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12
Jul
07

El hombre que amaba a Kim Jong-Il

alejandro_cao_de_benos.pngEstán los falsos frikis. Son aquellos que tienen la mala idea de llevarse Las Dos Torres a la comunión de la prima Judith con el objetivo de leerlo durante la misa (sin recordar que la liturgia católica prima el levantarse y volverse a sentar con el primario objetivo de que los fieles no se duerman) y son avistados por la inefable tía Remedios, que les dice, entre burla y reproche: «Ay, que te estás convirtiendo en…como era… ¡un friqui de esos!»

Están los frikis de toda la vida. Aquellos que a los dieciséis años, ante el dilema de elegir entre una vida social normal y un enano guerrero con maza y hacha de combate a una mano eligen al enano. Después crecen y tienen vidas sociales productivas e incluso (¡anatema!) abjuran del frikismo.

Están los muy frikis. La gente que se sabe hasta la menor de las reglas caseras de Blood Bowl y es capaz de pasarse ocho horas seguidas hablando del Lineage (yo lo vi, nadie me lo contó), gente que es un espectáculo en las fiestas pero que definitivamente no quieres invitar a una partida de Diplomacia.

Están los über-frikis. La gente como yo, que es friki de lo suyo, que ignora el rol (zum Beispiel) y se dedica a hacer mapas de territorios épicos. Son las gentes al que el destino tiene guardada la cura contra el cáncer, el descubrimiento de nuevos planetas y una forma de obtener paté de atún a precios de saldo.

Y luego está Alejandro Cao de Benos.

Quién vio el documental sobre Corea del Norte en Cuatro el otro día (yo, parte de las masas proletarias, sólo pude ver el final) recibió una introducción a la figura de éste hombre, presidente de la Asociación de Amistad Coreana y el occidental más importante de Corea del Norte.

Éste señor, nacido en Tarragona hace 34 años de una familia acomodada de la nobleza rural catalana, es, en la opinión de éste blog, el friki más grande que ha dado la historia hispana. Sabido es por parte de nuestros lectores el amor de éste blog a todo lo originario de allende el Paralelo 38, pero lo del señor Cao es superior. Porque el señor Cao se lo cree.

Uno no se sabe la historia pero se la puede imaginar. Un niño nacido en las tinieblas de una familia noble catalana (con las obvias connotaciones de facherío que eso implica) crece posiblemente rodeado de escapularios, vivaspañas y huecograbados del Caudillo, lo que indudablemente genera un estado de confusión mental que puede volverte definitivamente loco. Mi amigo Guille (esté donde esté ahora mismo, que Jerry Siegel guíe su camino) vivió toda su infancia y adolescencia en un entorno similar y, como era de esperar, se volvió un über-friki de los que caben pocos en quintal. Nuestro héroe, sin embargo, cuando cumplió los dieciséis, en lugar de orientarse al wrestling y a la pornografía (como haría cualquier persona sensata), tomó el camino más peligroso. Se hizo rojo.

Podría ser la historia de un pijopunki o perroflauta cualquiera, pero estamos en 1990. No son buenos tiempos para ser comunista; están pateando a los politburós a lo largo y ancho de Europa oriental, Gorbachov proclama que a la URSS no la va a conocer ni el Lenin que la parió y los movimientos «alterglobalizadores», hoyo de pijillos varios y sus pulgas acompañantes, todavía no han nacido. Nuestro rebelde amigo tiene dos alternativas: Cuba y su fidelismo y Corea y su gran idea Juche. Como buen friki que es, elige la segunda opción. En los tiempos de la sociedad digital de hoy, cuando queremos información tiramos de Google y de la Wikipedia, pero en aquellos remotos eones en los que aún no conocíamos a Takeshi Kitano la información se obtenía leyendo libros y folletos. Imaginamos pues a nuestro héroe escribiendo una amable cartita a Pyongyang pidiendo información.

Tal gesto puede ser comparado a comprar una suscripción de dos años a Despertad! o a creerse que realmente hay un ministro nigeriano que quiere blanquear dinero a través de tu cuenta bancaria. En todo caso, los siervos de Nuestro Kim le mandan las maravillas de su industria editorial en papel cuché y a toda tricomía. Nuestro amigo queda pasmado por las maravillas de la idea Juche y de su mente inspiradora Kim Il-Sung, y decide visitar la tierra soñada. Con el dinero que obtiene de su profesión de informático (¿es o no es un friki?) visita Corea del Norte con el tour que la oficina de turismo norcoreana prepara y que incluye la corona de flores que poner en el monumento a Kim Padre.

Aún no eran los tiempos en el que el Rodong Sinmun publicaba recetas para preparar sustanciosas sopas de césped, así que hemos de suponer que el viaje le gustó. Y desde entonces, nuestro amigo visita regularmente Corea del Norte, mientras trabaja en Barcelona como informático. También escribe poemas en homenaje a los Líderes Eternos, así como obras propagandísticas de diversa índole.

Hemos de decir que no reprochamos en absoluto a nuestro amigo Alejandro Cao de Benos. Todo lo contrario. Mientras algunos degenerados viven vidas mediocres y sosainas, nuestro héroe visita Pyongyang un par de veces al año y tiene siempre un pin con el rostro de Kim recién cromado y listo para clavar en la solapa. Como frikis que somos en ésta página, apoyamos su determinación a ser el único español que sabe coreano con acento del Norte y esperamos que pronto Kim Jong-Il, el megalómano favorito de éste su blog y el único hombre que no se peina porque no lo necesita, pronto le invite a ver su colección de porno mientras brindan con coñac francés a la salud de la amistad hispano-coreana.

Mientras, nosotros, seguiremos informando.

24
Jun
07

Elegía

He tardado mucho en volver a escribir. Al parecer, un puñado de inconsecuentes han elegido éste blog como forma de entretenimiento, y me han requerido insistentemente en que les siga abasteciendo de mi pobre verbo. En todo caso, si me leen y les gusta, por favor, sugieran, critiquen y opinen. Si los blogs generalmente son un monumento al ego, éste no quiere serlo. Casco Oscuro lo formamos ustedes y yo. Díganme algo.

En fin. Si he vuelto a escribir es en respuesta al más triste acontecimiento dentro de nuestro mundo cultural desde la desaparición de Caiga quién Caiga (el bueno, no éste). Hablamos, como no, de la muerte del Fary.

Siendo sinceros, en un mundo musical normal el Fary sería considerado submúsica de la más ínfima clase, no mereciendo sino risión de cualquier persona mínimamente alfabetizada. Pero en un país donde David Bisbal y El Sueño de Morfeo consiguen tiempo de antena, el Fary es celebrado por éste su corresponsal como recuerdo de un tiempo en que los hombres eran hombres, las mujeres eran mujeres, y las camisas de poliéster se llevaban, y desabrochadas hasta la medalla.

Sí, amigos, el Fary era una figura pop. No confundamos «pop» (que es la representación de un tiempo y época de una cultura de masas) con «el pop» (que es música creada por pijos intelectualoides para crearse un entorno cultural propio y alienante por aburrido). Como «pop» entendemos el corazón lolailo que late en cada español y que lleva a escenas como la del über-macho conductor de autobús que va con Radiolé a todo trapo y cantando a coro «Cántame» de María del Monte (yo lo ví, nadie me lo contó; y confiesen: ustedes también se la saben). Pero al contrario del engendro acultural que hoy llamamos tecno-lolailo-pop representado por los gominosos gorgoriteros de OT, que son indistinguibles unos de los otros, el Fary era único.

Ya se ha dicho en anteriores artículos (que nunca está de más recordar) la importancia del Fary como científico y filósofo. Porque el Fary no era sólo un cantante; reflejaba en sus canciones el latir de una cultura, la de la España suburbana de los 70-80. Una España que aún existe, enterrada entre seudosofisticación y autocomplacencia. Discutía el otro día con mi amigo el Metalero acerca del concepto de ser español, un concepto que lleva tres siglos en debate y lo que te rondaré, morena.

Usemos al Fary como ejemplo. No de lo que debemos ser, ni lo de lo que no debemos ser; un ejemplo de lo que no debemos olvidar que también es España, mientras la llevamos al futuro.

Descanse en paz.

Seguiremos informando.

16
May
07

Y lávate los dientes antes del martirio

Y uno que pensaba que Leticia Sabater era lo más enfermizo que un niño podía ver en televisión.

El programa en cuestión se llama Los Pioneros del Mañana y lo emite  el canal de televisión propiedad de Hamás. Naturalmente, los subtítulos de éste vídeo los hacen israelíes y, por lo tanto, puede que el ratón Mick… perdón, Farfur, diga cosas menos heavies, pero mi escaso árabe sabe reconocer suficientes inch’Allahs para que ya tenga yo un mal rollo en el cuerpo. Como no, los israelíes se han indignado, así como la Walt Disney Company, pero ésta por otras razones.

Malamente nos podemos indignar con la inundación de propaganda destinada a los niños cuándo nuestros propios programas infantiles son propaganda a su manera (aunque claro, de forma definitivamente menos obvia). Lo que debería preocupar a Hamás no es la reacción de los israelíes, sino la de la Walt Disney. Ya se sabe como va la justicia en el mundo: el genocidio puede pasar sin castigo, pero la vulneración de derechos de autor te perseguirá hasta el infierno.

Seguiremos informando.

15
May
07

Ser socialista

Yo soy socialista. Lo soy porque creo en que las personas tienen derechos más allá del de las meras libertades individuales, o del derecho a la propiedad; tienen derecho a que la sociedad en la que viven sea respetuosa, justa y equilibrada. Soy socialista porque creo en el progreso, porque creo que siempre debemos ser críticos, porque creo que nunca debemos caer en la autosatisfacción y siempre luchar por un mundo mejor. Soy socialista porque no pretendo imponer mis ideas a nadie, porque pretendo escuchar, observar y comprender. Soy socialista porque creo en una España mejor, más justa, menos sectaria, libre de los populismos, los vulgarismos y la crispación que han caracterizado su historia. Una España culta y europea, no una España de charanga, pandereta y romería.

Ahora, ¿como explico yo ésto?:

por-el-amor-de-dios.jpg

Y sé de gente que está suspirando más alto y más fuerte que yo.

Seguiremos informando.

14
May
07

¿Pero con Groucho?

groucho.jpgMariano Rajoy no da una. Primero se une con gente por decirlo suavemente, poco recomendable (tipo Ynestrillas) para salir por ahí de parranda. Luego se dedica a cantar las excelencias del vino hispano de forma sólo superada por su mentor y maestro, Bigotus Máximus. Y ahora dice que los principios de Zapatero son «los de Groucho Marx». Como si eso fuera malo.

Amigo Rajoy, por si no lo sabía, Groucho Marx es, para algunos de nosotros, Dios encarnado en la tierra con puro y bigote pintado. Groucho ha sido el definidor del humor moderno, basado más en el absurdo verbal más que en el tartazo en la cara que había sido el paradigma hasta entonces. Se puede ver en cualquiera de los clásicos marxistas de los años 30, sobre todo en Una noche en la Ópera: a la peli en general le pesa cada día de sus más de setenta años, pero ¡zas! aparece Groucho y la película es súbitamente contemporánea.

¿Cree usted que comparando a Zapatero con Groucho Marx le hace un feo? ¡Por el amor de Dios! Más quisiera nuestro presidente del Gobierno tener el ingenio, la gracia, y sobre todo, la agilidad verbal del gran Julius Henry.  Desde que la política pasó a interesarme, hace unos diez años ya, he intentado congeniar a Karl y a Groucho para hacer el marxismo definitivo que nos lleve a la igualdad económica y a la meritocracia del wit.

Señor Rajoy, créame. Éste episodio ha probado que insultar no es su especialidad. Déjeselo a sus compañeros de partido, mucho mejor curtidos y con más experiencia.

Mientras tanto, seguiremos informando.

28
Abr
07

Días de cine: La vida de los otros

No puedo decir que «La Vida de los Otros» respondiese del todo a mis expectativas. Quizás soy demasiado exigente, pero con las perlas con el que el Neue Deutsche Kino nos ha premiado los últimos años, uno esperaría de «La Vida de los Otros» mucho más de lo que realmente ofrece.

Me explico. Como retrato fidedigno del horror del totalitarismo, la película es impecable. Reconstrucciones, medios, banda sonora (la pobre música chicle-pop que la RDA intentaba forzar en los oídos de sus conciudadanos para que obviasen el rock americano que les llegaba del Oeste), trazan un cuadro extremadamente consistente del terror a través de la paranoia burocratizada. Se repite como leit-motif a lo largo de toda la película el obvio poder del Sistema (de «ellos», en un Estado oficialmente «de los obreros y campesinos») y su capacidad para directamente destruir la vida de los otros. La historia del dramaturgo Feydman es interesante por su excepcionalidad, pero la verdadera clave para ver realmente el peso del Sistema está en las pequeñas historias: la pobre vecina, amenazada con el fin de todos sus sueños (y los de su familia) a cambio de la traición de sus vecinos; el funcionario que ve pasar por delante de sus ojos el fin de su vida tal y como la conoce  por el mero hecho de contar un chiste sobre Honecker (y no el mejor); la espantosa seguridad que el niño en el ascensor se hubiera quedado técnicamente huérfano de haberse encontrado con otro agente. El Estado como monstruo, el Estado como Leviatán; el totalitarismo, al fin y al cabo, pero con un agravante: nada de ésto nos encuentra lejanos en el tiempo; yo mismo, sin ir más lejos, estaba vivo durante todo el tiempo en el que se pasa la historia (aunque tampoco muy consciente).

El problema de la película está en la escasa solidez de sus personajes. Son unidimensionales, con pocos matices: el ministro malvado, el jefe perverso, el dramaturgo bondadoso, la actriz desequilibrada. No hay (o al menos yo no lo vi) un atisbo que permita humanizarles o deshumanizarles. El único personaje que ofrece matices es precisamente el protagonista, Gerd Wiesler, porque es el único que evoluciona a lo largo de la película. El actor principal, Ulrich Mühe, ayuda y mucho con su soberbia actuación. La procesión en Wiesler, un ejemplo hasta estereotipado del burócrata prusiano, va por dentro; Mühe hace que aunque no la veamos, la sintamos.

La República Democrática Alemana fue la burocratización definitiva de la paranoia. Una película ha tenido el valor de enfrentarse a la versión «Cuéntame» de la historia que tanto me gustó en «Goodbye, Lenin!» Como documento y enseñanza, imprescindible; como película, tiene su punto. Pero las he visto mejores.

Seguiremos informando.

24
Abr
07

No se burlen del oso muerto

Ayer Boris Nikolayevich Yeltsin murió. No es que fuera una novedad, dado que ha pasado los últimos ocho o nueve años vegetando tras una vida que podría calificarse como poco de excesiva. Boris Yeltsin representaba en Rusia la forma de político que más me desagrada en cualquier parte: el populista cleptócrata, de la clase que atisba antes que nadie los vacíos de poder, crea una ola de populismo, la monta, la agota y deja a los demás cargar con los costes de la resaca. La popularidad de Yeltsin ante el pueblo ruso podría explicarse por la semejanza entre el ex-presidente y un oso: grandes, indiscretos, peligrosos, impredecibles,  y sorprendentemente tiernos. En un país que tiene tan iconizada la imagen del oso como símbolo nacional, Yeltsin se alzó como un símbolo populista de lo que los rusos realmente eran (Putin, en cambio, basa su imagen populista en ser lo que los rusos siempre han querido ser: un pobre tipo que asciende en la vida con esfuerzo, sacrificio y sutileza). Se puede decir que el vacío de poder de 1991 (¿quién se acuerda de aquello? Yo sí.) fue imprescindible para la ascensión de Yeltsin, puesto que Boris Nikolayevich no tenía madera de líder soviético; le faltaba la capacidad y la sutileza de jugar al infernal baile de máscaras y espejos que abunda en cualquier Politburó (y aún más en el del PCUS). Utilizando una metáfora nipona, podría decirse que Yeltsin en el Politburó era como un samurai en una convención de ninjas: cierto que su espada era más grande, pero no le serviría para darse cuenta de quién le estaba matando. De todas formas, la suerte de Yeltsin, paradójicamente, fue su entrada en estado semivegetativo al finalizar su mandato; porque la política rusa se basa en agotar los iconos (a Gorbachov hoy no le pueden ni ver), Boris Nikolayevich hubiera sido execrado hasta la muerte por el mismo Vladimir Vladimirovich a quién ayudó a auparse al poder. La herencia de Yeltsin, se quiera o no, ha sido el pavimentar el terreno para la cuasi-dictadura comunisto-patriotera de Putin. Y esa herencia, amigos, sí que traerá cola.

Seguiremos informando.

19
Abr
07

A Mademoiselle Fifí no se la volverá a ver sin un libro

alan-rickman.jpg

Sacado del imprescindible Las Penas del Agente Smith.

Seguiremos informando.

18
Abr
07

De vez en cuándo saltan

No tardó en pasar, como ya avisé a ayer a todo aquél que estuviera dispuesto a escucharme (y también a todo aquél que no lo estuviera). Aventuré ayer, ante la matanza de treinta y dos (sí, amigos, imagínense un aula entera) universitarios en Estados Unidos, el lobby pro-armamentista y mucha gente aprovecharía la ocasión (¡la ocasión!) para apoyar el porte libre y uso de armas. ¿El motivo? Sencillo: un ciudadano común (las pruebas son poco concluyentes y las suposiciones están muy abiertas, pero un coreano en una universidad politécnica americana es, en la inmensa mayoría de los casos, un pobre sujeto que estudia durante 22 horas y media al día con sus padres bufándole en la espalda durante 21 de esas horas con el fin de convertirle en un genio de la ciencia podridamente rico; hay que tener mucha fuerza de voluntad para no volverse loco, como parece el caso) entra en una universidad con dos pistolas comunes y corrientes (no uzis, no rifles, ni una magnum) y se dedica a matar sin control durante las siguientes dos horas. Inferí que los armafans hestonianos argumentarían que la lista de bajas se hubiera limitado mucho si un ciudadano un poco más emprendedor le hubiera metido un tiro entre las cejas al asesino. Todavía no hay declaraciones oficiales, pero creo yo que entre los blogs de la derecha americana la explicación verdea resplandente.

La cuestión de las armas de fuego es intratable en un país como Estados Unidos, un país que heredó de los británicos la cabezonería respecto a sus tradiciones, como el billete de dólar, la gasolina en galones e ir armados a todas partes. La contribución que podemos hacer los europeos al tema es más bien poca, primero, porque los EE.UU. no han aplicado ninguna iniciativa legislativa inspirada en ideas europeas desde Thomas Jefferson, segundo, porque nosotros tenemos nuestra propia tradición nacional inspirada en la Colt hispana, la recortada, heredera del trabuco (remember Puerto Hurraco)

En todo caso, un triste episodio, que será el toque de atención ante el problema de las armas… al menos hasta el segundo lunes de noviembre del año que viene.

Seguiremos informando.

13
Abr
07

Sacar la lengua de paseo

Me notificaron que el otro día Telemadrid emitió un documental denuncia (quicir) en el que se ponía en relieve la terrible y dramática situación del castellano en Cataluña. Al parecer, los malvados rojonacionalistas pro-nazietarreroristaislamistas tenían la intención de acabar con la lengua castellana en Cataluña, y no satisfechos, expandir sus garras por otras comunidades autónomas. No es que lo haya visto (la última vez que vi Telemadrid creo que fue para verme a mí) pero vamos, uno se lo puede esperar.

Mi hermano el Mat, del que hace mucho que no hablo, se indigna de que ,en efecto, en Cataluña se den pasos para convertir al catalán en la única lengua de la comunidad autónoma, que, al fin y al cabo, es lo que se ha pretendido desde un principio. Como no, es una política copiada literalmente de mis queridos amigos los quebequeses (a su vez copiada de la política que implantó el hebreo como lengua de uso en Israel)

La Carta de la Lengua Francesa, de 1978, fue una de las primeras iniciativas del gobierno nacionalista de René Levésque (el hombre con las patillas más pobladas del mundo occidental) y convirtió al francés en la lengua oficial de Quebec. Todo tuvo que cambiar de idioma; el venerable centro comercial Eaton’s tuvo que descolgar el apóstrofe de la fachada, se cambiaron las señales de «STOP» por otras en las que ponía «ARRÊT» y el Kentucky Fried Chicken tuvo que cambiar el nombre por el que se le conoce en el resto del mundo para convertirse en Poulet Frit Kentucky, o PFK. Obviamente, la Carta fue recibida con indignación por los anglocanadienses, que ya habían aceptado la Ley de Lenguas Oficiales de 1969 (que obligaba a todos los funcionarios federales a tener la capacidad de hacer su trabajo en francés, aunque estuvieran destinados a lugares como Medicine Hat, Alberta, donde no iban a encontrar a un francófono ni con un pico y una pala) y con derisión por los americanos. Tras treinta años de Carta, se puede decir que la Carta ha triunfado…hasta cierto punto. El interior de la provincia habla francés como única lengua, pero ya lo hacía cuándo no había Carta. En Montreal han cambiado los carteles, pero la población sigue siendo abrumadoramente bilingüe.

arte-marcial-vasco.jpgY es que por mucho que se intente politizar el asunto, la gente es mucho más inteligente que los ideólogos-lingüistas. La prensa en catalán (y en euskera, y en gallego) tiene unas tiradas pifias (y no, no me estoy refiriendo a eso). Los nacionalistas catalanes prefieren leer «El País» o «La Vanguardia» que el «Avui», no porque no sepan ni quieran saber catalán, sino porque el bilingüismo les permite elegir y ven que el «Avui» es peor que esos periódicos.

El problema es que aceptamos tácitamente las definiciones nacionalistas (incluidas las del nacionalismo español) que indican que esas lenguas son las de «ellos», no las nuestras. Amigos, les recuerdo que el castellano, según la constitución, no es la lengua española. Es la lengua española oficial del Estado. El catalán, el euskera, el gallego, son lenguas españolas. El sistema educativo convierte el catalán en la primera lengua en Cataluña, sí, pero, ya lo he dicho antes, casi ningún padre o madre en Cataluña, salvo algún nacionalista trabucaire, negaría a sus hijos el aprender castellano e inglés. Dudo que haya un 15% de la población catalana que vea exclusivamente televisión en catalán. Si la cultura catalana se resumiera a lo que es exclusivamente en catalán (o sea, Lluis Llach y la cobla sardanista de Igualada) sería una cultura digna, quizás, pero indudablemente capada y empobrecida. Y poca gente se conformaría con eso.

Y tampoco es que por nuestra parte hagamos mucho. La creación del muro lingüistico no se hace por un único lado. ¿Cuánta gente conoces que quiera aprender catalán o euskera? Tendemos a ignorar esa música y esa cultura. Recuerdo ver un documental sobre la nova cançó y preguntarme, «¿y todo ésto, dónde estaba?»

Aprender, descubrir, escuchar; no es en qué lengua esté, o si es de tu país o no; es pasar por encima de las diferenciaciones ajenas y discriminar únicamente por los criterios que uno mismo se imponga. Yo lo he hecho, y ya no tengo dudas sobre mi artista catalán favorito:

el-pelos.jpg

 

Seguiremos informando.




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