Geopolítica Rusia y espacio postsoviético

La guerra de los drones rusos: de atacar a Ucrania a vulnerar Europa

Rusia ha lanzado sus drones más allá de Ucrania, como demuestran las incursiones en Polonia y Rumanía. Este auge debe impulsar a Kiev en el campo de batalla y la resistencia conjunta de los aliados europeos, a los que el Kremlin supera en este nuevo ámbito de la guerra.
La guerra de los drones rusos: de atacar a Ucrania a vulnerar Europa
Daños en un edificio residencial en Kiev tras un ataque ruso con drones iraníes en la noche del 8 de mayo de 2023. Fuente: Administración Estatal de la Ciudad de Kiev (Wikimedia Commons)

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El pasado 9 de septiembre, una veintena de drones rusos penetraron en el espacio aéreo de Polonia, obligando al cierre de los aeropuertos de Varsovia y desencadenando la máxima alerta de la OTAN desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania. El primer ministro polaco, Donald Tusk, convocó una reunión gubernamental de emergencia, calificando la violación de “sin precedentes en cuanto a su magnitud” e invocando el artículo 4 del Tratado del Atlántico Norte para celebrar consultas en caso de amenaza. 

Una semana después, otro dron ruso violó el espacio aéreo de Rumanía durante un ataque contra Ucrania, lo que llevó a Bucarest a enviar aviones de combate en respuesta a esta provocación híbrida. A principios de agosto, Rumanía había sufrido una explosión, presuntamente por un sabotaje, en la fábrica de armas de Cugir, que destruyó más de 130.000 cartuchos de munición destinados a Ucrania.

Estas provocaciones no son repercusiones aisladas de la guerra de Ucrania. Se produjeron en vísperas del Zapad 2025, el mayor ejercicio militar de Rusia y Bielorrusia desde 2021. El Kremlin está sondeando la preparación de la OTAN, combinando incursiones con drones, sabotajes y interferencias en el GPS para enviar un mensaje estratégico de que defender los Estados fronterizos de la Alianza tendrá un coste real.

En los últimos meses también han aumentado los sabotajes relacionados con redes rusas en toda Europa. Estos incluyen la detención de un ciudadano colombiano por incendio provocado en Varsovia, la condena de tres hombres en Londres por incendiar un almacén que guardaba dispositivos Starlink destinados a Ucrania y una sentencia de ocho años para otro ciudadano colombiano en Praga por un complot para provocar un incendio en el transporte público.

El uso de drones por parte del Kremlin es parte de una campaña de guerra híbrida más amplia que combina la destrucción física con otras herramientas híbridas —sabotajes, desinformación o guerra psicológica— para socavar la cohesión social en Europa y el apoyo militar y económico a Ucrania. Cada incursión de drones en territorio de la OTAN es una prueba deliberada para la resistencia de la Alianza y para la capacidad de la Unión Europea de adaptarse a la presión híbrida. Y es probable que haya más situaciones como esta en el flanco oriental de la Alianza como parte de la campaña de guerra híbrida del Kremlin.

De herramienta táctica a doctrina estratégica

El Kremlin ha aumentado este año la producción de drones a una escala sin precedentes desde 2022. Está realizando importantes inversiones en ampliar la infraestructura industrial e innovar en materia de los propios drones, así como en captar más mano de obra para producirlos. Estos recientes avances en el enfoque de guerra híbrida del Kremlin suponen una amenaza para Ucrania y para la seguridad europea.

El primer ministro ruso, Mijaíl Mishustin, anunció en julio en la exposición industrial de Ekaterimburgo que la producción de vehículos aéreos no tripulados (UAV) ya se había triplicado en comparación con los objetivos iniciales para el año. Este anuncio confirma el preocupante cambio que se ha observado durante meses en los cielos ucranianos. En total, se espera que el Kremlin produzca entre tres y cuatro millones de drones en 2025, más del doble que la meta de 1,4 millones en 2024, según los datos disponibles. El objetivo del Kremlin es consolidar los drones como pilar central de su economía de guerra. Las cifras recientes confirman esta trayectoria: Rusia produjo más de 34.000 drones de ataque y señuelos a mediados del pasado septiembre, casi nueve veces más que en el mismo periodo de 2024.

Una nueva base industrial para la guerra con drones

Rusia está construyendo rápidamente la infraestructura para su campaña de desarrollo de drones. A principios de 2025, empezó a producir baterías de iones de litio de diseño nacional en el centro de innovación UAS Samara de la ciudad de Toliatti. Su capacidad de producción anual asciende a más de 100.000 unidades para pequeños vehículos aéreos no tripulados y más de 8.000 para otros más grandes. Esta capacidad está destinada oficialmente a drones educativos y agrícolas, pero es probable que pueda ampliarse a usos militares. Además, en febrero, una instalación especializada en la ciudad de Novosibirsk comenzó a fabricar hélices y palas de rotor compuestas de alta calidad para drones de todos los tamaños.

También en junio, la filial Rosel del conglomerado industrial de defensa estatal ruso, Rostec, presentó un sistema de navegación independiente de satélites para drones. Este sistema está diseñado para funcionar en entornos sin GPS y resistir la guerra cibernética y electrónica, como respuesta directa a las capacidades de interferencia occidentales. Ya superó las pruebas de vuelo y está listo para su producción en serie. Esto es relevante para la OTAN, dado que las interferencias del GPS están afectando a los vuelos en Europa, especialmente en la región del Báltico.

Los incidentes de septiembre en Polonia y Rumanía demuestran cómo estas mejoras tecnológicas ya se están aplicando contra el espacio aéreo de la OTAN. Lo que Ucrania ha sufrido durante dos años se está extendiendo ahora de forma visible a los cielos europeos. En conjunto, estas tecnologías proporcionan una arquitectura de drones más autónoma y resistente a las sanciones, diseñada para un uso prolongado en tiempo de guerra. Estos avances forman parte de una estrategia más amplia para minimizar la dependencia de las importaciones y facilitar la integración vertical en toda la cadena de producción de drones de Rusia.

Innovación en el campo de batalla

El Kremlin no se centra sólo en la cantidad, sino que busca innovación táctica. Para ello está desplegando nuevos tipos de drones de primera línea, cada uno adaptado a una misión militar concreta. Los drones miniaturizados guiados por pilotaje con visión remota (FPV), a menudo denominados Mini-Shaheds, se usan ahora ampliamente en el este de Ucrania. Estos drones compactos, con una envergadura de 1,5 metros y capaces de transportar hasta quince kilos de explosivos, se pilotan manualmente y están diseñados para realizar ataques de precisión contra objetivos tanto estáticos como móviles.

El pasado junio, las fuerzas ucranianas derribaron un nuevo dron Shahed-136 MS001 con visión térmica, selección autónoma de objetivos y coordinación de enjambres mediante inteligencia artificial. Estos drones son capaces de seleccionar objetivos y operar en coordinación con otras unidades sin la intervención en tiempo real de un operador. Los avances indican que el Kremlin está probando la autonomía en el campo de batalla y preparándose para abrumar las defensas mediante ataques de saturación coordinados.

Rusia está llenando otros vacíos en su arquitectura táctica. En julio, el dron interceptor Kinzhal, diseñado para embestir drones enemigos usando guía térmica, fue presentado en la exposición Innoprom 2025 en Ekaterimburgo. Además, el Kremlin anunció que había desarrollado Svarog, un dron logístico de carga pesada destinado al despliegue en primera línea en agosto, capaz de transportar cargas útiles de hasta cincuenta kilos por la noche. Entretanto, ha empezado a producir drones navales en la planta de maquinaria de Kingisepp, lo que difumina aún más la frontera entre los ámbitos civil y militar en el mar Negro.

Muchos de estos sistemas son resistentes a las interferencias, funcionan con energía solar o están diseñados con cargas útiles modulares. Algunos se combinan con señuelos para confundir al radar, mientras que otros se lanzan en grandes formaciones para agotar las defensas aéreas ucranianas. Rusia está probando su enfoque en tiempo real y perfeccionándolo con la información obtenida en el campo de batalla.

Formación y coacción para ampliar el personal

El Kremlin invierte mucho en programas de formación para estar a la altura de sus avances tecnológicos en materia de drones. A principios de este año puso en marcha un plan gubernamental para formar a 1,5 millones de operadores de drones de aquí a 2030, integrando el uso de drones en el tejido de los sistemas militares, educativos e industriales de Rusia. Al mismo tiempo, el Kremlin está complementando su plantilla mediante prácticas de contratación agresivas y, a menudo, explotadoras.

La zona económica especial de Alabuga, en Tartaristán, se ha convertido en un centro neurálgico para la fabricación de drones rusos. Desde finales de 2024, se ha ampliado en más de 160 hectáreas. Las imágenes satelitales y los informes de investigación confirman la construcción de docenas de dormitorios para alojar a una base cada vez mayor de mano de obra extranjera. Cientos de mujeres de África, América Latina y Asia han sido reclutadas bajo programas de “formación” engañosos y, según se informa, ahora trabajan en condiciones coercitivas en las cadenas de montaje de drones.

Hay pruebas de que muchas de estas trabajadoras enfrentan restricciones de viaje, largas jornadas laborales y vigilancia. Mientras tanto, desde el pasado junio, el Kremlin ha estado trabajando en traer hasta 25.000 trabajadores norcoreanos para satisfacer las demandas de producción. Estas prácticas laborales, que antes eran marginales, se han convertido en fundamentales para su modelo industrial en tiempos de guerra.

Atacar civiles y probar la resistencia ucraniana

El Kremlin ha intensificado el uso de drones tanto en escala como en letalidad. Según la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, sólo en junio de 2025 más de 1500 civiles resultaron muertos o heridos, y los drones fueron responsables de más de la mitad de esas bajas. Las cifras de víctimas de julio fueron las más altas desde mayo de 2022, con 286 civiles muertos y 1388 heridos.

Aunque la intensidad disminuyó en agosto, los ataques con drones siguieron siendo letales: el Kremlin lanzó 4.132 drones de largo alcance y con ellos mató a 208 civiles e hirió a otros 827. El final de mes fue especialmente cruel. En una sola noche (del 27 al 28 de agosto), Rusia lanzó 598 drones y 31 misiles, que causaron la muerte de veintitrés personas en Kiev, entre ellas cuatro niños, y heridas a otras 64. Durante ese mes, los ataques con drones de corto alcance causaron más víctimas civiles que cualquier otra arma, con 58 muertos y 272 heridos, principalmente en las provincias de Jersón y Donetsk. La ofensiva continuó en septiembre, con el lanzamiento récord de 810 drones, una escala que desbordó las defensas ucranianas y puso de relieve la capacidad del Kremlin para mantener tácticas de saturación con drones.

Todos estos ataques no son meramente de naturaleza militar. Forman parte de campañas psicológicas diseñadas para desestabilizar la sociedad ucraniana, degradar la funcionalidad de los servicios públicos y poner a prueba la resistencia de la población civil. El mismo enfoque, ya exportado a países de la OTAN como Polonia y Rumanía, demuestra que Moscú considera la guerra con drones como una herramienta híbrida de coacción mucho más allá de las fronteras de Ucrania.

¿Qué implica para Europa?

La OTAN y la Unión Europea deben seguir muy de cerca el creciente interés de Rusia por producir drones. Los que sobrevolaron Polonia y Rumanía en septiembre marcan un punto de inflexión en la escalada entre Rusia y Occidente. Estos incidentes ilustran que la campaña de drones del Kremlin ha pasado a ser una estrategia híbrida transnacional dirigida tanto al flanco oriental de la OTAN como a Ucrania.

La arquitectura que prueba Ucrania, incluyendo enjambres impulsados por inteligencia artificial, objetivos autónomos, líneas de producción nacionales y mano de obra coercitiva, está diseñada para ser adaptable. Los casos de septiembre subrayan cómo el Kremlin considera la integración de los drones en campañas híbridas contra la propia OTAN, combinando sabotaje, desinformación y violaciones del espacio aéreo.

Ucrania y sus socios deben tratar esta evolución no como una fase temporal, sino como una transformación estructural de la guerra moderna. Las soluciones contra los drones, incluidas las unidades móviles de interferencia, los láseres de alta energía y las defensas basadas en la inteligencia artificial, deben convertirse en una prioridad estratégica. Del mismo modo, son esenciales los sistemas de refugio, las comunicaciones de emergencia y la inversión en innovación nacional en materia de drones.

Mientras tanto, los dirigentes ucranianos deberían acelerar el desarrollo de su capacidad industrial en materia de defensa. Las recientes iniciativas conjuntas con el Reino Unido, Dinamarca y Países Bajos en el ámbito de los drones son prometedoras. No obstante, pueden encontrarse con obstáculos en materia de adquisición y retrasos en la entrega. Es fundamental considerar la base industrial de Ucrania como un activo estratégico no sólo para Ucrania, sino también para la seguridad europea en su conjunto.

Más allá del campo de batalla, deben endurecerse las sanciones sobre los componentes de los drones y ampliarse para abarcar las cadenas de suministro de mano de obra. Las instituciones occidentales deben aumentar la supervisión sobre cómo se ensamblan las tecnologías relacionadas con los drones y quién lo hace. Esto es urgente dado que recientemente se han descubierto piezas de fabricación china en los drones rusos Shahed, fabricados apenas unas semanas antes de la última intensificación de los ataques contra Kiev.

La guerra en Ucrania ya no se limita a los misiles y la mano de obra, sino que cada vez tiene más que ver con la resiliencia de las infraestructuras, la automatización y el dominio de la información. Los países europeos deben adaptarse rápidamente y apoyar a Ucrania, que se ha convertido en un campo de pruebas de lo que podría ocurrir en Europa a gran escala en un futuro próximo.

Conclusión: prepararse o padecer

El objetivo principal de Rusia es producir, adaptar y exportar un modelo de coacción híbrida que socave la resiliencia civil más allá de Ucrania en el flanco oriental de la OTAN. Los casos de septiembre en Polonia y Rumanía demuestran que este modelo ya está traspasando fronteras, poniendo de manifiesto las vulnerabilidades de la capacidad europea para disuadir las incursiones híbridas. A menos que la OTAN y la Unión Europea adopten una doctrina unificada contra los drones, integren la defensa civil en la planificación de la seguridad y se preparen para campañas de presión híbridas que combinen drones con sabotajes y desinformación, Europa enfrentará las mismas tácticas de saturación que se están desplegando ahora en Ucrania.


Este artículo fue publicado originalmente en inglés el pasado 16 de octubre en la página web de la revista ‘New Eastern Europe’. Lo tradujimos y republicamos en el marco del proyecto europeo Media Organisations for Stronger Transnational Journalism (MOST).

Maksym Beznosiuk

Analista y escritor especializado en política estratégica y seguridad, centrado en Ucrania, Rusia, la guerra híbrida, la seguridad europea y la cooperación entre la Unión Europea y Ucrania. Tiene un máster en Derecho del Medio Ambiente Global y Cambio Climático por la Universidad de Edimburgo, un doble máster en Estudios Europeos (Eurocultura) por las universidades de Uppsala y Jagellónica, y una licenciatura y un título de especialista en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Taras Shevchenko de Kiev.