Avatar

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Un Avatar, es en el marco del hinduismo, la encarnación terrestre de un dios, en particular :Vishnú.

Se dice por ejemplo que el dios Krishna es el octavo avatar de Vishnú. El término sánscrito अवतार avatāra significa ‘el que desciende’; proviene de avatarati.

La palabra también se utiliza para referirse a encarnaciones de Dios o a maestros muy influyentes de otras religiones apartes del hinduismo, especialmente a los adherentes a tradiciones dhármicas cuando tratan de explicar a personajes como Cristo.

Tipos de avatar

De acuerdo con los textos hindúes Puranas, han descendido incontable número de avatares en nuestro universo. Dentro del vaishnavismo, los muchos avatares han sido categorizados en diferentes tipos de acuerdo con la personalidad y el rol específico descrito en las Escrituras. No todos son reconocidos como encarnaciones completas o directas de Vishnú. Algunos avatares se cree que son almas bendecidas o apoderadas con ciertas habilidades de origen divino, aunque son almas individuales.

Avatares de Vishnú

Las diez encarnaciones más famosas de Vishnú se llaman colectivamente Dasavatara (dasa en sánscrito significa ‘diez’). Esta lista se encuentra en el Garudá Purana (1.86.10-11):

Matsya, el pez, apareció en Satya Yuga.
Kurma, la tortuga, apareció en Satya Yuga.
Varaha, el jabalí, apareció en Satya Yuga.
Narasimha, la encarnación mitad hombre y mitad león, apareció en Satya Yuga.
Vamana, el enano, apareció en Treta Yuga.
Parashurama (Rāma con hacha), apareció en Treta Yuga.
Rāma (Rāmachandra), el rey de Ayodhya, apareció en Treta Yuga.
Krishná (el Negro, o el Atractivo) apareció en Dwapara Yuga, junto con su hermano Balarama. De acuerdo con el Bhagavata Purana, Balarama apareció en Dwapara Yuga (junto con Krishná) como encarnación de Ananta Śesha. La mayoría de los movimientos vaishnavas lo cuentan como encarnación de Vishnú. Las versiones de esta lista que no nombran a Buda, lo enumeran como el noveno avatara.
Buda (el Inteligente) apareció en Kali Yuga.
Kalki (‘destructor de la impureza’), quien se espera que aparezca al final de Kali Yuga, lo que debería suceder en el año 428899.

Actualmente en las nuevas tecnologías e Internet, se asocia la palabra avatar a la representación gráfica (mediante un dibujo o fotografía) de una persona para su identificación. Algunas tecnologías permiten también el uso de avatares en tres dimensiones

Fuente: Wikipedia

No es lo mismo ser turista que viajero

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Cada año son más las personas que aprovechan las fiestas navideñas para viajar a cualquier remoto o exótico país de nuestro planeta. Los primeros días de enero son propicios para encontrarse –generalmente en la cafetería que suelo frecuentar– con estos sufridos amigos y escuchar los emocionados relatos de esos antiguos ‘contraculturales’ que ahora encargan un tour organizado de lo más convencional. En la mayoría de los casos esos trips se resuelven con monumentales diarreas tropicales, heladas en el Norte o timos de las agencias. En tales momentos, entre trago y calada, siempre saco a colación la diferencia que hacía el gran escritor Paul Bowles sobre el viajero auténtico y el turista. El primero es el que dispone de tiempo, frente al segundo que viaja a tiro hecho, decía el autor norteamericano-tangerino.

En homenaje a los aventureros modernos relataré tres experiencias verídicas que me han sido referidas recientemente. Alguna de ellas será narrada con mayor extensión próximamente porque vale la pena. Entre ellas la de Juan Sevilla (oculto la verdadera identidad de los protagonistas), un andaluz de 28 años que viajó por América Central y tras convivir con los indios en la selva, fumar con ellos hierbas alucinógenas y hongos varios experimentó en pocos días la caricia de una enorme serpiente sobre su hombro, cuyos bellísimos ojos verde fosforescente –según me dijo– se parecían a los de Ava Gardner… más tarde se enroló en un trapicheo de cocaína que resultó estar preparado por la DEA. Juan dio con sus huesos en una infernal cárcel de Guatemala City con cucarachas como portaviones y sólo gracias a una huelga de hambre pudo salir y regresar a su tierra. En el interín, el muchacho se vio envuelto en tiroteos varios y otras agresiones. Con todo, el colega está dispuesto a regresar tan pronto como pueda aunque en algunos países tiene vedada la entrada.

Otro caso de viaje alucinante es el de dos valencianos que se marcharon nada menos que a la región fronteriza entre Pakistán y la India. El viaje duró año y medio y en muchas ocasiones perdieron el contacto con la familia por lo que ésta les dio por muertos. La culminación de esa aventura oriental es una escena digna de Henri Michaux. Una barcaza por el Ganges con un montón de desarrapados tirados sobre ella, uno de ellos tocando el sitar interminablemente mientras las pipas de opio pasaban de mano en mano. En fin, una especie de barca de Caronte con aires medievales. Esta pareja de temerarios comprobó in situ las modernas teorías de la vanguardia historiadora en el sentido de que algunas zonas del planeta permanecen en la Edad Media. La última aventura es la de Marieta Bryan que se fue voluntaria de la Cruz Roja a Gabón -localizarlo en el mapa por África ecuatorial-; su experiencia de año y medio antes de tomar precipitadamente un avión que la devolviera a España es de transfusiones de sangre de vacas a seres humanos; la corrupción generalizada en las entregas de Cruz Roja de víveres. La ayuda se la quedan los funcionarios del país y jamás llega a los poblados y otras maravillas por el estilo. La mujer comió lagarto crudo y tuvo que enseñar a las nativas a cortar el cordón umbilical en los partos. Allí lo hacían con los dientes. En definitiva, experiencias excitantes que explican el porqué los turistas viajan al Tercer Mundo a golpe de pito y en rebaño. Si a alguno se le ocurre salir del circuito… la empresa no se hace responsable.

Fco. Girod