Cómo imaginaban el futuro algunos artistas franceses del siglo XIX

Si alguna vez ha pensado usted cómo será la vida cotidiana de los seres humanos durante el próximo siglo –una vida, por cierto, totalmente diferente a la actual gracias al tremendo avance de la tecnología– no crea que es el único que ha reflexionado sobre ello. Hace más de 100 años, varios artistas franceses trataron de hacer lo mismo.

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En aquella época, uno de los más influyentes escritores de ciencia ficción de todos los tiempos ya ocupaba su mente imaginando todas las posibilidades que ofrecía una sociedad en la que ya empezaban a vislumbrarse los asombrosos logros de la ciencia. Ese escritor se llamaba Jules Verne, cuya obra –llamada «Viajes Extraordinarios»– está compuesta por 55 novelas, entre ellas dos de las más conocidas: «20.000 leguas de viaje submarino» y «La vuelta al mundo en 80 Días». Incluso llegó a escribir un relato en el que imaginaba cómo sería la vida en un futuro milenio, titulado «En el año 2889».

Las historias de Verne eran muy populares entre los franceses, y su imaginación se destapaba con las infinitas posibilidades del futuro .

A partir de 1899, un artista llamado Jean-Marc Côté –junto a otros menos conocidos– fueron contratados por varios fabricante de juguetes y cigarrillos para crear una serie de tarjetas postales con dibujos futuristas. Las imágenes pretendían describir cómo sería la vida en Francia durante el próximo siglo; sin duda, todos ellos estaban muy influidos por los escritos de Verne. Lamentablemente, estas postales nunca llegaron a ser distribuidas. No obstante, la única serie conocida de estas tarjetas fue descubierta por Isaac Asimov que, en 1986, escribió un libro titulado «Futuredays» en el que incluyó las ilustraciones.

Lo más sorprendente de esta colección es lo mucho que –en la mayoría de los casos– se aproximaron estos artistas franceses en sus predicciones sobre lo que sería el siglo XX.

Para empezar, tomaron muy en cuenta los avances tecnológicos que se hicieron en el campo del electromagnetismo y la comunicación inalámbrica que condujo a la invención del teléfono y la radio durante las últimas décadas del siglo 19. Para los artistas, estas tecnologías debíerían desempeñar un papel muy importante en el futuro, así que imaginaron una máquina que podía transcribir el lenguaje hablado a la escritura, algo que hacen posible hoy día los numerosos servicios de transcripción de audio automatizados como «Dragon Dictate» o el reconocimiento de voz con «Google Search»:

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Otra postal muestra imaginarias videollamadas –realizadas mediante un proyector– parecidas a las que actualmente nos permite la tecnología desarrollada de Apple FaceTime, Google Hangout, o cualquier otro software estándar para conferencias de vídeo:

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Se esperaban también otros tipos de avances en la proyección, que permitirían que las imágenes de instrumentos como los microscopios y telescopios fueran mucho más visibles. Si bien se han desarrollado tecnologías de proyección como estos, hoy en día son los instrumentos digitales y monitores los caballos de batalla para la microscopía:

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A la luz de la revolución industrial, que se inició en Francia en la primera mitad del siglo 19, la automatización estaba plagada de posibilidades. Entre la colección, aparecen muchas ilustraciones de ‘autómatas personales’ o robots, como los llamamos ahora. Es evidente que los artistas intuían que serían muy importante en el futuro, sobre todo para realizar muchas de las tareas mecánicas utilizadas en la vida cotidiana, como por ejemplo los barberos-robot:

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