Israel acaba de firmar la paz con los Emiratos Arabes Unidos (un conjunto de 7 estados-países que se constituyó como país a principios de los 70 y están cagados en guita, como se dice en porteño) y con Bahreim (del que poco sabemos, además de que son un país árabe.
El hecho es histórico. Claro que no es de la magnitud de Egipto o Jordania, con los que Israel tuvo encarnizadas guerras en el pasado y logró firmar la paz. Pero nadie va a desmerecer estos dos acuerdos de paz. Sería tan tonto como decir que el mundial del 86 vale más que el del 78 porque en México no compramos ningún partido. Bueno… quizás en ese caso aplique. No importa. Dejemos el fútbol de lado.
PAZ en Medio Oriente. Es como el descenso de Boca: lo esperan todos pero no llega. Y cuando asoma, los palestinos, aquellos que podrían ser los más beneficiados con la llegada de la Paz, lo celebran lanzando una lluvia de misiles a Israel.Oajlá fuese más creyente para esperar que Dios, el dios de ellos, el nuestro o el que sea… les dé su merecido.
Dijimos que ibamos a dejar el fútbol de lado.
Según dijo Trump, unos 6 o 7 países árabes más van a firmar la paz con Israel. Es un logro que yo celebro enormemente. Me importa un carajo que sean Trump y Netaniahu los que lo hacen. Eso le enseña a todos que no hay que ser fanático de un lado u otro. Si Riquelme hubiese hecho un gol en la final del mundial lo habría gritado y le habría levantado un monolito a pesar de ser un forro. Y dale con el fútbol!
Lo importante es que se haga. Y lentamente está pasando. Uno hace lo que hay que hacer. Conozco gente que si no lo hace perfecto, prefiere no hacerlo. Y no. No es así. Hay que hacerlo y después mejorarlo. Porque si no, te quedás en el lugar y no hacés nada.
Salimos del Líbano. Salimos de Gaza. Discutilo de hoy hasta mañana, pero en el norte no lamentamos más muertes de pibes de 20 años y en el sur el mundo está entendiendo que los palestinos no son los pobrecitos que dicen sino que son un atajo de hijos de puta violentos. Pero nosotros no vamos a caer en el offside. Porque como decía Menotti: para entrar en una jugada, hay que saber salir. Y estamos saliendo.
