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Con motivo del programa municipal Madrid Otra Mirada, dentro del Año Sabatini, hoy hemos tenido ocasión de disfrutar de una visita guiada especial, El Museo Naval en el Palacio de Godoy, recordemos edificio construido por el gran arquitecto, como vimos cuando visitamos los palacios de Godoy aquí.
El Museo Naval ha inaugurado una pequeña exposición sobre su colección cuando el museo se encontraba en el mencionado Palacio de Godoy, que entonces era la sede del Ministerio de Marina.
Inaugurado en 1843, la primera sede del Museo Naval fue el Palacio de los Consejos o de Uceda, en la calle Mayor. Solo un año después, en busca de más espacio, se trasladó a la Casa del Platero, desaparecida, situada aproximadamente donde hoy se encuentra la Catedral de la Almudena. En 1853 se instaló en el Palacio de Godoy o Palacio de los Ministerios.
Un plano de Madrid nos muestra los tres emplazamientos hasta llegar al actual, el Cuartel General de la Armada, donde se encuentra el museo desde 1932.
Se conoce en parte cómo estaba organizada la colección en aquellos momentos y la museografía, la que imperaba en la época, gracias a la documentación que se conserva, algún reportaje de prensa y sobre todo las valiosas fotografías de Jean Laurent.
Aquí se exponen cuatro de ellas, además de otros documentos y objetos.
No hay que perderse al final de la muestra el reportaje publicado en 1928 en la revista La Esfera, Una visita al Museo Naval, poco antes del nuevo y definitivo traslado al Paseo del Prado.
Y después, por supuesto, hay que recorrer el museo, lleno de historia y de joyas artísticas, y buscar elementos expuestos en la colección que estuvo en el Palacio de Godoy, como esta enorme canoa que aparece en las fotos de Laurent y de Cortés, que hoy se encuentra en uno de los patios del espectacular edificio que alberga el Museo Naval, en el Paseo del Prado nº 3, desde 1932.
La pequeña pero muy interesante exposición se puede visitar hasta el día 31 de octubre.
Por: Mercedes Gómez
Hace unos días, mientras preparaba una de las últimas entradas de este blog, buscando las huellas de Manuel Godoy en Madrid, fui al Museo de la Real Academia de Bellas Artes para completar el artículo. Pero es tan importante la presencia de Godoy en ese lugar que merecía un capítulo aparte. Godoy, nombrado por el rey Carlos IV, fue protector de la Real Academia.
Es conocido que el ministro consiguió reunir una gran colección de arte, entre cuyas pinturas más famosas se encontraban la Venus del espejo de Velázquez y las dos Majas de Goya. En 1808 cuando tuvo que huir de España, su colección fue confiscada. Actualmente se reparte entre la Galería Nacional de Londres –allí se encuentra la Venus del espejo–, el Museo del Prado y la Academia. La Real Academia recibió parte de la colección en 1815, entre otras obras las Majas de Goya, hasta 1901 en que fueron trasladadas al Museo del Prado.
Entre todas esas valiosas obras que habían pertenecido a Manuel Godoy se encuentran varios retratos del propio Príncipe de la Paz.
Manuel Godoy, joven Guardia de Corps fue retratado en 1788, cuando tenía 21 años, por Francisco Folch de Cardona. Se cree que pudo ser un encargo del propio Godoy o de los reyes.
Pocos años después, en 1794, el encargo fue para el escultor Juan Adán, que realizó un busto en mármol ensalzando el poder de Godoy al representarlo como si fuera un emperador romano.
Frente a este busto se encuentra una curiosa Alegoría de la Paz de Basilea, que Juan Clemente Brinardelli pintó en 1795, exaltando la figura de Godoy, tras la firma de la paz entre España y Francia ese año.
Godoy como general o Manuel Godoy, príncipe de la Paz fue pintado en 1801 por Francisco de Goya por encargo una vez más del propio Godoy que por entonces ya era todopoderoso.
El Príncipe de la Paz fue representado con su uniforme de capitán general, la cruz de Santiago, la orden de Cristo de Portugal y la banda de Carlos III.
Es uno de los cuadros que ingresó en la Academia en 1816, procedente de la colección incautada en 1808, junto con todas las obras que se incorporaron a la institución por orden del rey, tal como se recoge en acta académica: «… mandando S. M. se entreguen a la Academia todas las pinturas existentes en el Palacio de Buenavista, y fueron de don Manuel Godoy…».
Se conserva otro Manuel Godoy, Príncipe de la Paz obra de Antonio Carnicero.
Agustín Esteve y Marqués en 1807 pintó Godoy como restaurador de la instrucción pública. Procedente de la Colección de Godoy, ingresó en la Academia en 1816. El cuadro ha sido restaurado en 2013. Es una de las copias que hizo Esteve del original de Goya, perdido. La pintura se encontraba en muy mal estado.
La otra, que no es exactamente igual, se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Valencia.
En la obra, Godoy sostiene en su mano izquierda el tratado de Educación pública del pedagogo suizo Heinrich Pestalozzi.
Hacia 1816, estando ya en el exilio en Roma con los reyes, José Madrazo también lo retrató, de forma idealizada pues parece más joven a pesar de los casi 50 años que tenía por entonces.
En el museo también se expone un gran Árbol genealógico de Manuel Godoy, de Cayetano Rodríguez (1804), encargado seguramente por él mismo, en el que no todos los datos son ciertos al parecer.
Es muy interesante el recorrido por la vida y obra de Godoy en la Real Academia, puede ser una excusa para acercarse a este museo. Pero son muchos los alicientes que ofrece la visita, obras de primer orden en un edificio singular.
El Museo de la Real Academia es sin duda uno de los mejores museos de Madrid, tengo la impresión que poco valorado en general. Su contenido es extraordinario, la web cada día más rica y útil, y su personal muy amable además de conocedor de la colección; me ayudaron mucho en este recorrido.
Hay que visitar el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Los miércoles la entrada es gratuita.
Por: Mercedes Gómez
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Bibliografía:
ROSE-DE VIEJO, Isadora. Manuel Godoy: Patrón de las artes y coleccionista. Tesis doctoral, Madrid 2015.
Hace ya casi cinco años que visitamos los Palacios de Godoy. Recordemos que Manuel Godoy, el poderoso valido del rey Carlos IV desde 1792, además de la colección de arte que llegó a reunir, otras casas y posesiones, en Madrid al menos fue dueño de tres palacios. El más famoso, conocido como “palacio de Godoy”, es el situado en la plaza de la Marina Española, actual sede del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
En ese edificio estuvieron durante un tiempo el Ministerio de Marina y el Museo Naval. Cuando estas instituciones se trasladaron al Paseo del Prado, con vuelta a la calle Montalbán, algunos elementos del antiguo palacio fueron instalados en la nueva sede. En la segunda planta del espectacular actual Cuartel General de la Armada, el despacho de Godoy y salas contiguas fueron reconstruidas con exactitud por los arquitectos del nuevo edificio en el Paseo del Prado, José Espelius y luego Francisco Javier Luque; en 1928 todo fue trasladado, incluidas las pinturas y decoraciones de los techos y paredes, y el mobiliario, además de otros tesoros, como el friso de mármol, el «Triunfo romano» de Alfonso Bergaz.
El Despacho de Godoy se conserva casi íntegro.
Durante mucho tiempo este despacho ha sido un lugar desconocido para la mayoría de nosotros pues no se mostraba al público. Según nos cuentan solo hace alrededor de un año se ha abierto a las visitas (Semana de la Arquitectura, etc.) y hace pocos días he tenido ocasión de conocerlo.
Antes de llegar a la estancia se accede al Antedespacho, conocido como Salón del Rapto de Gamínedes por la pintura del techo. Aunque esta es la única al parecer que no es la tela original sino un copia.
Sí lo son los cuadros y los muebles, la mesa y los sofás de terciopelo con brazos de madera.
Esta sala da paso al despacho propiamente dicho. La pintura del techo, de finales del XVIII, es obra de José del Castillo. La lámpara también dieciochesca está siendo restaurada. Por ello la bella alfombra, de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, está tapada.
El medallón central del techo está decorado con unos amorcillos rodeados de las 12 figuras del Zodiaco.
Los muebles, la mesa, objetos de escritorio… son los originales de Manuel Godoy.
La decoración es compleja y muy suntuosa, obra –como fue la de todo el palacio de la plaza de la Marina Española– del francés Jean-Démosthène Dugourc, arquitecto y decorador del rey Carlos IV.
Esfinges, grifos, cuadrigas, corceles, victorias aladas… en madera de caoba, bronce y escayola dorada.
Contemplando esta estancia recordé que no es este el único despacho de Godoy que he visitado en Madrid.
En el Instituto de Enseñanza Secundaria Cervantes me mostraron una habitación de la primera planta conocida desde siempre como el despacho de Godoy.
De esta salita del actual centro escolar procede un antiguo, pequeño mueble hoy situado en el despacho de la Dirección.
Recordemos que una de las caras quizá menos conocidas del poderoso valido es su contribución al mundo cultural y científico. Entre otras instituciones en 1793 creó la primera Escuela de Veterinaria que se situó en el Paseo de Recoletos, en unas casas junto a la Puerta de Recoletos. Godoy había muerto en 1851, treinta años antes de que se inaugurara la nueva sede de la Escuela de Veterinaria pero ¿tal vez la existencia de este despacho está relacionada con el pasado del edificio como Escuela de Veterinaria?
Pero hay más. En la Sala del Real Patronato de la Biblioteca Nacional que hace poco también tuve el placer de visitar con motivo de la 3ª edición de los Gabinetes Abiertos se encuentran otros muebles que pertenecieron a Godoy.
Se trata de una espléndida librería de caoba que ocupa las paredes de esta gran sala, que acogió su rica biblioteca de entre tres y cinco mil volúmenes, todos encuadernados en piel.
Tras su exilio en 1808 la biblioteca pasó al Museo de Artillería, hasta su traslado a la Biblioteca Nacional en 1842. Los libros se encuentran en distintos lugares de la BNE; los muebles y las huellas de Manuel Godoy permanecen en esta hermosa estancia.
Por: Mercedes Gómez
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Bibliografía:
FRAGUAS, Rafael. “Godoy pervive en el paseo del Prado”, diario El País, 3 mayo 2011.
COAM. Guía de Arquitectura de Madrid.
Mañana es 15 de mayo, día de San Isidro Labrador, patrón de Madrid. El año pasado conocimos la preciosa ermita de San Isidro de Alcalá de Henares, este año para celebrarlo viajamos a un pueblecito singular, el Real Cortijo de San Isidro. Lo he podido conocer gracias a una de las visitas a las fábricas históricas que hemos disfrutado el mes pasado, como os conté a propósito de la Real Fábrica de Tapices, y resultó ser un lugar lleno de sorpresas.
El Real Cortijo de San Isidro cuyo origen se remonta al siglo XVIII es una pedanía de Aranjuez. Se fundó el 24 de diciembre de 1766 por Real Decreto de Carlos III.
El rey demostró su interés por la actividad agropecuaria, implantando un nuevo modelo de producción, a la vez que, instalado en el Palacio Real de Aranjuez, creaba otra posibilidad de estancia cómoda para los momentos en que él mismo visitara los campos. Un gobernador y su personal de guardia custodiaban la propiedad en aquellos momentos rodeada por una tapia. Era una pequeña ciudad, junto a Palacio, al servicio del rey.
Entre 1783 y 1795, bajo los reinados de Carlos III y Carlos IV, el Cortijo entre otras cosas sirvió vino y aceite a la Casa Real.
En 1795 la Corona lo cedió a Manuel Godoy, valido de Carlos IV, a cambio de las Huertas de la Moncloa. Godoy intentó rentabilizarlo, montó una destilería, pero no resultó, así que se deshizo de ello, cambiándolo nuevamente. La Casa Real lo recuperó, luego lo arrendó a diferentes personas y sociedades. En 1868 la propiedad pasó a manos del General de Prim que intentó llevar el ferrocarril hasta el Cortijo. Otros propietarios se sucedieron… hasta llegar al siglo XX en que durante la guerra se convirtió en centro de operaciones de la Junta Militar Republicana.
Después, el Instituto Nacional de Colonización, dependiente del Ministerio de Agricultura, que había sido creado en 1939, compró los terrenos creando un nuevo “asentamiento agropecuario”. En 1957 el pueblo se convirtió en Entidad Local Menor, ámbito territorial inferior al municipio pero con su propio ayuntamiento. Actualmente, nos comentan, pueden llegar a vivir aquí unos 1.000 vecinos, aunque según el Instituto Nacional de Estadística, hay censados menos de 600 personas.
El INC fue creado después de la guerra “para efectuar la reforma económica y social de la tierra”, sustituyendo a la reforma agraria que había intentado la 2ª República en 1932. Luego cambió su nombre por el de Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA).
Los nuevos colonos pagaban un canon por la cesión, a cambio obtenían los beneficios de las cosechas. Se construyeron viviendas para los colonos, escuelas y viviendas para maestros, conservando el estilo de las antiguas construcciones del siglo XVIII que perviven, la Casa Grande, la Bodega, el Lagar y la Ermita o Capilla de San Isidro.
La Casa Grande se construyó para albergue del monarca, su Corte y los responsables de la finca. Hace unos años se proyectó su rehabilitación y se destinó a la creación de un prometedor Centro de Estudios del Paisaje. Comenzó la intervención, pero los trabajos están paralizados desde 2009.
La Ermita de San Isidro fue construida en estilo neoclásico por el arquitecto francés Jacques o Jaime Marquet que trabajó para Carlos III en distintos proyectos, algunos de ellos en Aranjuez. El más famoso fue la construcción de la Real Casa de Correos en la Puerta del Sol de Madrid.
En el interior, los frescos del pintor Ramón Stolz Viciano son obra de 1949. Son tres pinturas murales de 4,20 x 5,00 metros relativas a la vida de San Isidro y sus milagros.
La decoración de la capilla formó parte del plan del programa de rehabilitación del poblado por el mencionado Instituto de Colonización.
El fresco frontal, en el altar, representa a San Isidro con un ramo de espigas de trigo en la mano, rodeado de tres ángeles, a los pies figuras de campesinos; no se sabe por qué no llegó a realizarse ninguno de los dos bocetos presentados por el autor al concurso convocado, entre ellos la «Aparición gloriosa al Rey Alfonso VIII en la batalla de las Navas de Tolosa del Santo Madrileño”.
En el lado izquierdo, se encuentra la pintura «Imán del cielo, su vida floreció en milagros», que representa hechos milagrosos del Santo.
Y en el derecho, el mural titulado «Puso en amar a sus hermanos escuela de caridad».
El Jardín al parecer aún guarda algunos de los árboles y viñas que trajo Carlos III desde Nápoles a modo de “granja-estudio” de plantas. En él se encuentra la entrada a la Bodega. La puerta monumental neoclásica, edificada en piedra caliza de Colmenar, fue también diseñada por Marquet.
La entrada serliana, que consiste en un arco de medio punto central y dos arcos menores laterales adintelados, está situada en el centro de un muro de piedra y ladrillo de planta curva frente al cual hay un pequeño jardín de estilo francés.
La Bodega, junto con el Lagar, fue construida en 1782 por Manuel Serrano.
Está formada por una espectacular galería subterránea abovedada en ladrillo visto, de 385 metros de longitud y 4,50 metros de anchura. En su interior durante todo el año la temperatura es de 12 º C y la humedad del 85 %.
Los ladrillos adoptan formas realmente artísticas, en forma de espiga en algunas zonas.
Sigue existiendo un pozo que surtía el agua necesaria. La gran red de acequias en Aranjuez tuvo una gran importancia pues permitían el funcionamiento del Cortijo (Canal de la Cola Alta, Canal Cola Baja, Caz Chico, Caz de la Azuda…)
Un segundo ramal, de 115 metros, se utilizaba para almacenar el aceite.
A lo largo de la galería principal, la del vino, hay dos “plazas”, la primera es la llamada Bóveda del Rey donde se alojaba una gran tinaja propiedad del monarca, y otra llamada Bóveda de la Reina. Las tinajas que guardaban el vino y el aceite también eran de piedra de Colmenar. Una serie de óculos y tragaluces sirven de respiraderos.
Durante la guerra civil la zona cercana a la entrada se convirtió en un bunker que alojó un centro de transmisiones republicano.
En el extremo contrario, el Lagar es una gran construcción que comunicaba con la bodega, de 70 metros de largo por 12 de ancho con 14 pórticos transversales; y dos filas de columnas de fábrica de ladrillo de sección cuadrada donde descansan catorce grandes bóvedas tabicadas que cubren la nave central.
Desde al año 2000 la Bodega pertenece a una empresa privada que le ha devuelto su función original, la “elaboración y crianza de vinos”. Además se celebran eventos, degustación y visitas guiadas. Detalles, horarios y precio, en su web.
Y por supuesto en el Real Cortijo se celebran las Fiestas Patronales de San Isidro, hasta el domingo 17.
Sin olvidar lo que nos ofrece nuestra Villa de Madrid en las Fiestas de San Isidro 2015, merece la pena acercarse a este precioso e interesante pueblo.
Por : Mercedes Gómez
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Bibliografía:
Quindós, J.A. Descripción histórica del Real Bosque y Casa de Aranjuez. Madrid 1804.
Instituto Nacional de Colonización.
Enjuto, Esther. El pintor Stolz Viciano. Universidad de Valencia, 2003.
Segovia, Alfonso. “Real Cortijo de San Isidro, en Aranjuez. Del soberano del pueblo al pueblo soberano”, en XXXIII Reunión para la defensa del Patrimonio cultural y su entorno. Hispania Nostra, Granada, junio 2014.
Manuel Godoy, valido del rey Carlos IV desde 1792, fue un hombre muy poderoso política y económicamente. Además de la colección de arte que llegó a reunir, otras casas y posesiones, en Madrid al menos fue dueño de tres palacios.
Palacio de Godoy
El llamado Palacio de Godoy está situado en la plaza de la Marina Española, un lugar privilegiado. Fue proyectado por el arquitecto real Francesco Sabatini en 1775 por encargo de Carlos III como Palacio de los Secretarios de Estado pues estaba destinado a albergar al Primer Secretario de Estado o primer ministro. Tan elevado cargo requería un emplazamiento cercano al Palacio Real. El lugar elegido fue el solar situado junto al Colegio Convento de doña María de Aragón, hoy Palacio del Senado, frente al Real Monasterio de la Encarnación.
En aquellos momentos el Secretario era el marqués de Grimaldi, que no llegó a instalarse en él. Finalizado el edificio, sí lo habitó su sucesor, el conde de Floridablanca, y luego Manuel Godoy, duque de Alcudia.
Godoy se instaló en el bello palacio, lo amplió (según proyecto del arquitecto Juan Antonio Cuervo) y reformó a su gusto, y llegó a convertirse en su propietario por lo que es conocido como Palacio de Godoy.
A lo largo de este mes de agosto ha abierto sus puertas al público, con motivo de las visitas guiadas organizadas por la Comunidad de Madrid, Bienvenidos a palacio. En cualquier caso este edificio hoy acoge un organismo público, el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales abierto a los ciudadanos, con actividades, biblioteca y una tienda.
De la visita al Palacio de Godoy podéis encontrar una bonita e interesante crónica en el blog de María Rosa.
Hoy vamos a centrarnos en la búsqueda de las escasas huellas que existen de la época en que Godoy y su familia lo habitaron.
Tras el paso de los franceses por sus estancias, la guerra de la Independencia y los sucesivos cambios de uso a lo largo de los siglos XIX y XX, se conservan pocos elementos originales, ningún mobiliario, y las numerosas obras de arte que lo adornaron, o se perdieron o se encuentran en otros lugares. Manuel Godoy fue un gran coleccionista, en su palacio estuvieron obras maestras como las majas de Goya, hoy en el Museo del Prado.
Al fondo del primer tramo de la escalera imperial, obra de Jean Démosthène Dugourc, se hallaba un valioso friso en altorelieve.
Cuando el Ministerio de Marina y el Museo Naval (que estuvieron aquí un tiempo) se trasladaron al Paseo del Prado esquina calle Montalbán fue uno de los elementos trasladados a la nueva sede. Allí, en el actual Cuartel General de la Armada, se encuentra el despacho de Godoy, también procedente de su antiguo palacio.
Nos cuenta la guía que las estancias del político, de las que no queda nada, estaban situadas a un lado de la majestuosa escalera, el que se asomaba al palacio Real, y al otro las de su esposa María Teresa de Borbón, condesa de Chinchón, y su hija.
En alguno de los salones únicamente subsisten las decoraciones pictóricas originales. Del siglo XVIII es el esplendoroso techo, aunque oscurecido, del llamado Salón de Tapices. Su autor pudo ser Juan Gálvez, pero no se sabe con certeza. Algunos estudiosos citan a José del Castillo y a Zacarías González Velázquez, que también pudieron trabajar aquí.
En el hoy llamado Salón de los Escudos se ubicaron otras obras de Goya, cuatro tondos, medallones circulares óleo sobre lienzo, obras alegóricas dedicadas a los ideales de la Ilustración; tres de ellas, La Industria, La Agricultura y El Comercio se encuentran en el Museo del Prado. La dedicada a La Ciencia se perdió, pero se conoce gracias a las fotografías del Archivo Moreno conservadas en la Fototeca del Ministerio de Cultura.
Las pinturas de Goya fueron sustituidas por escudos modernos, aunque las esfinges a los lados sí son las originales de comienzos del siglo XIX.
Las habitaciones, hoy despachos, guardan algunos techos pintados en los que no faltan los trampantojos (cortinajes, barandillas fingidas…)
De la carpinteria original solo se conserva la puerta de la que fue Capilla del palacio, hoy transformada en salón de actos.
Era un hermoso palacio en el que vivía Manuel Godoy con su esposa la condesa de Chinchón y su hija Carlota Luisa cuando en los comienzos del año 1803 la reina María Luisa de Parma quiso hacer un regalo al valido, concretamente a su hija nacida tres años antes, y que además era su propia ahijada. Para ello adquirió una quinta de recreo en Carabanchel, siempre con el beneplácito de su marido el rey, propiedad que Godoy debía administrar hasta la mayoría de edad de la niña. En el breve espacio de tiempo que transcurrió entre la adquisición y la cesión de las escrituras a Godoy, esta quinta fue Sitio Real.
Quinta de recreo del Conde del Campo Alange
Era la Casa de recreo del II Conde del Campo Alange, don Manuel José de Negrete, situada en el barrio de Buenavista, distrito de Carabanchel; en la calle Joaquín Turina 37, con vuelta a las calles de Polvoranca, Gómez de Arteche, Marianistas y Camino de las Cruces.
La casa-palacio fue construida en 1786 según proyecto de Ramón Durán, discípulo de Ventura Rodríguez, a la salida del pueblo del Alto Carabanchel o Carabanchel de Arriba. Siguiendo las enseñanzas de su maestro, Durán construyó el palacete al estilo barroco tardío clasicista.
Fue rodeada de jardines, árboles frutales, parras, faisanera, estanques, bellas fuentes… construcciones auxiliares, un palomar y un huerto, a la manera de las ricas quintas construidas en Carabanchel por los nobles y financieros de la época. La posesión tenía casi 12 hectáreas de extensión.
Se sabe que la familia, sobre todo la Condesa de Chinchón y su hija habitaron la finca; a pesar de disponer de casas de campo más lujosas, a doña María Teresa de Borbón le gustaba la posesión de Carabanchel, no se sabe muy bien porqué. Godoy debía ir a visitarlas de vez en cuando.
Vendida en 1826, a partir de ese momento tuvo varios propietarios, entre ellos el marqués de Salamanca que la compró antes de adquirir la cercana Quinta de Vista Alegre, la mejoró y la convirtió en escenario de sus esplendorosas fiestas.
La hija del último propietario Mariano de Larrinaga, la condesa viuda de Casa Puente, en 1941 vendió la quinta entonces conocida como Villa Larrinaga a la Compañía de María. El arquitecto Luis Moya la transformó en Escolasticado de los Marianistas, ampliando la posesión y construyendo un Panteón para los religiosos. Poco después fue convertido en sede del Colegio Hermanos Amorós, que aquí continúa.
A pesar del paso del tiempo y el cambio de propietarios y usos, la extensa quinta conserva gran parte de su estilo y esplendor. El jardín, que en el colegio llaman “la pradera”, aunque existan nuevas construcciones y espacios dedicados a instalaciones escolares y deportivas, sigue ocupando unos 94.000 metros cuadrados.
Palacio de Buenavista
Pocos años después de haber recibido esta quinta de recreo Manuel Godoy recibió un nuevo regalo, el magnífico Palacio de Buenavista.
Recordemos que en 1769 don Fernando de Silva Álvarez de Toledo, Duque de Alba, adquirió las casas llamadas de Buenavista a la salida del Camino de Alcalá, y fue su nieta, la duquesa de Alba, María Teresa Cayetana, quien inició la construcción de un gran palacio. La obra fue proyectada por Juan Pedro Arnal en 1777.
Tras la muerte de la duquesa en 1807 lo adquirió el Ayuntamiento que lo donó a Godoy. Éste entonces vendió su palacio de la plaza de la Marina Española, pues el de Buenavista se acercaba más a sus preferencias, así que comenzó las obras para decorarlo a su gusto rápidamente ya que deseaba ocuparlo cuanto antes.
Es difícil saber qué se conserva de esta época, la mayor parte de la decoración de los salones es posterior a 1940. Aunque, igual que sucede en el Palacio de la plaza de la Marina Española, los techos del Palacio de Buenavista parece que datan de la época en que Godoy se encargó de su decoración, encargando realizarlos al estilo francés e italiano, de moda entonces.
Tampoco se conocen sus autores, aunque nuevamente se cree que pudo participar Juan Gálvez. Son pinturas al temple de gran belleza.
Manuel Godoy nunca llegó a instalarse en este palacio. En 1808 se produjo su caída, exilio y confiscación de todos sus bienes.
Por : Mercedes Gómez
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Bibliografía:
Ramón Guerra de la Vega. Palacios de Madrid (tomo I). Madrid, 2010.
Monte-Cristo. “El Palacio de los condes de Casa Puente, en Carabanchel”, Blanco y Negro, Madrid 13 agosto 1922, pp. 34-36.
Miguel Lasso de la Vega. Quintas de recreo y casas de campo aristocráticas alrededor de Madrid. Tomo II Los Carabancheles. Madrid, 2004.
Pablo González-Pola. «El Palacio de Buenavista, ejemplo de conservación del patrimonio histórico-artístico militar». Militaria, Madrid 1995.














































































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