Mi niña Noa…
En el día y en la noche extraño tu voz a gritos,
cuando lloras, cuando ríes, cuando me dices Mamá…
En un silencio rotundo puedo escucharte a lo lejos,
en el profundo ensueño de tu imaginación.
Emana sabiduría de tu pequeño cuerpo,
que tanto anhelo en mi regazo, cuando me solicitas…
y corro en tu busca para arroparte,
como el más dulce regalo de infancia.
