Victoryland – My Heart Is A Room With No Cameras In It

Julian McCamman es un artista de Filadelfia que algunos conoceréis por Blood, la que hasta hace poco era su banda -sacaron un single hace medio año-. Pero parece que este proyecto ha pasado a mejor vida y McCamman se ha centrado en Victoryland, que era una especie de aventura en solitario que ahora se ha convertido en una prioridad. Y lo ha hecho a lo grande, porque incluso se ha mudado de Filadelfia a Nueva York para grabar su segundo trabajo. Allí, junto al productor Dan Howard, se centró en la idea de hacer un álbum más directo y con un mejor sonido que su debut, que era un tanto lo-fi. Y eso sin quitarse del todo de su lado más experimental, lo que termina dando un sonido curioso a las canciones de este trabajo.

El proceso de creación de ‘My Heart Is A Room With No Cameras In It’ ha sido igual que el de cualquier otro disco. McCamman hizo sus correspondientes maquetas en casa y luego las llevó al estudio de Williamsburg donde se grababa el álbum. La particularidad está en que, en todas las canciones, ha metido alguna pista de esas maquetas caseras. Lo que ha propiciado que este segundo trabajo de Victoryland sea una especie de collage sonoro en el que cabe un poco de todo. Aunque, según la nota de prensa, <<es un disco de pop-rock experimental, triunfante, desalentador y, en definitiva, divertido>>. Y la verdad es que bastante de acuerdo con esto.

El disco se abre con “Here I Stand”, una de esas canciones en las que se aprecia su lado más experimental. Construida a raíz de una extraña sección rítmica que prácticamente consiste en un bucle loco de lo que parece ser un piano, la canción funciona perfectamente gracias al tono melódico que aporta la voz y la guitarra de McCamman. Y esto me parece uno de los grandes aciertos del álbum, porque, aunque por muy experimental que se ponga, siempre hay algo de pop que lo compensa. Así, nos encontramos con una canción como “I got god”, donde encontramos otro bucle, en este caso de sintetizador, que la lleva a un pop de lo más vibrante. O la extraña, pero muy seductora, “You Were Solved”, que es algo así como una mezcla entre Wolf Parade y Clap Your Hands Say Yeah. Además de la brumosa, pero muy delicada, “Blur”.

Aunque realmente no es un disco muy experimental, hay momentos en los que lo es incluso menos. Es decir, que hay canciones que son de indie-rock bastante común a las que les mete algún elemento extraño para salirse un poco de la corriente. Es el caso de la estupenda “No Cameras”, a la que le mete una guitarra estridente que no es capaz de romper su pulso melódico. Algo parecido a lo que pasa con “Fits”, donde sí que se pone un poco más esquivo, pero da igual, porque la canción entra con una facilidad tremenda. Y lo mejor es que se deja una pequeña sorpresa para cerrar el disco. Se trata de “I’ll Show You Mine”, en la que apuesta por un sonido menos rock para dar con una preciosa canción de folk-pop algo psicodélica. Toda una delicia que sirve para terminar un trabajo notable.

Mirando al pasado: Brian Eno y John Cale – Wrong Way Up

Es curioso, porque me encantan Roxy Music y la Velvet Underground, pero no tengo nada controladas las carreras de Brian Eno y John Cale. Quizá, porque se han movido en un mundo más experimental que, a mí, me cuesta un poco. Por eso, cuando hace un par de semanas me topé con este disco que hicieron juntos en 1990, me llevé una gran sorpresa. Y es que estamos ante una colección de canciones pop absolutamente grandiosa que nada tiene que ver con las carreras de ambos. También sé que no os estoy descubriendo nada, porque supongo que muchos y muchas estáis al tanto de este trabajo, ya que tuvo un éxito relativo en su día, pero lo cierto es que yo no tenía ni idea de su existencia. Así que lo dejo por aquí por si hay alguien que estaba como yo.

Brian Eno y John Cale se habían cruzado unas cuantas veces antes de ponerse con este ‘Wrong Way Up’. Es más, en 1974 grabaron un álbum en directo junto a Nico y Kevin Ayers. Pero fue durante la grabación de ‘Words For The Dying’, el disco que Eno produjo para Cale en 1989, donde surgieron las ideas para este álbum. Y una de esas ideas fue la de dejar de lado su faceta experimental para tirarse de cabeza al pop. Algo con lo que los dos estaban muy familiarizados. Ya no solo con sus respectivas y míticas bandas, también con las producciones para otro. De hecho, en ese momento, Brian Eno saboreaba el éxito descomunal que estaban teniendo U2 con unos discos que llevaban su sello. Pero lo cierto es que el sonido de este trabajo se fijaba más en lo que hizo con Talking Heads una década antes.

Resulta curioso que, en aquella época, donde los sintetizadores habían pasado a un segundo plano y todo era mucho más rock, Brian Eno y John Cale apostaran de pleno por un sonido claramente sintético. De hecho, uno de los principales instrumentos del álbum ese el omnichord, que es algo así como un arpa electrónica. Su sonido se deja ver en un tema como “One Word”, que es una auténtica delicia synth-pop en la que Eno casi hace de David Byrne. O en esa vibrante “Been There Done That” que tanto bebe de los ochenta. Pero también aparece en cortes como “In The Backroom” o “Cordoba”, donde bajan el ritmo y sale a relucir el lado más oscuro de John Cale.

Lo más curioso de este ‘Wrong Way Up’ es que, si funciona así de bien 36 años después, es por ese sonido ochentero que tiene. Es más, estoy convencido de que si hubieran apostado por el rock ahora no estaría hablando de él. Porque lo que da frescura a estas canciones es esa combinación de sintetizadores y sonidos más o menos étnicos que aparece en temas como “Lay My Love” o “Crime In The Desert”, que son estupendas. O esa apuesta por el synth-pop más melódico y melancólico que protagoniza “Spinning Away”, la que es la joya del disco. Una canción que, si ha terminado convirtiéndose en un pequeño éxito, es por lo bien que suena tantos años después. Y si nos vamos a “Empty Frame”, vemos que esa caja de ritmos tan ochentera le sienta de maravilla al sonido retro de la canción.

Alice Costelloe – Move On With The Year

Supongo que algunos y algunas os acordareis de Big Deal, ese dúo de indie-rock y shoegaze formado por la británica Alice Costelloe y el norteamericano Kacey Underwood. Juntos, editaron tres discos notables entre 2011 y 2016, pero justo ese año decidieron separarse y seguir cada uno su camino. Tanto en lo profesional, como en lo personal, ya que eran pareja. Veo que Underwood no ha hecho mucho más allá de unas cuantas canciones con un proyecto llamado Medium Love. Y de eso ya han pasado cinco años. Sin embargo, Costelloe inició una carrera en solitario en 2022 con la que ha ido pasito a pasito, editando algún single y un par de EPs. Hasta ahora, que entrega el que es su álbum de debut.

Comenta Alice Costelloe que estaba cansada y aburrida de componer con la guitarra, así que, para dar forma las canciones de este ‘Move On With The Year’, decidió aprender a tocar nuevos instrumentos. Entre ellos una flauta y un piano. Y lo más curioso es que muchas partes de estos temas nacieron de ese aprendizaje. Lo que la ha llevado a lanzarse a un pop un tanto arty que bebe sin complejos de Cate Le Bon o Lael Neale. Un envoltorio sonoro que le sirve para crear unas letras que indagan en su niñez y adolescencia, y en una relación bastante complicada con un padre consumidor de sustancias. Algo que no deja de ser curioso, ya que Costelloe es la tataranieta de Sigmund Freud. Además de la nieta del pintor Lucian Freud, que ha retratado su rostro en más de una ocasión.

Hay que reconocer que Alice Costelloe acierta de pleno sumergiéndose en este sonido menos evidente. En parte, porque no ha perdido su talento para crear buenas melodías pop. Pero también por todos esos detalles sonoros que aportan los teclados, la flauta, o el piano. Y gracias a eso, consigue dar con temas que se alejan un poco de lo convencional, pero que entran con mucha facilidad. Es el caso de “Anywhere Else”, que abre el disco yéndose a un folk delicado y algo psicodélico que tan solo despega en su tramo final. Una faceta que también aparece en el tema principal, donde da buena cuenta de esa flauta que ha cambiado su vida. Algo que también ocurre con “Every Time” o con ese precioso single llamado “Damned If You Do”. Bueno, en realidad es una de las grandes protagonistas del álbum y prácticamente se deja ver en todas sus canciones.

No todo es languidez en este trabajo, ya que, de vez en cuando, Alice Costelloe se ánima un poco. Es el caso de “How Can I”, un estupendo tema en el que se acerca a una faceta synth-pop que le sienta muy bien. De hecho, es algo con lo que ya había experimentado en su singles previos. Y en ese mundo sintético sigue en “Feet On The Sand”, una pasada de canción en la que baja el ritmo, pero no la emoción. Sobre todo, en su precioso tramo final. O en “If Could Reach You”, donde saca a relucir su lado más vibrante y pop. El cual brilla en todo su esplendor en la setentera “Damned If You Do”. Aunque eso sí, desde una perspectiva un tanto más folk.

Ratboys – Singin’ to an Empty Chair

Ratboys es una de esas bandas que tenía en mi radar pero que nunca me he parado a escuchar más allá de sus singles. Algo que no me ha quedado más remedio que subsanar, porque el grupo de Chicago está consiguiendo una repercusión tremenda con su sexto álbum, que está obteniendo unas notas tremendas en prácticamente todos los medios. Pero esto no ha sido algo espontáneo. La formación liderada por Julia Steiner lleva más de una década labrando un nombre en la escena indie-rock más americana. Algo que terminó de despuntar con su anterior trabajo, el cual los puso en otra liga. Así que se podría decir que este ‘Singin’ to an Empty Chair’ es su confirmación.

Hay algo que tienen en común los dos últimos trabajos de Ratboys: la producción de Chris Walla. El que fuera guitarrista de Death Cab For Cutie casi se ha convertido en un miembro más de la banda a la hora de grabar sus canciones -toca varios instrumentos a lo largo del disco-. Lo suyo va más allá de una relación músico y productor, han logrado crear una amistad que termina apreciándose en buena parte de las canciones de este álbum. De hecho, según cuentan, se encerraron durante un tiempo en una casa de campo en Wisconsin donde componían, veían películas y cocinaban. Todo esto mientras Walla les contaba las técnicas de producción que empleaba Trevor Horn es sus trabajos. Pero no os penséis que se han pasado al mundo sintético, siguen haciendo buena música de guitarras.

Singin’ to an Empty Chair’, el título del disco, viene de una técnica de psicología en la que te sientas delante de una silla vacía y le cuentas todas tus frustraciones a una persona imaginaria. Y es que estamos ante un disco en el que la terapia está muy presente. Quizá, por eso, sorprende que haya tantos momentos en el disco tan llenos de vida e incluso alegres. Ahí tenemos “Open Up”, que abre el álbum con un indie-rock vibrante y potente, pero bastante luminoso. O el pop-punk juguetón que protagoniza “Anywhere”, que es una pasada. Algo a lo que regresan en la estupenda “What’s Right?”, donde se sacan de la manga unas guitarras llenas de fuerza. Y para fuerza, la de “Light Night Mountains All That”, en la que aceleran una sección rítmica de lo más alucinante para dar con el mejor tema del disco.

Quizá es porque estoy muy poco reticente con todo lo que llega de Estados Unidos, pero cuando se van a un sonido más americano la cosa ya no me gusta tanto. Es cierto que se les da bien y todo está en su sitio, pero estoy cansado de este rollo. Así que cuando me topo con una canción como “Penny In The Lake”, con su guitarra steel-guitar, no me emociono demasiado. Además, me recuerda demasiado a lo que hacen Big Thief o Wednesday. Casi prefiero el sonido un tanto folk de “Strange Love”. O el indie-rock más básico y un tanto ñoño que dejan ver en “The World, So Madly”. Lo que sí que tengo que reconocerles es lo bien que han mezclado este sonido con un rock contundente en “Burn It Down”, la canción que tendría que haber cerrado un disco que, la verdad, se me hace un poco largo.

Ulrika Spacek – EXPO

Ulrika Spacek se podrían haber quedado acomodados en el rock con tintes psicodélicos que practicaban al principio de su carrera, pero este grupo de Reading siempre fue más ambicioso. Así que, tras ir puliendo poco a poco su sonido, han llegado a un cuarto trabajo en el que han dado con su propio sonido. Al cual, evidentemente, no hubieran podido llegar si no fuera por su talento a la hora de componer canciones complejas que, a su vez, también son muy atrayentes. Porque sí es cierto que cuentan con influencias reconocibles en las que aparecen el free-jazz, el kraut, los Radiohead del Siglo XXI, o la electrónica vía WARP. Todo mezclado con habilidad y bajo sus propias normas.

EXPO’ es un collage sonoro en el que Ulrika Spacek demuestran una habilidad alucinante para poner todo en su sitio. Así, a lo largo de sus 45 minutos, nos encontramos con baterías que se solapan con cajas de ritmos o con sus propios samplers, ya que han jugado bastante con los loops que iban grabando en el estudio. A esto tenemos que añadirle unas guitarras punzantes que, en muchos casos, beben del post-punk más árido. Y para terminar de redondear la jugada, nada como unas pinceladas de electrónica llenas de melancolía.

Tengo que decir que he pillado con muchas ganas este disco gracias a sus singles previos. Y con uno de ellos prácticamente empiezan, ya que hay una pequeña intro de cuarenta segundos. Se trata de “Picto”, un tema en el que Ulrika Spacek apuestan por una sección rítmica vibrante y nerviosa y una atmosfera un tanto agobiante. Algo que también se deja ver en el tema principal, que me parece la gran sorpresa del disco. Sobre todo, porque le añaden un toque más pop con el que consiguen hacer algo alucinante. Como también es alucinante esa “Square Root of None” marcada por un ritmo entrecortado y unas guitarras que pasan de la oscuridad a la limpieza con toda la facilidad del mundo. O esa “Weights & Measures” en la que bajan la intensidad hasta que aparece una guitarra sucia y unas cuerdas de lo más cinematográficas.

Me gusta mucho cuando pisan el freno y se dejan llevar por una sección rítmica más sosegada. Es el caso de la estupenda “Build a Box Then Break It”, donde dejan claro que se criaron escuchando trip-hop. Eso sí, uno muy pop, porque cuenta con uno de los estribillos más emocionantes del disco. Y lo voy a decir: ojalá Radiohead hubieran tirado por este camino en sus últimos discos, que son un tostón. O por esa maravilla de fusión entre post-punk y free-jazz que se marcan en “This Time I’m Present”. Con esto quiero decir que Ulrika Spacek saben cómo hacer un rock diferente sin necesidad de salir de él. La prueba la tenemos en la contenida “Showroom Poetry”, donde se permiten sonar un poco más convencionales. O en “A Modern Low”, que es una preciosidad de canción donde prácticamente hacen un homenaje a Damon Albarn. Y mola bastante.

Whitelands – Sunlight Echoes

Llevo unos días dándole al segundo trabajo de Whitelands y todavía no sé muy bien que pensar de él. Me habían vendido a este cuarteto de Londres como una de las revelaciones de la nueva escena shoegaze. Su álbum de debut, el cual me salté, recibió elogios entre los shoegazers e hizo que giraran con algunos de los tótems del género, como Slowdive. Así que, cuando me los puse por primera vez, esperaba encontrarme con unas canciones llenas de chorros de guitarras distorsionados y potentes y ese ligero toque ensoñador con el que suelen contar todas estas formaciones. Y eso está ahí, pero la mezcla del disco lo relega a un segundo plano para poner en un primero la voz. Algo que, de alguna manera, hace que todo suene un poco falto de potencia y menos vibrante que de costumbre.

Al final, con cada escucha, me he ido acostumbrando al sonido de este ‘Sunlight Echoes’ y he conseguido que me termine convenciendo. Todo gracias a que, al menos, sí que saben dar con los ganchos propios del género. Y oye, teniendo en cuenta el día de mierda que hace hoy en Madrid, que parece Londres con tanta lluvia, es un sonido que entra bien. Sobre todo, por esa melancolía que rezuman sus guitarras. Pero también la voz de Etienne Quartey-Papafio, su cantante principal, que casa muy bien con todas esas líneas de guitarras melancólicas. Así que parece que, al final, era un acierto eso de ponerla en un primer plano.

El disco se abre con “Heat Of The Summer”, una canción que, la verdad, no debería entrar en la etiqueta de shoegaze. Su tono, más alegre y pop, el cual se lo proporcionan unas guitarras llenas de limpieza, resulta un tanto chocante al principio. Lo bueno es que luego vas viendo que meten un poco de distorsión por aquí y algo de intensidad por allá, y les termina funcionando. Al igual que en el ensoñador “Songbird (Forever)”, un tema que, en manos equivocadas, podría acabar siendo un tanto ñoño, pero que en las suyas resulta emocionante. Algo que también ocurre con “Glance”, que es una buena canción de indie-rock. Y lo más curioso es que la terminaron gracias a un consejo que les dio Neil Halstead, el de Slowdive.

Whitelands también tienen tiempo para meterse de lleno en esa fina línea que, a veces, separa el shoegaze y el dream-pop. Lo hacen en “Sparklebaby”, una preciosa canción en la que cuentan con la ayuda de Emma Anderson, a la que muchos conoceréis por ser la cofundadora de Lush. Aunque también tiene una carrera en solitario. O en “I Am No God, An Effigy”, uno de esos temas en los que todo va subiendo de intensidad poco a poco. Además de la en la oscura y bucólica “Dark Horse”, donde sí dan buena cuenta de una distorsión digna de un grupo de shoegaze. Algo en lo que directamente se meten en “Blankspace”, que es toda una apisonadora sonora con un ligero toque pop. O en “Golden Daze”, la cual cierra el álbum volviendo a una estupenda fusión de dream-pop y shoegaze.

Marta Del Grandi – Dream Life

Tengo que reconocer que nunca me había parado a escuchar a Marta Del Grandi hasta hace unos días. Y es que, tenía la sensación de que su propuesta era más experimental y que no era para mí. Algo que quizá sea así, porque no me he puesto con sus dos primeros trabajos -juro que un día de estos lo hago-. El caso es que he empezado la casa por el tejado y estoy a tope con el tercer trabajo de la italiana. Que sí, bebe de muchas influencias y algunas de ellas son algo experimentales. Por ejemplo, sí tiene momentos que se podrían calificar de Avant-Pop, pero lo bueno es que los combina con unos cuantos ganchos melódicos. Algo que hace que el disco entre a la primera escucha.

Comenta la propia Marta Del Grandi que este ‘Dream Life’ supone un paso adelante en lo que se refiere a la temática de sus discos. Y es que, al parecer, sus trabajos anteriores eran bucólicos y más poéticos, pero aquí ha decidido tocar temas más contemporáneos y políticos. Lo que la ha llevado a dar con un sonido más definido y pop. Algo que se puede apreciar perfectamente en el tema principal, que es una delicia de folk-pop elegante y emocionante. O en “Alpha Centauri”, que es un tema en el que fusiona muy bien una faceta más arty con un lado mucho más melódico. El cual aparece en un estribillo que no entra hasta el tercer minuto, pero es tan buen que da un poco igual.

Me gusta mucho la forma en la que Marta Del Grandi mezcla todo tipo de estilos sin que sus canciones se vean perjudicadas. Ahí tenemos “You Could Perhaps”, que abre el disco con un cierto toque bucólico que termina siendo corrompido por unas percusiones algo erráticas y unas trompetas con un ligero toque de jazz. Y el experimento funciona a la perfección. Al igual que esa pequeña locura llamada “Antarctica”. Aquí se saca de la manga un endiablado ritmo bailable, unas guitarras con un cierto toque funk, y unas trompetas de lo más animadas. Lo que, inevitablemente, nos lleva a los Talking Heads. Y eso siempre es bueno. Como también lo es jugar con el bajo para hacer una canción extraña, pero tremendamente adictiva, como es “20 Days of Summer”.

La segunda parte de ‘Days of Summer’ se sumerge poco a poco en una faceta más reposada y menos directa de la artista italiana. Así, tras una elegante y emocionante canción de pop sintético llamada “Shoe Shaped Cloud”, nos encontramos con una serie de temas un tanto menos “fáciles”. Empezando por “Neon Lights”, que nos presenta a una Marta Del Grandi experimentado con el art-rock y con una guitarra que suena potente y sucia. Y si nos vamos a “Some Days”, nos encontramos con un folk minimalista que funciona gracias a la estupenda voz de Del Grandi y a la de Fenne Kuppens, su acompañante en esta canción. Un sonido que también le sirve para entregar esa especie de carta a su padre llamada “Oh My Father”. Eso sí, en su tramo final se viene arriba para cerrar el disco a lo grande.

Lande Hekt – Lucky Now

Lande Hekt está de vuelta. Y eso siempre es una buena noticia, porque la artista británica solo nos ha dado alegrías con su carrera en solitario. Tanto su álbum de debut, como su continuación, eran discos enormes en los que dejaba ver un talento exquisito para crear grandes canciones pop. Además, en ellos, se podía apreciar una inquietud en cuanto influencias musicales que los hacia más interesantes todavía. Porque no hay que olvidar que Hekt viene de la escena punk y de ser parte de Muncie Girls, una banda que entraba sin problema en esa etiqueta. De hecho, en su primer trabajo todavía quedaba algo su potencia en las guitarras. Pero eso se ha ido diluyendo hasta llegar a un tercer trabajo en el que da prioridad a la limpieza y la luminosidad.

Lucky Now’ es un disco que nos presenta a una Lande Hekt contenta con su vida personal. Sus dos primeros trabajos se centraban en su salida del armario y su recién estrenada vida como persona queer, pero, ahora, todas las dudas e inseguridades que pueden acarrear esa situación, han desaparecido. Además, se ha mudado de Exeter desde Bristol, lo que le ha dado una seguridad y calma que se traslada a las canciones de este álbum. Aunque sí hay un par de canciones en las que sale un poco de rabia. Sobre todo, en las letras. Es el caso de “Circular”, que trata sobre cómo los estados fulminan las libertades personales. Y para esto, deja que su guitarra se ensucie un poco más de lo habitual en su estribillo. Todo lo contrario que en “Submarine”, donde aboga por el descanso de la tecnología apostando por el pop más limpio.

Una de las cosas que más me gustan de Lande Hekt es la facilidad que tiene para atraparte con unas canciones que, normalmente, son muy sencillas. Sus influencias, donde entran las bandas de Sarah Records, o el Twee-Pop, son las de muchas artistas, pero ella consigue que suenen frescas. Así, nada más empezar el álbum, nos deja una “Kitchen II” que se regodea todo lo posible en una preciosa melodía y en un juego de guitarras muy básico, pero tremendamente efectivo. Además, va subiendo de intensidad poco a poco, y eso siempre funciona. Al igual que también lo hace esa pequeña incursión que hace en sonido Flying Nun que se deja ver en “Rabbits”, la cual cuenta con uno de los estribillos más deliciosos del disco. Y si nos vamos a “Favourite Pair of Shoes”, nos encontramos con un tema vibrante y unas guitarras que no pueden sonar mejor.

Otro de los puntos fuertes de Lande Hekt es la melancolía con la que cuentan algunas de sus canciones. Algo que, aquí, se puede apreciar de sobra en el tema titular, que es una pequeña joya en la que se deja llevar por un delicado juego de guitarras que desemboca en un estribillo precioso. O en la delicada y acústica “Middle of The Night”, donde, gracias a un banjo, se acerca a un sonido más country que no le sienta nada mal. Aunque eso sí, me gusta más cuando regresa al pop de guitarras y nos deja dos estupendas canciones como son “A Million Broken Hearts” y “My Imaginary Friend”. O cuando decide apostar por un sonido un poco más rock y cerrar el álbum con la vibrante “Coming Home”.

Yumi Zouma – No Love Lost To Kindnees

Melbourne, Nueva York, Londres, y Wellington son las ciudades que acogen a cada uno de los miembros de Yumi Zouma. La banda originaria de Nueva Zelanda se ha convertido en una especie de proyecto que se reúne de vez en cuando para grabar un disco y hacer la gira correspondiente. Y nada mejor para esto que hacerlo en una zona neutral. Así que, para grabar su primer trabajo en el cuatro años, se fueron hasta la Ciudad de México. Pero no fue una grabación fácil, ya que la propia banda comenta que ha sido el periodo más conflictivo de su carrera. Al parecer, reservaron el estudio durante un año, lo que los llevó a un bucle basado en reunirse, componer, grabar, y dispersarse, para luego empezar otra vez de nuevo. Y, aun así, les ha quedado un trabajo notable.

No Love Lost To Kindness’ es un disco mucho más contundente que sus anteriores trabajos. La propia banda confiesa que ya no se sienten identificados con ese dream-pop en el que han estado inmersos hasta ahora. Aunque lo cierto es que sí que hay algo de esto. Ahí tenemos la delicadeza con la que atacan “95”, donde se van a un pop sofisticado y sintético. Algo a lo que también recurren en la más efusiva “Chicago 2am”, que es una preciosidad. O en esa balada llena de intensidad ensoñadora llamada “Did You See Her?”. Pero sí es cierto que el resto del álbum cuenta con guitarras más potentes y una sección rítmica más vibrante.

El disco se abre con “Cross My Heart and Hope to Die”, una pequeña joya donde se sacan de la manga un sonido de guitarras que me tiene loco. Además de otras luminosas y llenas de vida. Una efusividad que también se deja ver en “Bashville on the Sugar”, un tema que, curiosamente, va sobre el metro de Nueva York, porque, como dice Josh Burgess, guitarrista de la banda, <Si vives el tiempo suficiente en un lugar que tiene transporte público, acabas teniendo una relación de amor-odio con él>. Y no puede tener más razón. Luego tenemos un corte como “Drag”, que empieza de una forma oscura y densa, pero que se rompe en un melódico y delicioso estribillo lleno de guitarras noventeras.  Las cuales también aparecen en “Blister”, que es un hit como la copa de un pino.

Comentan los miembros de Yumi Zouma que este disco es un reflejo de los gustos muy diferentes que tiene cada miembro de la banda. Y puede ser cierto, porque, entre tanta distorsión noventera, nos encontramos con alguna cosa que se sale de ese sonido. Es el caso de “Cowboy Without a Clue”, la cual está marcada por una batería que se acerca a la pista de baile. O de “Every False Embrace”, que es una canción de puro dream-pop. Incluso cuando recurren al pedal de distorsión, nos dejan alguna cosa diferente. Ahí tenemos esa “Judgement Day” en la que apuestan por la emoción que aporta su estupenda guitarra. Y si nos vamos a “Waiting for the Cards to Fall”, vemos que prefieren recurrir a su faceta ensoñadora para cerrar el álbum.

GUV – Warmer Than Gold

Ya sabéis lo mucho que me gustan los artistas que cambian de rumbo casi con cada disco. Incluso aunque el resultado no termine de ser del todo satisfactorio. Algo que, de momento, no le ha pasado a Ben Cook, al que muchos de por aquí conoceréis por Young Guv y por esos dos estupendos discos dobles que editó hace unos años. Y es que, este artista que creció en Brixton, pero que terminó viviendo en Canadá y formando parte de los incombustibles Fucked Up, empezó su carrera en solitario sumergido en un pop sintético y con tintes de new-wave ochentera. El cual no tenía nada que ver con el indie-pop guitarrero de ‘GUV I’ y ‘GUV II’, ni con el mundo más sixties que presentaba en ‘GUV III’ y ‘GUV IV’. Y mucho menos con la aventura manchesteriana en la que se ha metido en su nuevo trabajo.

El proyecto de Ben Cook atiende ahora al nombre de GUV, porque, según él, los nombres de tres letras y molan y estaba harto de que le confundieran con un rapero. Y para inaugurar esta etapa, nos deja ‘Warmer Than Gold’, un disco en el que resulta más que evidente que se ha inspirado en su infancia y adolescencia en Reino Unido. Estamos ante una colección de canciones que podría haber salido de cualquier parte de las islas británicas entre 1989 y 1990. Y sí, quizá, la influencia más evidente es ese sonido baggy de Manchester que inundó buena parte de la música pop y dance a finales de los ochenta, pero por aquí también hay shoegaze, C86, y hasta algo del primer britpop. De hecho, Cook presume de haber visto a Oasis cuando apenas tenía doce años.

El disco se abre con “Let Your Hands Go”, todo un himno de eso que en su día llamaron rave-rock en el que no se deja ningún elemento de este sonido fuera. Tenemos el ritmo bailongo, las guitarras psicodélicas, y el bajo como gancho principal. Además de uno de esos estribillos perfectos para corear a grito pelado. Una faceta que también se deja ver en el estupendo tema principal. Aunque eso sí, de una forma menos efusiva y acercándose más al pop. Pero Cook no está dispuesto a quedarse ahí. Y menos cuando se trata de lanzarse a la pista de baile, porque si nos vamos a cortes como “Oscillating” y “Hello Miss Blue”, nos encontramos con dos cortes que no desentonarían en un disco de unos The Shamen pasados por el filtro rock. Un dúo que, por cierto, habría que reivindicar más.

En esta especie de repaso que GUV hace de lo que sonaba a finales de los ochenta y los primeros noventa, también entran en juego las guitarras más potentes. Ahí tenemos un tema como “Blue Jade”, que cuenta con una sección rítmica que es toda una apisonadora y unas guitarras que son puro shoegaze. Un estilo que también se deja ver en la estupenda “Out of This Place”. O en “Crash Down Feeling”, en la que, de alguna manera, regresa a Manchester. Pero ojo, que no se olvida de su faceta más pop. Solo hay que escuchar la vibrante “Thorns in My Heart”, que casi parece una canción de Sarah Records. Algo que también se podría decir de la notable “Seaside Story”. O del mundo tan soleado al que se va en la preciosa “Chasin’Luv”. Y para cerrar, una balada como “September Grey”, que no tiene que ver con el resto del álbum. Aunque está muy bien.

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