Actualización tardía

No estoy actualizando el blog con la frecuencia que quisiera porque estuve de finales en la universidad y actualmente estoy adelantando una materia (biopsicología) aprovechando el verano. El semestre que viene voy a tener la oportunidad de proponer mi propio proyecto de investigación y seguramente estará relacionado con los trastornos del desarrollo.

La verdad es que el tiempo pasa volando, ya hace casi un año y medio que vivimos en EEUU. y no lo puedo creer. Si bien se extraña a la familia y amigos, estoy convencida que Max es muy feliz en su vida diaria y que tiene una libertad que sería difícil de conseguir en otros contextos. El motivo? TODOS parecen tener a alguien con necesidades especiales en la familia; el neurólogo de Max tiene una hija con TEA, el genetista de Max tuvo una hija con un trastorno del desarrollo, mi profesora de psicología tiene una hija con ADHD… Entonces, como casi todas las familias tienen a alguien con un diagnóstico, casi que a veces parece que nuestra vida no es tan distinta del resto y lo mejor es que generalmente no hay que dar muchas explicaciones porque ellos saben, nos entienden y generalmente nos dan muy buenos consejos.

Max va al mismo colegio que los vecinos, sube al autobús escolar amarillo de las películas, aparece en el anuario del colegio sonriente junto a sus compañeros, siento que es parte de esta sociedad. Creo que ya lo comenté en otra entrada, pero desde que las cosas empezaron a fluir acá dejé de precisar terapia psicológica debido al diagnóstico de mi hijo y tengo muchos sueños y proyectos. Mi marido ahora se ofrece a dar conferencias (antes tenían que obligarlo a hablar en público) y casi no sufre de stress ni ansiedad. Ambos estamos más tranquilos, aunque el no saber exactamente qué es lo que tiene Max, aún nos mantiene de consultorio médico en laboratorio. Ahora estamos esperando que nos analicen a nosotros (los padres) para ver si tenemos genes relacionados con TEA y que nos den los resultados del análisis del exoma.

Algo interesante que el genetista nos dijo es que Max no tiene ningún problema genético detectable, pero que seguramente sí tiene algo específico en el cerebro. Y nos dijo que esto es común en gente con trastornos psiquiátricos como esquizofrenia o autismo en la familia. Yo lo consulté sobre el «factor ambiental» y me dijo que básicamente son patrañas, que si bien es cierto que hay casos de gemelos idénticos en donde un chico desarrolla autismo y el otro no, se debe a procesos estocásticos (activación aleatoria de genes) que no necesariamente se activan o desactivan por el entorno. O sea, que el gemelo que desarrolló autismo no tiene correlación con circunstancias como que haya tenido menos contacto que el otro, ni que haya recibido una vacuna mala o más o menos gluten que el otro chico. Los genes tienen su propia maquinita de la fortuna y a veces cuando tiran de la palanca, se traba todo y hay una interrupción del desarrollo normal; obviamente las chances de que esto pase es mucho mayor para algunas familias que para otras y nosotros estamos entre las de más riesgo. De la única forma en que podría considerar tener otro hijo sería vía donante. Acá en California la adquisición de óvulos o esperma es un acto tan comercial que es posible elegir donante por educación, apariencia, historial genético o inclusive por talentos particulares.

Pero volviendo al tema en cuestión, Max empezó con dos medicamentos nuevos: Vimpat y Levetirecetam que son drogas que suelen ser útiles para patologías como continuous spike wave of slow sleep. Ya les informaré si notamos cambios.

A Max le surgió el gusto por los gorros de cocinero de Burger King :P

A Max le surgió el gusto por los gorros de cocinero de Burger King 😛

Max disfrutando del verano

Max disfrutando del verano

Nadando con los patos

Nadando con los patos

Anuario escolar

Anuario escolar

Neurociencias

Hace un tiempito que estoy estudiando psicología con enfoque en neurociencias (psicología experimental, anormal y biopsicología) en la universidad. Una de mis profesoras es una PhD por la Universidad de UCLA especializada en autismo, que casualmente también tiene una hija con un diagnóstico (ADHD), qué pequeño es el mundo o qué grande es la población relacionada con TEA en la Costa Oeste de Estados Unidos.

Las clases me sirven para entender lo que pasa en el cerebro de mi hijo, estudiamos casos de pacientes con lesiones como las de Phineas Gage, un trabajador ferroviario que sufrió una herida espantosa con un pedazo de metal caliente que le atravesó la cabeza. Lo impactante es que sobrevivió al accidente y su personalidad cambió de acuerdo a las zonas afectadas en el cerebro.

También fui a la charla del Dr. Sudhof (Premio Nobel de Química en 2008) en enero. Me sorprendí bastante al enterarme que los investigadores están focalizados en entender las bases biológicas de los trastornos del desarrollo usando los cannabinoides (familia del cannabis, aka marihuana) en la regulación a nivel de neurotransmisores en las neuronas. Aún solo se experimenta en animales, me pregunto si en un futuro cercano habrán trials experimentales de marihuana de uso terapéutico.

Max está grande, se viste solo (los pantalones y las remeras al revés), busca su mochila cada mañana para tomarse el bus escolar amarillo y vuelve a las 4 de la tarde desesperado por ver videos en el iPad. En sus buenos días, parece un chico mudo que se comunica con gestos; pero en los malos se la pasa en el garage de la casa con las luces apagadas, sentado en el auto, en completo silencio para intentar regular el exceso de estímulos sensoriales. Mi objetivo es encontrar una manera de mejorar su calidad de vida sensorial que no se base exclusivamente en técnicas de cepillado o compresión física (almohadones, ropas ajustadas, etc).

 

Espero poder sentarme a escribir más seguido apenas termine con la tanda de exámenes.

¿Tiene sentido participar en estudios?

El neurólogo de Max nos informó que cree haber descubierto una pista sobre lo que afecta a nuestro hijo. Una variación, aparentemente benigna, en el cromosoma 7 que en el caso de Max habría presentado complicaciones evidentes. El gen RELN suele causar licencefalia cuando está mutado, aunque en el caso de Max un único nucleótido presenta una variación clasificada como «benigna». Es posible que esta sea la causa (resultado de la variación genética más la interacción con el medio ambiente) que afecta a los receptores NMDA, aunque todavía precisamos confirmación por parte del genetista especializado en desarrollo, el Dr. Eswara.

Desde hace un semestre me anoté en la universidad para estudiar la carrera de psicología (con énfasis en lo experimental y todo lo cognitivo anormal). Mi idea es colaborar en los estudios que se vienen desarrollando en el MIND Institute, porque ya que vivimos entrando y saliendo de hospitales, por lo menos quiero participar activamente en todo el proceso. Me cansé de simplemente llenar formularios y cuestionarios, quiero involucrarme en estas investigaciones desde otro ángulo.

El 14 de enero Thomas C. Südhof, el ganador del Premio Nobel de Fisiología en 2013 va a dar una charla gratuita sobre el proceso de formación de sinapsis y las enfermedades psiquiátricas. Yo pienso ir, lo que no me cierra es que también me hayan invitado a participar de un estudio para madres interesadas en un segundo hijo (teniendo ya un niño con un trastorno del desarrollo). La verdad es que si bien aún soy joven, no creo estar en condiciones de afrontar un nuevo embarazo. Mucho menos sin tener los resultados genéticos para saber si somos portadores de las mismas variaciones genéticas que tiene Max. Lo que me parece muy bien es que se compense por su tiempo y dedicación a las familias que deciden participar de estos estudios.

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Felices Fiestas y lo mejor para este Año que comienza!

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Max mirando a la cámara! Jugando con el muñeco de nieve en South Lake Tahoe

 

Cuando un caramelo sobra en el tarro

Siempre me causó gracia la frase «le faltan unos caramelos en el tarro» para referirse a una persona que no está muy bien de la cabeza. En mi caso sobraba uno.

El año pasado en Buenos Aires mi endocrinólogo me diagnosticó con un leve aumento de la prolactina en sangre, lo que ocasionaba trastornos a nivel ginecológico. Después de hacerme algunos exámenes de sangre, el médico concluyó que como el nivel de prolactina era apenas superior al normal, entonces debería tener un «tumorcito benigno» en la hipófisis, que no requería estudio en profundidad. Me dio pastillas de bromocriptina para regularizar mis períodos y me mandó a casa.

Cuando me mudé a EEUU le comenté mi problema a mi nuevo médico de cabecera que no estuvo para nada de acuerdo con mi médico de Buenos Aires. Este médico me mandó a hacerme una resonancia que detectó un tumor enorme de 2,5 x 2 cm que ponía en riesgo mi visión, la irrigación de ciertas estructuras del cerebro y que estaba literalmente aplastando mi glándula pituitaria. Conclusión: derivación con el neurocirujano y operación urgente.

Hoy hace una semana de mi operación y todo salió muy bien. Todavía estoy esperando los resultados de la biopsia, pero el neurocirujano me dijo que está seguro que el tumor es benigno y que no va a volver a crecer. Pero lo que realmente me sorprende es lo MAL que yo estaba antes de la operación sin tomar conciencia de la situación. Me refiero a que mi desequilibrio hormonal, netamente químico en mi cabeza no tenía nada que ver con la mudanza, ni con el diagnóstico de mi hijo. Desde que me sacaron el tumor, realmente siento que «volví a ser yo», de tomar baldes de cafeína pasé a tomar solo agua, de comer platos enteros pasé a comer solo lo necesario. De fatigarme por caminar una cuadra pasé a estar como el conejo de Duracell. Realmente el tomar conciencia sobre mi propio cambio en tan poco tiempo me hizo entender un poco más lo que le pasa a mi hijo desde su propia sopa de químicos propios y agregados que tiene en su cabecita.

Lo mío fue relativamente fácil de curar porque era algo físico obvio, chau tumor, chau síntomas. Lo de mi hijo lamentablemente es mucho más complejo que eso. Sin embargo, esta experiencia me deja de moraleja que no hay que quedarse con una opinión profesional nunca. Lo que para un médico era un lunarcito en la cabeza que se trataba con unas pastillitas, para otro era un tumor del tamaño de un caramelo que estaba haciendo presión sobre nervios, vasos y estructuras de la cabeza. Y me curaron, además de evitarme una ceguera o una apoplejía futura.

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Autismo versus autismo secundario a otra condición

Llegaron los primeros resultados de Transgenomic y Max no tiene ninguna mutación asociada con algunos de los genes conocidos relacionados al autismo.

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Disorders included in this panel:

Aarskog syndrome, Angelman syndrome, Autism susceptibility, Bardet-Biedl syndrome, Cardiofaciocutaneous syndrome, CHARGE syndrome, Cockayne syndrome, Coffin-Lowry syndrome, Cohen syndrome, Cornelia de Lange syndrome, Costello syndrome, DMD/BMD, Gorlin syndrome, Kabuki syndrome, Legius syndrome, LEOPARD syndrome, Lesch-Nyhan syndrome, Lissencephaly, MED 12-related disorders, Microcephaly, Neurofibromatosis type 1, Noonan syndrome, Opitz syndrome, Phelan-McDermid syndrome, Pitt-Hopkins syndrome, PTEN-related syndromes, Rett syndrome, Rubinstein-Taybi syndrome, Smith-Lemli-Opitz syndrome, Smith Magenis syndrome, Sotos syndrome, Tuberous sclerosis, X-linked hydrocephalus, X-linked mental retardation.

Genes:

ARX, ASPM, AP1S2, ATRX, AVPR1A, BDNF, BRAF,CASK, CBL, CDKL5, CHD7, CNTNAP2, CREBBP, DCX, DHCR7, DMD, EHMT1, ERCC6, ERCC8, FGD1, FMR1, FOLR1, FOXG1, FOXP1, FOXP2, GABRB3, HDAC8, HOXA1, HPRT1, HRAS, KDM5C, KRAS, L1CAM, AFAH1B1 (LIS1), MAP2K1, MAP2K2, MBD5, MECP2, MED12, MEF2C, MET, MID1, MKKS, MLL2, NF1, NHS, NIPBL, NLGN3, NLGN4, NRAS, NRXN1, NSD1, OPHN1, PAFAH1B1 (LIS1), PCDH19, PHF6, PNKP, PQBP1, PTCH1, PTEN, PTPN11, RAB39B, RAD21, RAF1, RAI1, RELN, RPGRIP1L, RPS6KA3, SCN1A, SHANK2, SHANK3, SHOC2, SLC2A1, SLC64A, SLC9A6, SMC1A, SMC3, SOS1, SPRED1, TCF4, TSC1,TSC2, TUBA1A, UBE3A, VPS13B, ZEB2

Max no tiene ninguno de esos síndromes, ni tampoco ninguna variación genética ligada a esos genes. Entonces eso significa que su TEA es secundario a su actividad epiléptica o que simplemente la base de genes de TEA es todavía muy incompleta y que alguna vez se detectará la mutación en el ADN de Max? Lamentablemente ambas hipótesis son posibles. Por ahora el único diagnóstico firme que tiene Max es el de «encefalopatía no especificada». Se cayó la hipótesis de la microduplicación o microdeleción, el Dr. Fejerman tenía razón sobre este punto. Así que tengo un hijo genéticamente «normal» que no habla por… ? a- Una madre refrigeradora b- Un padre medio genio c- Una abuela negadora d- Ambiente rodeado de computadoras durante el embarazo. A esta altura cualquier hipótesis es analizable.

Y cambiando un poco de tema, acabo de encontrar una fundación por mi zona en donde brindan un servicio terriblemente útil: buscan por vos lo que necesites en necesidades especiales. Precisás una fono, una TO, una nanny? Una secretaria te busca en el radio de 5 o 10 millas de tu casa en función de las necesidades de tu hijo, las llama y les pregunta por disponibilidad, tarifa por sesión, experiencia, etc. A la semana te manda por mail una lista de todos los pre-seleccionados con número de licencia para que llames a un número telefónico y les investigues el historial de quejas de consumidores previos. Si no tiene el consultorio o casa en regla, o algún padre se quejó por mal servicio en el pasado, salta al toque y como interviene un árbitro que deja asentado si la queja tiene o no fundamento, te enterás de la resolución y además te informan si esa persona no figura o no en alguna base de datos de criminales o pedófilos. Por eso las chances de clavarte con un profesional, escuela o niñera inadecuada para tu hijo es remota. La pregunta del millón será: y esta fundación qué gana con este servicio? Bueno, aplica la misma idea de sitios como Mercado Libre y le cobra una «comisión» al proveedor, que a su vez el proveedor puede intentar dividir con la familia del niño o puede decidir afrontarlo como un «gasto de recomendación» por parte de esta fundación.

El sistema me parece genial, me encantaría poder trabajar con esta gente en un futuro no muy distante, y quizás ayudar a implementarlo de manera global.

Cerca de resolver el misterio

Max estuvo internado para varios estudios que confirmaron su actividad epiléptica durante el sueño profundo en la zona del habla del cerebro, así como también varios estudios genéticos de mapeo completo que van a tardar aproximadamente cinco meses. Actualmente está tomando ácido valproico por su epilepsia y una dosis muy baja de methyl-prednisona para mantener los progresos y que no hayan regresiones cognitivas o de comportamiento.

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Lo positivo es que tuve la reunión de principio de año en el colegio y nos asombramos bastante con los informes sobre su comportamiento y en su rendimiento en la escuela.

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Max está formalmente clasificado dentro de la currícula (CCSS) comparable con sus pares en matemáticas y en alfabetización, a pesar que no habla.

Apareamiento de números: 18/18   Mastery

Escribir sin errores: 18/18    Mastery

Apareamiento de letras: 16/18  Mastery

Apareamiento de dibujos: 17/18  Mastery

Matemáticas: fracciones 12/18 Instructional

Aprender la hora: 12/18 Instructional

La fonoaudióloga nos asegura que entiende instrucciones de hasta dos comandos en inglés y que está progresando bastante en PECS. Le toman las evaluaciones en la computadora, por medio de un programa llamado «Unique learning systems». La maestra nos comentó que Max tiene varias áreas vocacionales sobre las que están trabajando para que desarrolle sus intereses. En el test BRIGANCE (Diagnostic Inventory of Early Development), Max sacó un puntaje que lo ubica en la edad cronológica de un nene de 4 años en el vocabulario de imágenes, 5 años en conocimiento de colores y 6 o 7 años en conceptos matemáticos de tamaño, forma y números. Definitivamente el fuerte de Max, como en muchos de los niños con un trastorno del espectro autista, son las matemáticas; mientras que el talón de Aquiles se ubica en la comunicación y la parte social.

Estamos encantados por las veinte hojas de informes con los resultados de los tests y los objetivos a corto plazo que se han planteado para este semestre en la escuela. Realmente sentimos que se toman el dificultoso trabajo de educar a Max con un profesionalismo sorprendente. Siento que este grupo de trabajo interpreta a la perfección mi intuición de madre sobre el nivel académico de mi hijo, cuyas dificultades comunicativas esconden el verdadero potencial de aprendizaje que siempre tuvo.

El misterio nunca se acaba

Como sabrán Max tiene un problema -seguramente de base genética- y los especialistas todavía no descubren exactamente qué, pero están investigando y eso nos mantiene enfocados en el duro camino de seguir insistiendo con varias líneas de investigación. Nos hemos anotado para participar de un estudio en la Universidad de Stanford y la semana que viene va a pasar un día internado para una resonancia magnética, un video EEG y una punción lumbar para extraerle líquido cefalorraquídeo.

En el colegio, pasó de grado pero solo porque el gabinete escolar considera que es el «problema que le afecta la comunicación y el lenguaje no lo deja acceder a la currícula». Está integrado como «other health impairment» y no como autismo, ni TEA. Los maestros dicen que su condición es muy inestable, que varía mucho de acuerdo a la medicación. Coinciden con las impresiones de la Dra. Grañana de Buenos Aires.

Hace dos semanas, Max tuvo su evaluación neurológica en el MIND Institute con la Dra. Janice Enriquez, Ph.D en neuropsicología. Ella nos dijo que el retraso en el desarrollo de Max se debe a su déficit en la comunicación, pero que cuenta con habilidades cognitivas interesantes y que no está nada dicho en su caso. A mi pregunta de «Cuándo va a quedarle un diagnóstico fijo?» me respondió que si bien es una buena pregunta, no me podía dar una respuesta.

Ayer tuvimos consulta con el Dr. Chez -neurólogo de cabecera de Max- y nos dijo que es extraño que Max responda a los corticoides de forma tan dramática y que tiene que descartar que no sea un asunto de falsa dependencia, así que se viene todo un día de estudios con internación la próxima semana. La universidad de Stanford va a analizar los niveles de oxitocina para un estudio de líquido cefalorraquídeo en niños con trastornos del desarrollo, nos dijeron que la publicación saldrá en unos dos años, así que lo más probable es que nos olvidemos del asunto.

Alta California ha aceptado a Max para brindarle apoyo en su vida diaria, así que vamos a tener una niñera proporcionada por el Estado y otros servicios. El servicio no es gratis, pero son solo 150 dólares al año, que la verdad no es nada en comparación al costo de hacerlo por cuenta nuestra.

Acá van algunas fotos del colegio y la feria de ciencias:

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El impacto psicológico de sentirse apoyados como padres especiales

En esta entrada quería compartir mis impresiones sobre mi experiencia como madre especial en dos países diferentes.

Ayer hablaba con una amiga de Argentina por whatsapp -aclaro que ella no es madre por ahora-, charlamos sobre la situación del país, y me decía que yo debo estar viendo con horror lo mal que funcionan las cosas en comparación. Y la verdad que yo no creo que haya tanta diferencia en la calidad de vida, en el sentido que ambos países tienen un sistema de funcionamiento muy parecido.

Me refiero a que la obra social funciona de modo similar, el colegio tiene un sistema parecido al vanguardista Colegio Andersen al que asistía Max -lugar al que extrañamos muchísimo por el grupo humano y los docentes- y las terapias tienen una organización jerárquica de supervisación, coordinación y terapeutas, exactamente como funciona en la mayor parte del mundo civilizado. Los médicos se conocen todos entre ellos gracias a internet (de hecho el Dr. Chez lo conoce de nombre al Dr. Fejerman) y las fundaciones de asistencia a padres están compuestas por progenitores preocupados y dedicados como en todas partes. Gracias globalización por acortar las distancias entre los profesionales.

Está bien que la escuela pública en donde vivo ahora es excepcional, que no dejan que tu hijo falte sin justificación, se toman su trabajo muy en serio y te hacen partícipes en la elaboración del programa educativo; que el gabinete educativo y administrativo se comunican fluidamente, te brindan escuela de verano y no descuidan ninguna necesidad de un alumno, con o sin necesidades especiales. Pero si uno se pone a juzgar estrictamente, la realidad es que el Estado de California cuenta con muchísimo más presupuesto que el Estado argentino; o sea, yo tengo la impresión que la diferencia entre los servicios estatales de uno y otro lugar pasa por una cuestión de presupuesto y no de capacidad profesional.

Los problemas e inquietudes de los padres también son parecidos; de hecho durante la primera entrevista que tuve con el Dr. Gregory Buch (que es Ph.D en análisis de comportamiento por la Universidad de California en Los Ángeles bajo la supervisión del fallecido pionero de ABA Ivar Lovaas) y es el director del centro que nos va a proveer las terapias individuales (ABA) para Max, estuvimos hablando justamente sobre el hecho que «el terapeuta promedio que viene a casa» suele ser alguien con muy poca capacitación, que termina haciendo el papel de niñero o niñera en lugar de llevar a cabo la visión del coordinador. Y que este tipo de cosas deben evitarse con más capacitación y exigiendo más experiencia a los profesionales que son asignados diariamente a nuestros hijos.

Es decir que este problema también existe acá en la Meca de los tratamientos conductuales a nivel mundial. No pasa solamente en Argentina. Y acá ambién hay burocracia, tenemos espera hasta el 18 de junio para ver al neurólogo porque tiene la agenda completísima de pacientes, y además tengo que esperar a que la prepaga nos dé el visto bueno para poder empezar las terapias.

Con esto quiero decir que no es color de rosa esto de ser familia con necesidades especiales en California. Pero lo que sí me parece tiene un impacto psicológico positivo es que acá la sociedad tiene lo que ellos llaman «awareness», es decir que tienen conciencia sobre el autismo y otros trastornos del desarrollo. Uno de cada 68 chicos tiene TEA en EEUU, hay publicidades de prepagas que ofrecen planes para necesidades especiales, famosos que salen hablando en los medios sobre el tema cada dos por tres; hasta hay abogados que publicitan servicios de demanda legal a los fabricantes de drogas como la risperidona. No hay que esconderse como familia, no hay que explicar, eso te hace la vida más fácil.

Cuando yo vivía en Buenos Aires tenía la necesidad de ver a mi psicóloga de orientación a padres al menos una vez por semana, vivía con mucha ansiedad el tema del futuro de mi hijo. Acá sinceramente no siento la necesidad de ver a un psicólogo y no es porque me haya relajado, ni porque la realidad de mi hijo haya cambiado drásticamente. Es por el hecho de que no te hacen sentir como un favor  esto de incluir a tu hijo o permitiéndole ser como es. Yo creo que es un efecto de la concientización que existe en la sociedad, además que a toda familia con necesidades especiales la visita un trabajador social que nos miente un poco diciendo que si nos resbalamos o caemos, él o ella nos ataja las espaldas.

Me refiero a que nos miente un poco en el sentido que nos dejan soñar con un futuro, pase lo que pase. No te dicen «ese chico va a llegar hasta jardín, primaria o secundaria y listo, ahí se acaba la asistencia» ni tampoco el trillado «esto es día a día». Te dicen que si a vos te pasa algo, hay un Estado que va a cuidar de tu hijo responsablemente, que ningún padre especial está solo contra el mundo, que hay gente a quien le importa el bienestar tuyo, de tu familia y en particular el tu hijo. Y vuelvo a que «te mienten un poco» porque el futuro en sí mismo no existe, uno no sabe qué va a pasar de acá a 10, 20 o 30 años. Quizás se desata la Tercera Guerra (toco madera) o una crisis sin precedentes y la promesa queda en la nada. Pero el solo hecho que haya un trabajador social que dé la cara representando al Estado para apoyar a los padres tiene un efecto psicológico positivo enorme.

Como digo, no creo que la diferencia en calidad tan sea grande como lo sí lo es la FORMA en la que nos lo hacen sentir en carne propia, porque nos hacen creer que es mucho menos difícil de lo que realmente esto de tener a un miembro de la familia con necesidades especiales.

La vida en Silicon Valley, Norte de California

Hace ya más de dos meses (cómo pasa el tiempo) que estamos viviendo en el noroeste de los EEUU. El norte de California es muy parecido a la Patagonia Argentina, con la excepción que hay ciudades gigantes conviviendo con paisajes rurales, centros tecnológicos, parques nacionales, bosques y playas, todo a unas pocas horas de distancia.

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Ovejas pastando a 100 metros de casa

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El barrio

 

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Max en casa

 

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En la playa con papá.

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Max probando qué gusto tiene la nieve antes de esquiar por primera vez.

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En Squaw Valley.

 

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En el Golden Gate

 

Dejo para el post siguiente la odisea de conseguir tratamiento, escuela y terapias. Recién nos estamos empezando a adaptar todos a la nueva rutina y a pesar que se extrañan mucho los afectos, es una oportunidad para ver desde otra perspectiva qué significa tener necesidades especiales en esta parte del mundo.

Cómo sacar los pañales a un niño no verbal

Voy a dejar para otra entrada los detalles de nuestro viaje y la esperanzadora entrevista con el Dr. Chez para escribir sobre algo pragmático y ojalá útil cuando se tiene a un niño no verbal que a los 3, 4 o 5 años aún no controla esfinteres.

Mi primera consulta sobre cómo sacarle los pañales a un niño no verbal fue cuando Max tenía 2 años. En aquella oportunidad el pediatra me respondió que «había que esperarlo» y me hizo sentir que yo no estaba siendo lo suficientemente paciente con mi niño sospechado de tener un trastorno del desarrollo.

Cuando Max tenía 3 años yo comencé a sentir cierta presión por parte del colegio pero el equipo terapéutico me aseguraba que «no creían que estuviese listo para dejar los pañales».  Es un tema delicado determinar hasta dónde una confía en terceros para permitir que cambien a un niño no verbal en una habitación privada, hasta cuándo una madre puede correr al colegio a cambiar personalmente a su hijo, o si simplemente hay que armarse de paciencia y esperar por lo que en ese punto parece un «milagro».

Los que hayan visto la película Los Fockers sabrán que es posible entrenar hasta a un animal arisco por naturaleza como lo es el gato para que use el inodoro. Esa película me inspiró a intentar el método de enseñanza con el mío. Los resultados fueron más que satisfactorios:

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Si es posible enseñar a un animal tan arisco, impulsivo, sin paciencia ni tolerancia como alguna vez lo fue mi gato -que dicho sea de paso pasó su primer año de vida en una jaula de una criadora con pocos escrúpulos-, yo imaginaba que enseñarle a un chico humano era mucho más fácil. Admito que mi visión era mucho más optimista que la confrontación con la realidad, pero sigo creyendo que es así.

Ahora, con esto no digo que sea fácil, pero en mi opinión como madre de un niño no verbal, pienso que no es desafío perdido y que la satisfacción de tener un hijo que controla esfínteres tan bien como Max hoy día, es algo que me llena de emoción y de alivio.

La clave está en ser metódicos, armarse de paciencia y de perseverancia. Accidentes van a haber muchos, caca en la alfombra, en el sofá, en la cama, ríos de pis, que nada de eso les haga bajar los brazos porque si nuestro instinto de padres nos dice que ellos pueden aprender, hay que intentarlo durante al menos un verano completo; aprovechando además que pueden andar por la casa livianos de ropa.

Lo primero es conseguir un cuadernillo práctico como para dejar cerca del baño, fácil de cargar de un lugar a otro. Se dividen las hojas en columnas: hora, si el pañal está húmedo al llevarlo al inodoro, si se sentó, si hizo (pis o caca) y si precisó o no de un refuerzo. Lo ideal es mantener un cronograma, empezar llevándolo cada media hora, junto a algo que le guste mucho (mi hijo empezó a ir al toilet con el celular). Todo este proceso puede ir acompañado de pictogramas  como pueden ser los siguientes:

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Esta primera etapa suele ser la más difícil por los berrinches, los accidentes, la frustración y la incertidumbre. Sin embargo, si perseveremos lo suficiente, es altamente probable que un milagroso día, nuestro niño acepte no solo sentarse en el inodoro, sino también que haga pis, y que de a poco lo vaya generalizando hasta que podamos decir que «si bien nuestro hijo no verbal no pide ir al baño, si lo llevamos hace».

Esta segunda etapa de hacer solo si es llevado a tiempo suele durar mucho tiempo, generalmente también es necesario un refuerzo para llevarlo, aunque no con tanta necesidad como al principio. Un buen día nuestro niño procederá a comunicarnos (ya sea mediante pictogramas o mediante gestos) que no quiere ir al baño porque no tiene ganas de hacer pis. Aleluya!

Así comenzará la tercera etapa en donde se empezará a sentir que se recolectan los frutos por tanto trabajo de equipo y tantos días anotando en el cuadernillo. Nuestro niño a esta altura ya sabrá que para hacer pis tiene que comunicarse, quizás solo baile y se toque la entrepierna cuando sienta ganas. Pero al final de la etapa, podrá pasar todo el día sin pañales y solo los precisará durante la noche.

La cuarta etapa consiste en que consiga generalizar exactamente lo mismo con la caca, por este motivo yo prefería que hiciera pis sentado,  para que entendiera que lo mismo se aplicaba a la caca. Una vez que esto está logrado, el varoncito (por copia o por comodidad) hará pis parado y solo se sentará para hacer caca. La ultima etapa consiste en lograr que logre limpiarse solo y que tire de la cadena cuando sea posible.

Max en este momento va solo al baño, se limpia y tira de la cadena. No obstante, le cuesta hacerlo sin sacarse los pantalones, aún no se da cuenta que no precisa desnudarse de la cintura para abajo para ir al baño, por lo que yo sigo acompañándolo. Sin embargo, confío en que no va a pasar mucho tiempo para que pueda ir sin ningún tipo de supevisación.

Espero que este método les sea de ayuda, especialmente a aquellos niños no verbales. Cualquier consulta es bienvenida!