Victoryland – My Heart Is A Room With No Cameras In It

Julian McCamman es un artista de Filadelfia que algunos conoceréis por Blood, la que hasta hace poco era su banda -sacaron un single hace medio año-. Pero parece que este proyecto ha pasado a mejor vida y McCamman se ha centrado en Victoryland, que era una especie de aventura en solitario que ahora se ha convertido en una prioridad. Y lo ha hecho a lo grande, porque incluso se ha mudado de Filadelfia a Nueva York para grabar su segundo trabajo. Allí, junto al productor Dan Howard, se centró en la idea de hacer un álbum más directo y con un mejor sonido que su debut, que era un tanto lo-fi. Y eso sin quitarse del todo de su lado más experimental, lo que termina dando un sonido curioso a las canciones de este trabajo.
El proceso de creación de ‘My Heart Is A Room With No Cameras In It’ ha sido igual que el de cualquier otro disco. McCamman hizo sus correspondientes maquetas en casa y luego las llevó al estudio de Williamsburg donde se grababa el álbum. La particularidad está en que, en todas las canciones, ha metido alguna pista de esas maquetas caseras. Lo que ha propiciado que este segundo trabajo de Victoryland sea una especie de collage sonoro en el que cabe un poco de todo. Aunque, según la nota de prensa, <<es un disco de pop-rock experimental, triunfante, desalentador y, en definitiva, divertido>>. Y la verdad es que bastante de acuerdo con esto.
El disco se abre con “Here I Stand”, una de esas canciones en las que se aprecia su lado más experimental. Construida a raíz de una extraña sección rítmica que prácticamente consiste en un bucle loco de lo que parece ser un piano, la canción funciona perfectamente gracias al tono melódico que aporta la voz y la guitarra de McCamman. Y esto me parece uno de los grandes aciertos del álbum, porque, aunque por muy experimental que se ponga, siempre hay algo de pop que lo compensa. Así, nos encontramos con una canción como “I got god”, donde encontramos otro bucle, en este caso de sintetizador, que la lleva a un pop de lo más vibrante. O la extraña, pero muy seductora, “You Were Solved”, que es algo así como una mezcla entre Wolf Parade y Clap Your Hands Say Yeah. Además de la brumosa, pero muy delicada, “Blur”.
Aunque realmente no es un disco muy experimental, hay momentos en los que lo es incluso menos. Es decir, que hay canciones que son de indie-rock bastante común a las que les mete algún elemento extraño para salirse un poco de la corriente. Es el caso de la estupenda “No Cameras”, a la que le mete una guitarra estridente que no es capaz de romper su pulso melódico. Algo parecido a lo que pasa con “Fits”, donde sí que se pone un poco más esquivo, pero da igual, porque la canción entra con una facilidad tremenda. Y lo mejor es que se deja una pequeña sorpresa para cerrar el disco. Se trata de “I’ll Show You Mine”, en la que apuesta por un sonido menos rock para dar con una preciosa canción de folk-pop algo psicodélica. Toda una delicia que sirve para terminar un trabajo notable.
7.7









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