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Geopolítica Rusia y espacio postsoviético

Rusia no garantizará la paz en Ucrania: siempre quiso la guerra

El Kremlin quiere imponerse en Ucrania más allá de unas negociaciones. Desde la invasión no ha dejado de militarizar la sociedad rusa, incluso en los colegios. Aceptar sus demandas sólo le animaría a lanzarse a otro conflicto, como ha ocurrido hasta ahora. El belicismo es contra Occidente.
Rusia no garantizará la paz en Ucrania: siempre quiso la guerra
El presidente ruso, Vladímir Putin, durante el nombramiento de altos cargos militares en mayo de 2018. Fuente: Presidencia de Rusia (Wikimedia Commons)

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Rusia parece mostrarse dispuesta al diálogo para dejar de ser un paria internacional y terminar la guerra en Ucrania. El presidente Vladímir Putin esperó pacientemente la vuelta al poder de Donald Trump en Estados Unidos para iniciar unas conversaciones coincidiendo con el tercer aniversario de la invasión rusa. Moscú ha tendido la mano para la paz, aunque sólo sea complaciendo los oídos del presidente estadounidense.
Sin embargo, las políticas del Kremlin están lejos de indicar que Rusia vaya a convertirse en un actor pacífico. Putin no ha hecho nada para desescalar el conflicto, y encima se ha enrocado en mayores exigencias que las anteriores a la invasión. A la desmilitarización, el no ingreso de Ucrania en la OTAN y un cambio de presidente se suman el reconocimiento de la anexión de la península de Crimea y de los territorios que Rusia ha ocupado en el este de Ucrania. Al mismo tiempo, la propaganda interior mantiene un discurso beligerante contra Occidente: el Gobierno ya está preparando al país para un futuro conflicto.
Aceptar la paz de Moscú es animarle a otra guerra
Firmar una paz bajo las condiciones de Rusia sería premiar al país agresor. El Kremlin considera suyo más territorio del que ha ocupado en Ucrania, que son las regiones de Jersón, Zaporiyia, Donetsk y Lugansk, además de Crimea. Aceptar estas reclamaciones validaría una invasión militar de un Estado sobre otro, creando un precedente que invite a otros países con reclamaciones territoriales a desarrollar acciones similares y salir impunes. Ya ha sido el caso de Azerbaiyán en el Alto Karabaj y de Israel en la Franja de Gaza en 2023. El próximo podría ser una invasión china de Taiwán.
Pero no hay que irse tan lejos. Putin ya había aprendido la lección en 2008, cuando Rusia invadió las regiones georgianas de Osetia del Sur y Abjasia, ahora territorios separatistas sin reconocimiento internacional. Volvió a ocurrir con el apoyo armado y financiero a las regiones separatistas ucranianas de Donetsk...

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Oleg Lukin

San Petersburgo, 1995. Crecí en La Línea de la Concepción, Cádiz. Graduado en Periodismo y Máster en Política Internacional (UCM). He pasado por elEconomista, BBVA Global y Cinco Días. Colaboro con el Grupo de Estudios de Semiótica de la Cultura e investigo sobre construcciones culturales, concretamente, dentro del espacio postsoviético.