Recordando a Ellery Queen

A veces evoco con cierta nostalgia el momento en que todos los componentes de la familia –allá por los años setenta– permanecíamos alrededor del televisor “Sylvania», esperando oír esa clásica voz nasal de locutor del noticiario que daban en los cines, momentos antes de la película, anunciando el comienzo de la serie “Las aventuras de Ellery Queen”, interpretada por el actor Jim Hutton –en el papel de protagonista– y David Wayne, como el inspector Queen.

El personaje fue creado a raíz del concurso convocado por una revista para premiar la publicación de la mejor «opera prima» policíaca. Los autores Dannay y Lee decidieron enviar un trabajo firmado con el mismo nombre de su protagonista y consiguieron el premio, pero antes de que la novela pudiese ser editada, la cabecera de la publicación fue traspasada a otro empresario, que prefirió editar la obra de otro concursante. Los “Ellery Queen” no perdieron el ánimo y enviaron su relato “The Roman Hat Mystery” (publicado en castellano como “El misterio del sombrero de copa”) a diversas editoriales, hasta que les fue aceptado por el editor Stokes.

El protagonista de la novela, Ellery Queen, es un joven escritor de relatos de misterio a la vez que un investigador aficionado, de mente lúcida y analítica – graduado en la Universidad de Harvard- interesado en los crímenes solamente por curiosidad. Su padre Richard Queen, de origen irlandés, es el inspector jefe del Departamento de Homicidios de la policía de Nueva York y, en muchísimos de los casos, Ellery, actúa como colaborador de su padre en la solución de los delitos a los que el Departamento debe hacer frente.

El personaje de Ellery Queen aparece por primera vez en 1929 y se convierte en tal éxito, que sus autores decidieron crear la revista «Ellery Queen’s Mystery Magazine» (EQMM), considerada como una de las más influyentes publicaciones de literatura de misterio- en lengua inglesa- en la segunda mitad del pasado siglo.

Ya en la primera novela se define, casi de una manera inmediata, el modelo de sus trabajos sucesivos: un crimen insólito, pruebas contradictorias, la presencia del inspector Queen y de su ayudante el sargento Velie, la puesta a disposición del lector de todos los elementos suficientes para la revelación del culpable y el consiguiente “desafío al lector” que precede a los episodios finales en los que se revela la solución del caso.

Las novelas de Queen fueron muy pronto traducidas al español, difundidas rápidamente en colecciones de México y Argentina, pero llegaron mucho más espaciadamente a España, a partir de los años cuarenta, y con mayor intensidad en los setenta, aunque no todas han acabado por ser traducidas produciéndose importantes lagunas en su difusión.

Luis D’Anyana

La identidad de Shakespeare, un debate polémico en U.K

Mediante un documento titulado «Declaración de Duda Razonable», un grupo de actores británicos cuestiona la autoría de las obras que llevan la firma del dramaturgo. El comunicado, avalado por 300 firmas, sugiere que ese nombre pudo ser el seudónimo de otro escritor.

250px-shakespeare.jpg

Con un documento titulado «Declaración de Duda Razonable», un grupo de actores británicos decidió reabrir el debate sobre quién escribió realmente las obras de William Shakespeare. La iniciativa fue lanzada este fin de semana en el Reino Unido por algunos de los más reputados intérpretes «shakesperianos».La declaración cuestiona que William Shakespeare, un plebeyo del siglo XVI criado en un hogar analfabeto de Stratford-upon-Avon, escribiera las geniales obras que llevan su nombre. La propuesta es encabezada por los actores Derek Jacobi, que encarnó a personajes del famoso dramaturgo como Hamlet, y Mark Rylance, ex director artístico del Globe Theatre, la conocida réplica del teatro original de Shakespeare en Londres. Promovido por la llamada «Coalición de la Autoría de Shakespeare» y avalado por casi 300 firmas, el comunicado argumenta que un hombre que apenas sabía leer y escribir no pudo poseer los rigurosos conocimientos legales, históricos y matemáticos que salpican las tragedias, comedias y sonetos atribuidos a la pluma del bardo.»Los eruditos han hallado pocos nexos, la mayoría dudosos, entre la vida del supuesto autor y las obras», señala la declaración, al explicar que los libros ofrecen gran familiaridad con la vida de las clases altas e incluyen «detalles oscuros» sobre países como Italia.Los signatarios, entre los que figuran más de treinta académicos, también esgrimen que no existen pruebas de que el aldeano de Stratford-upon-Avon recibiera una contrapartida económica por escribir algunos de los libros más famosos de la literatura universal Además, la Coalición subraya que el testamento de Shakespeare, en el que el literato legaba a su esposa su «segunda mejor cama con los muebles», no menciona libro, obra teatral o poema alguno ni incluye tampoco frases «shakesperianas».
Desde el siglo XVIII, no faltaron teorías que defienden la idea de que William Shakespeare no fue más que un seudónimo. Con el tiempo surgieron sospechas de que detrás de ese alias pudieron esconderse el dramaturgo Christopher Marlowe (1564-1593), el filósofo y hombre de letras Francis Bacon (1561-1626) o Edward de Vere (1550-1604), decimoséptimo conde de Oxford.
«Suscribo la teoría de la Coalición», dijo Jacobi, al inclinarse por Edward de Vere como su «candidato» preferido, dadas las supuestas similitudes entre la biografía del conde y numerosos hechos relatados en los libros del bardo. «Creo que el que más luz arroja al enigma es posiblemente de Vere, pues pienso que un autor escribe sobre sus propias experiencias, su propia vida y su propia personalidad», comentó el actor.
Jacobi y Rylance entregaron una copia de la declaración al profesor William Leahy, responsable del departamento de Inglés en la Universidad Brunel de Londres y director del primer programa de estudios dedicado a la autoría de Shakespeare, que empieza este mes.
Para Leahy, el debate resulta «legítimo», pues el problema encierra un «misterio en su origen y la discusión intelectual nos acercará a ese origen». «Eso no quiere decir -agregó el profesor- que vayamos a hallar una respuesta a todo. Naturalmente, ésa es la cuestión».

Fuente: EFE – Clarín.com