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Cuando hace dos años hablamos de los Puestos, tenderetes y tinglados de libros, lugares muy queridos por muchos de nosotros, quedó pendiente hablar de Librerías. Tanto las de libros nuevos como las de viejo, algunas de ellas llenas de verdaderos tesoros, no necesariamente muy caros, basta con que sean valiosos para nosotros.
Hoy de momento os invito a visitar unas muy especiales, en ellas encontramos libros de segunda mano, pero no son tiendas comerciales, son librerías solidarias, maravillosas iniciativas de las que hay ejemplos en Madrid. La semana pasada pude conocer dos de ellas, ambas fantásticas, que ofrecen mucho y esperan nuestra colaboración.
En la calle Covarrubias nº 38 se encuentra TUUULIBRERÍA, librería benéfica creada por la ONG YOOOU para fomentar la lectura y frenar la destrucción de libros.
El proyecto, uno de los varios que desarrollan, es muy bonito, dando una nueva vida a los libros que nosotros ya hemos leído.
Recogen libros de todo tipo, excepto enciclopedias y libros de texto, que luego ponen a disposición de todos, a cambio de un donativo, cantidad que cada uno decide. El precio depende de nuestro criterio y generosidad. Es una postura valiente, que confía en la buena voluntad de los demás.
Aparte el mantenimiento del local, en el que colaboran voluntarios para atender a los visitantes, los ingresos son destinados a impartir clases gratuitas de apoyo extraescolar en varios centros educativos de Madrid y Asturias, becas en Nicaragua y Colombia, etc. La organización nació como una Asociación de Maestros y Alumnos Solidarios, y con el tiempo han ampliado su actividad, podéis descubrir todos los detalles en su web.
Una forma de participar es hacerse socio, solo son 12 euros al año. Así, en cierto modo, también se forma parte de una comunidad, de un proyecto común.
Los libros, que desbordan las paredes y los rincones de la habitación, están ordenados por temas en estanterías y montoncitos en los que uno puede disfrutar buscando títulos deseados o encontrando otros inesperados.
Un colorido tablón de anuncios recolecta peticiones de libros buscados, notitas dejadas con la esperanza de que alguien nos llame ofreciendo la novela o ensayo anhelados.
El local es un canto a los libros, el intercambio y la solidaridad.
Salimos del lugar, cercano a la Glorieta de Bilbao, y dando un paseo por la Corredera Baja de San Pablo llegamos a la calle de la Puebla nº 14, a LIBROS MELIOR, de la Fundación Melior, donde igualmente se intenta dar una nueva vida solidaria a los libros usados.
Como en el caso anterior, los libros están ordenados por temas. Ahora los precios fijados oscilan entre 1 y 5 euros, cada volumen marcado con un color.
Aquí sí recogen libros de texto que destinan a familias con pocos recursos, siendo éste uno de sus proyectos más notables.
El local es muy acogedor, anima a sentarse un ratito y tomarse un café o un te por un euro. Además de librería es una pequeña sala de exposiciones; actualmente podemos contemplar la pintura abstracta de Eduardo Vega de Seoane. También organizan talleres de filosofía y de escritura creativa, y ofrecen conciertos. Los fondos recaudados están siempre destinados a financiar los proyectos de la Fundación, también explicados en su web.
Ambas librerías son deliciosas, diferentes, pero con algo en común: el amor por los libros, el objetivo de animar a la lectura, compartir experiencias y el deseo de ayudar a los demás.
Os animo a visitarlas, pasaréis un buen rato y seguramente, como mínimo, encontraréis un buen libro. ¡Ah! y también películas. Las dos abren todos los días, de lunes a domingo.
Por : Mercedes Gómez
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TUUULIBRERÍA. Calle Covarrubias, 38.
LIBROS MELIOR. Calle Puebla, 14.
En la calle del Duque de Medinaceli números 2 al 8 se encuentra un edificio singular con mucha historia, el Antiguo Palacio de Hielo y del Automóvil, construido según anteproyecto del arquitecto belga Edmon De Lune. En 1920 fue convocado el concurso para su edificación, según planos del citado arquitecto, por una sociedad anónima constituida en Bélgica por el financiero George Marquet, fundador entre otras cosas del cercano Hotel Palace.
La idea era, emulando a los palacios europeos, le Palais de la Glace de París, el Cristal Palace de Berlín… , ofrecer a las clases altas un lugar donde pudieran dedicarse a actividades de recreo como el patinaje, el baile… y contemplar exposiciones, entre ellas una permanente de automóviles, entonces al alcance de muy pocos.
Según los pliegos del concurso las cimentaciones serían de hormigón en masa, y los pisos y esqueleto del edificio de hormigón armado, una novedad en la arquitectura madrileña. Las fachadas, de piedra artificial, excepto los zócalos que se construirían en sillería. Entre 1920 y 1922 tuvieron lugar las obras dirigidas por los arquitectos Gabriel Abreu Barreda y Fernando García Mercadal.
El Palacio de Hielo abrió sus puertas al público el 30 de septiembre de 1922, la prensa hablaba del magnífico edificio y sus 85 metros de fachada de estilo renacimiento francés con admiración. Poco después fue inaugurado oficialmente, con la presencia del rey Alfonso XIII. Tres puertas con bellas marquesinas de hierro y cristal sobre tres cuerpos más elevados que los dos cuerpos intermedios daban acceso al gran vestíbulo.
En el piso bajo se hallaba la pista de patinaje, de 55 x 27 metros, alrededor de la cual había una galería con mesas desde las que se podía contemplar a los patinadores.
Elegante salón de fiestas, restaurante, sala de fumar al estilo inglés, salón escritorio y lectura, guardarropa, tocador para las señoras patinadoras y otras lujosas dependencias. La planta superior se destinó a Exposición de Automóviles, que subían en un montacargas especial al que se accedía por la calle de San Agustín.
Solo seis años después, en 1928 el inmueble fue adquirido por el Estado para convertirlo en Centro de Estudios Históricos siendo acometida al año siguiente una gran reforma a cargo de Pedro Muguruza. Desaparecieron las marquesinas y muchos detalles decorativos, el bar americano, el buffet…, y la pista de hielo fue convertida en despachos.
En 1940 tras la fundación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el edificio fue destinado a acoger los Centros o Institutos de Humanidades que se fueron incorporando (más adelante, en 1951, lo haría el Instituto de Estudios Madrileños), por lo que sufrió la segunda gran reforma y ampliación, por los arquitectos Ricardo Fernández Vallespín y Miguel Guillermo Sánchez. A partir de entonces el edificio sufrió aún varias modificaciones.
En 1948 se encargó a Miguel Fisac la construcción de una Librería destinada a vender las publicaciones del propio CSIC.
Fisac ya había construido algunos edificios para este organismo, entre ellos su sede central en la calle de Serrano, junto con Vallespín en cuyo estudio había comenzado a trabajar siendo aún un joven estudiante de Arquitectura. En todos los casos también diseñó sus espacios interiores y mobiliario. Su filosofía, influenciado por la arquitectura nórdica, que acababa de conocer, era global, se trataba de diseñar hasta el más mínimo detalle, desde la iluminación a los picaportes.
En la Librería tanto para los muebles como las molduras de las puertas y ventanas, interiores y exteriores, y otros elementos utilizó madera de pino desalburizada, según él mismo explicó, tratada con cal para resaltar la veta natural y luego rascada para eliminarla.
En diciembre de 1978 el antiguo Palacio de Hielo sufrió un gravísimo incendio, aunque hay que decir que no el edificio original sino la parte reformada en 1940, que había introducido materiales combustibles, básicamente quedó destruida la cuarta planta. Pero el humo y la gran cantidad de agua que fue necesario utilizar afectó al resto de plantas, sobre todo al valioso fondo de libros y a gran cantidad de trabajos de los investigadores, perdidos para siempre.
La prensa recogió la noticia del espectacular incendio con reacciones diversas, algún titular afirmaba que ¡por fortuna, solo se quemaron libros!. El humor de Antonio Mingote no fue ajeno al suceso.
La última reforma tuvo lugar en los años 80 del pasado siglo XX llevada a cabo por Guillermo Sánchez Gil.
El que fuera Centro de Humanidades del CSIC fue cerrado en 2007. A finales de 2011 la prensa anunció la rehabilitación del edificio y la reducción en su nivel de protección con el fin de permitir su reforma integral. Las obras no llegaron a acometerse. Hoy día el edificio sigue casi vacío, las antiguas puertas cegadas.
Ahora, en algún momento entre el Lunes y el Jueves Santo este mes de marzo de 2013 han sido instalados unos andamios.
A pesar de todo, felizmente en la planta baja continúa abierta la extraordinaria Librería Científica del CSIC.
Su ambiente es muy cálido y acogedor, con sus estanterías llenas de sugerentes libros, y las mesas y las sillas diseñadas por Miguel Fisac, que ocupan los estudiosos o personas que acuden a las tertulias que allí tienen lugar de vez en cuando.
Merece la pena visitarla. Es, como ellos mismos afirman en su web, un lugar delicioso para la lectura de buenos libros.
por Mercedes Gómez
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Bibliografía:
Nuevo Mundo, 10 nov. 1922
La Construcción Moderna, 15 dic. 1922.
CSIC. Una tragedia cultural. 1 dic. 1978.
M.P. Aguiló. Espacios interiores y mobiliario de Miguel Fisac para el CSIC. Informes de la Construcción 2006.
madridiario. 2 dic. 2011
El origen de las ferias de libros se remonta a la Edad Media cuando allá por el siglo XV comenzaron a tener lugar las llamadas Ferias de Madrid. Aunque anteriormente ya había actividad comercial en torno a las Puertas de la Vega y de Guadalajara y en plazas como la de la Paja, fue el rey Juan II quien concedió a la Villa el privilegio de poder celebrar dos ferias anuales libres de alcabalas o tributos. Perdido en tiempos de Enrique IV fue restablecido por los Reyes Católicos, quedando limitado a una sola feria anual. En ellas se compraba y vendía un poco de todo, pero con el tiempo se fueron especializando y situándose en diferentes lugares. Estas ferias fueron el antecedente de la Feria de Libros permanente, hoy día en la Cuesta de Moyano.
En el siglo XVII los puestos de libros más famosos se encontraban junto a la Puerta del Sol, en el monasterio de San Felipe el Real cuya iglesia estaba rodeada por dos lonjas a las que se accedía por una escalinata que era conocida como las Gradas de San Felipe. Bajo las lonjas se situaron unas tiendecillas a las que se llamó covachuelas. Una de ellas, como sabemos, fue propiedad de Antonio Mancelli. El cartógrafo, además de dedicarse a su oficio, fue comerciante. Allí vendía mapas, libros, láminas y globos terráqueos. Se sabe que en 1623 compró otro puesto en el Alcázar junto a la “escalera que subía a los corredores”, cerca de otro mentidero, el de las Losas del Alcázar, lo que nos da noticias de otro lugar habitual de feria comercial en el Madrid del Siglo de Oro donde se vendían libros.
Una de las mejores imágenes de San Felipe es la que José María Avrial realizó para la Historia de la Villa y Corte de Madrid de José Amador de los Ríos hacia 1861. Además de las covachuelas, en el extremo inferior izquierdo dibujó, como nos hace notar Gabriel Sánchez Espinosa en su trabajo Los puestos de libros de las gradas de San Felipe de Madrid en el siglo XVIII, una caseta, seguramente uno de esos puestos de libros de las Gradas de San Felipe. En el grabado también vemos representados unos toldos que probablemente protegían otros puestos, quizá formados por cajones arrimados a la pared, aunque también podrían haber sido estructuras permanentes, con estantes y tal vez tejadillos.
Los covachuelistas pertenecían a la hermandad de San Antonio de Padua, hasta 1749 en que formaron un gremio con ordenanzas propias.
En mayor o menor medida los puestos de libreros y cajoneros en las Gradas siguieron existiendo a lo largo del siglo XVIII. Frente a ellas y en las calles cercanas existían varias librerías de forma que la zona era lugar de encuentro para los aficionados a los libros de todo tipo.
El mismo autor Sánchez Espinosa nos muestra la existencia de otras dos casetas, no demasiado lejos de San Felipe, en la calle de Alcalá, junto a la Hospedería de los Cartujos, actual número 18, donde se encontraba la estatua de San Bruno, obra de Manuel Pereira. Se pueden ver en el grabado de Gómez de Navia y García Sanz, a la derecha de la imagen:
A finales del siglo XVIII en la plaza de Santa Ana y del Ángel había tinglados de libros, y al parecer la Feria de Madrid dedicada a libros y muebles viejos se había establecido en la plaza de Santo Domingo.
Muchos escritores y cronistas han hablado de los libreros de lance a los que solían visitar y de los puestos de libros viejos. Pío Baroja habla de “Los libros viejos” en su obra “Las horas solitarias”, y nos cuenta su afición desde joven y detalla dónde se encontraban las librerías y los puestos que frecuentaba, como el de la calle de Capellanes (actual Maestro Victoria), «cuando era un estrecho callejón».
Igual que las gradas de la iglesia de San Felipe alojaron tenderetes de libros desde el siglo XVII, a finales del siglo XIX, cuando don Pío era un estudiante, la iglesia del Carmen también tenía covachuelas, en una de ellas una librería de viejo, que sorprendentemente seguían existiendo en los comienzos del siglo XX.
Todo esto ha desaparecido, pero nos quedan algunos lugares donde los libros se nos muestran como en el pasado. La librería de San Ginés es una de las más antiguas de Madrid pues su origen se remonta al siglo XIX. Su construcción quizá sea similar a los antiguos puestos de San Felipe, adosados a la pared del templo.
Para los menos adinerados siempre ha habido alternativas ingeniosas, en algún momento surgieron los librerías ambulantes, donde el librero cobraba una cantidad mensual por el préstamo de libros, los más mayores recuerdan que alquilaban novelas por un módico precio.
Son varias las opciones para buscar y encontrar libros de todo tipo y a todos los precios hoy día en Madrid. El Rastro, la anual Feria del Libro en el Retiro, y las dos Ferias del Libro Antiguo y de Ocasión, instaladas en primavera y en otoño en el paseo de Recoletos.
Aunque sin duda el lugar preferido por muchos de nosotros, uno de los paseos más bonitos y tentadores para los amantes de los libros es la entrañable Cuesta de Moyano, con sus características casetas de madera pintada de color gris, subiendo hacia el Retiro, a sus espaldas la verja del Real Jardín Botánico, enfrente la verja del Palacio de Fomento.
La Cuesta de Moyano siempre ha inspirado a poetas y novelistas. Escribió Francisco Umbral que era un río de libros que baja a Madrid desde las fuentes recónditas del Retiro…
En el siglo XXI aún algunas librerías sacan sus pequeños tenderetes a la calle, buscando llamar la atención de los curiosos, como la Librería Teatral en la calle del Príncipe, en pleno Centro de Madrid, a la que acuden los aficionados al teatro.
Al final de la calle de Hermosilla, cuando ya ha dejado de pertenecer al barrio de Salamanca, y se adentra en el barrio de la Fuente del Berro, también hay una librería de viejo. Todos los días el librero, de forma un tanto conmovedora, coloca sobre la acera estrecha dos pequeños taburetes y una cestita que luego al final de la jornada vuelve a guardar. Lo hace, según sus propias palabras, evocando a los «bouquinistes» parisinos que venden sus libros a orillas del Sena.
Seguramente habrá otros libreros detallistas en otros barrios de Madrid que coloquen sus puestecillos a la antigua usanza o que ofrezcan nuevas ideas.
En la Edad Media los mercados se instalaban al aire libre, hoy día se encuentran bien cobijados en edificios. En Lavapiés, en el Mercado de San Fernando, a espaldas de las Escuelas Pías, un imaginativo puesto ocupa el espacio de una antigua Casquería y vende su género al peso, viejos libros a un precio de 10 euros el Kg., junto a frutas, vinos y telas, como en los mercados medievales.
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Su lema, recircular, compartir, liberar, resume su bonito objetivo: que nuevos lectores den vida al libro usado. Dicen que los libros están vivos cuando se leen, cuando se comparten, cuando se les da la oportunidad de seguir sorprendiendo, entreteniendo o ilustrando. En su web lacasqueria.com podéis leer todos los detalles sobre su proyecto y sus actividades.
por Mercedes Gómez
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Bibliografía:
Gabriel Sánchez Espinosa. Los puestos de libros de las gradas de San Felipe de Madrid en el siglo XVIII. Revista Goya, número 335 (abril-junio 2011).
Diario ABC, 11.9.1903
Ayuntamiento de Madrid. La Feria de Libros de la Cuesta de Moyano. Madrid 1986.


































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