar de alivio es la nuestra, por la iracundia de un funesto personaje que actuando detrás del poder gubernamental, atenaza pérfidamente a la Nación a la que ha de llevar al caos prontamente. Cuenta para ello con todo un aparato partidario de políticos mandrias y amanuenses que traicionaron el voto de los ciudadanos de sus territorios; como así también con fuerzas de choque comandadas por bandoleros. Seguir leyendo «“Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?”» →