10 febrero 2026

HAGO MEMORIA

 




Hago memoria de los álamos

que me guiñan, al pasear la ribera,

con sus sonrisas blanquiverdes.


El agua me hace juegos visuales

y me crean la ilusión

de que regresan remontando,

con un arrepentimiento

sembrado de dudas y requiebros.


Pronto caerá la tarde

y yo caeré rendido. Caídas al fin,

oscuridad que esconde este tránsito

entre el aleteo de sombras

en la que se envuelve con desaliño.


Vuelven los estorninos

con la disciplina de una orquesta afinada

y la geometría alborotada de un caos

que para nada es riguroso.


Los tules morados,

otros muy ensombrecidos y rojizos

envuelven la seda de la tarde,

después que el sol se despeñara

más allá de la linde visual.

09 febrero 2026

CUARESMA

 




Sueñan las crisálidas,

durante el duermevela invernal

los brillos y capa de lunares

de su despertar en primavera,

cuando la albahaca es primor clorofila

y fragancia virginal el azahar

del naranjo y el limonero.


Yo sueño el reverdecer

de los caminos y veredas,

la pasión extrema de los lirios,

el incienso y el humo de los cirios,

la vida retoñada al fin,

como sorpresa incomprensible y esperada.


El calendario avanza torpemente

y el capataz ajusta y calibra,

-hombro con hombro-

tallas y talles donde posar la carga.


El jazmín anuncia el acontecimiento,

y el cíngulo y el esparto

el ajuste preciso y adecuado.

El martillo, con su tono de acento,

golpeará el instante preciso.


Larga es la espera,

charcos y más cúmulos y cirros,

desde estos arracimados días de invierno.


08 febrero 2026

SERVIDUMBRE

 




En tu frente luminosa

una guirnalda de besos,

una tiara de reina,

la corona de mi imperio.


Frente a ti mora mi impaciencia,

la inquietud nerviosa de la espera,

la fatiga de este extraño invierno

en ansias por albor de primavera.


Una canción, la melodía que te evoca;

una ilusión, ser parte de tu reino,

tu servidor, tu esclavo, tu lacayo,

la alfombra de tus pasos,

el criado iluso de tus sueños.


Una canción antigua y pegadiza,

con recortes de amor, acordes nuevos,

el himno con que rendirte honores,

el flujo de mi sentir nuevo y eterno.


Haz de mi lo que te plazca,

soberana de mi amor y mis desvelos;

hazme tuyo, con tan solo una mirada,

seré tu servidor por días sin término.


07 febrero 2026

TARDE DE FRAGUA

 




Sabía el misterio para domesticar el hierro:

primero lo observaba minuciosamente

y luego le encendía la sangre

enrojeciendo su pálpito en las brasas,

hasta casi el punto de licuación;

las formas requerían un poco más

y, a sones acompasados de martillo,

doblegaba los miembros férreos

con la musicalidad que sonaba en el yunque.


¡Niño, ponte al fuelle!


Era mayor el gozo que el esfuerzo,

y a poco, aquellas piedras negruzcas

se hacían ascuas y transmitían su rojez

al fiero fuste de fiero fierro,

antes de desapareciera el flujo del dragón.


No. No era el cine. Era donde los arados

recuperaban la efectividad de sus vertederas,

donde el pico regeneraba su colmillo,

donde la guadaña volvía a ser operativa

o el calabozo daba tajos certeros y definitivos.


Manuel era un virtuoso, y su operativo,

mucho más atractivo que otra tarde más

de canicas, del trompo, o al escondite.

06 febrero 2026

FIN DE SEMANA

 




Viernes por la tarde,

un río humano desbordado

que se remansa por ambas orillas,

sobre taburetes y veladores,

en la porfía de escanciar cervezas

como en una apuesta sin límites.


En una mesa contigua,

un no tan joven manipula una guitarra

con acordes que evoca aires flamencos

y termina por arrancarse por fiesta.

No lejos de allí, un grupo numeroso

se arracima ante una pantalla gigante

y brindan cada gol como si en ello

les fuera la vida misma.


Por entre el gentío, circula un desconocido

apelando con tristeza a la misericordia,

con gesto de apenada derrota

y un vasito de plástico con algunos céntimos;

en competencia con el vendedor de ocurrencias

y el del cesto de almendras tostadas,

calendarios o un surtido de estampas de culto.


Me sitúo en perspectiva

y observo con cierta minuciosidad,

un supuesto saque de córner,

desde el “amanecer” “veneranda”

hasta el concurrido “central”:

un rincón síntesis de toda la Alameda.


Más tarde, hasta la madrugada,

sin pausa y sin prisas,

se orillarán hacia copas

y combinados con mordiente,

acordes con la nocturnidad

y la respuesta que el organismo intuye

y el bolsillo soporta.


A los cuarenta ya deja secuela los años

y urge a los cuerpos por vivir intensamente,

aunque la intensidad sea un atentado

contra si mismos y también el vecindario.

05 febrero 2026

EL ESPEJO

 




El espejo me devuelve mi mirada,

pero de soslayo aparece la tuya

como engarzada, incrustada en mí

sin otro artificio que el deseo.


Cuando me peino, cuando me perfilo la barba,

cuando te busco con ansias y no apareces,

cuando tu respuesta es silencio pétreo

o cuando creo ver una sonrisa de fresa

tan contagiosa y chispeante como atractiva.


Ante el espejo, más que mirarme, te busco.

Sí, desde los ingletes del marco a la planicie,

y también bajo la espesura de vaho

cuando te envuelves en la toalla,

como escapada fugaz en mi presencia.


Es un signo, un estigma indeleble

que es presencia viva, fugaz y reiterativa,

por el que merece la pena ver figuraciones.

04 febrero 2026

ME IRÉ

 




Me iré, seguro que me iré

como se fueron mis mayores

persiguiendo una sombra sin rastro,

en silencio sepulcral y definitivo.


Aquí se quedaron sus escasas pertenencias,

aquí las penalidades y también los logros:

el abuelo dejó de vaticinar mirando al cielo

y su reloj de bolsillo se quedó sin cuerda

durmiendo una larga siesta en el chaleco.

A la abuela le quitaron su delantal

y se acabaron las golosinas para siempre,

como se acabaron los relatos y sus mimos.


Se fue mi padre cuando todavía era

un vástago verde y florido,

aunque erosionado por tanta intemperie.

Más tarde, después de una larga soledad,

se durmió mi madre en febrero

y desde entonces sus días son infinitos.


Me iré. Cualquier día me iré sin cita previa

y hasta es posible que sea bien acogido.

Me iré y, como ellos, dejaré todo lo sólido,

-al tiempo que insustancial-

y los que queden interpretarán mis rastros

según los dictados de sus corazones.


Me iré. Hace tiempo que me entreno

para enfilar con éxito la recta de meta.