Guerra con Hamás – Día 261

Una idea, ¡por fin!.

Ustedes saben que el Golán, es parte oficial de Israel, ¿no? En la guerra de los seis días de 1967, Israel ganó (yupi!) en todos los frentes y quedó en posesión de territorios que, cada uno, tuvo distinta suerte: Gaza y Cisjordania, ya sabemos: quedaron estancados en una política desprolija que hasta hoy en día su status es complicado y no se define; El Sinai se lo devolvimos a Egipto a cambio de un acuerdo de paz; las alturas del Golán, por cuestiones estratégicas, lo anexó Israel. Siria, que fue buen perdedor, nunca más lo reclamó. Perdió la guerra y perdió su territorio. Lo mismo con Jerusalem, que estaba en manos de Jordania y hoy en día es indiscutiblemente israelí.

Volviendo al tiempo presente, como dijimos hace dos días, estamos estancados porque Hamás no acepta las condiciones de ningún acuerdo para intercambiar a los rehenes a cambio de nada. Y si te ponés a pensar en el balance de fuerzas, Israel es militarmente mucho más poderoso que Hamás. Y sin embargo lo tratan de convencer como si fuese un nene chiquito que no se quiere lavar los dientes.

¿Qué hace un padre en ese caso? Le dice al hijo que si no se lava los dientes, no hay mas TV. Algo que le duela para que el pibe, queriendo o no, lo haga.

Hamás, y en general el pueblo palestino, hemos visto con sobrados ejemplos, no se interesa por la vida humana. No por la de Israelíes o judíos ni tampoco por la de sus propios ciudadanos a los que usa de escudos humanos disparando desde sus casas, escuelas y hospitales. Lo único que realmente les interesa es la tierra. Quieren echar a los judíos de Israel porque consideran que todo ese territorio («desde el río al mar») les pertenece, quién sabe por qué.

Siendo inteligentes, el manejo de las negociaciones sobre los secuestrados tiene que cambiar radicalmente. Porque no funcionó por las buenas ni tampoco por las malas. Ni hablando ni bombardeando. Entonces, a cambiar se ha dicho.

La idea es que por cada semana que no entreguen 10 secuestrados, Israel vaya ANEXANDO 3 kilómetros de la franja de Gaza desde el norte. E ir avanzando semana a semana hasta que no les quede nada.

Anexar es una actividad consecuente de la finalización de una guerra en la cual el ganador se queda con el territorio en disputa. Israel no lo hizo en 1967 pero tampoco lo devolvió. Ese error le costó a los dos pueblos un enfrentamiento que ya lleva 57 años. Es hora de terminarlo. Y como ceder los territorios no es una opción porque el que está del otro lado es un grupo terrorista con intenciones de asesinar a todo judío habido y por haber, la opción que queda es anexarlo como se hizo con las alturas del Golán.

10 secuestrados por semana o 3 Km anexados. En 12 semanas podemos terminar esta historia con los secuestrados a manos de sus seres queridos o por la fuerza anexando un territorio y que a partir de ahora, la ley que rija sea la del que manda. Basta de pedir por favor. No funcionó.

Guerra con Hamás – Día 259

Un sueño.

Sabrán que esto está estancado. Estancado en el horror de tener que lamentar cada cierta cantidad de días soldados israelíes muertos, estancados en que 120 secuestrados -de los cuales hay aproximadamente 40 con vida- siguen en manos de Hamás en Gaza, estancados en que hay gente que manifiesta para que se vaya el gobierno mientras no hay ningún candidato que se proponga para ser primer ministro y hasta se especula con el vocero del ejército como nombre en las encuestas, dando una idea de lo perdido que está este país a nivel político, que candidatea a un tipo solo porque habla a las cámaras una vez al día contando las noticias de la guerra y al ser vocero sabés que lo que dice es «oficial y verdad», entonces dale que va, votémoslo para primer ministro a ver qué onda. Así de estancado está todo.

Por otro lado, estancados con EEUU que dice que no nos va a dar ayuda militar para que hagamos lo que ellos quieren, pero después de hacer lo que nosotros queremos, salen a tranquilizar diciendo que nos van a dar todas las armas que necesitamos. Así, día a día alternan esos dos mensajes de EEUU, dando credibilidad cero a todo lo otro que puedan decir.

En el norte del país seguimos estancados en que nos cagan a misiles y nosotros respondemos moderadamente para no declarar oficialmente la guerra y todos estamos estancados esperando el momento en que eso también se va a la mierda y arranca la 3ra guerra con El Líbano porque el mundo entero no puede ni quiere hacer nada mientras UN PAÍS, sin reclamo territorial ni de ningún tipo salvo «te odio y te quiero matar» esté atacando a otro sin cesar por más de 8 meses. La ONU, gracias… tomando un té de tilo.

Y mientras todo eso sigue estancado, yo duermo con el ventilador a full y tengo un sueño. Porque hace unas dos semanas volví de Londres, y para viajar me saqué el «disquit» (esa chapita que tienen los soldados con su identificación por si algo les pasa, Dios no lo quiera, que desde que empezó la guerra se distribuyó entre los civiles con la leyenda «Bring them home now») porque me dijeron que no convenía que me reconociesen como judío por la calle. Y yo, que siempre fui muy cocorito y aún en Argentina, tierra antisemita si las hay, más por ignorancia y odio a las minorías que por algún tipo de ideología sustentada, siempre andaba cantando a los cuatro vientos mi judaísmo, hice caso y me saqué el disquit.

Y hoy soñé que estaba por Londres con mi infaltable lista de lugares para visitar como turista, andando en bicicleta, tratando de encontrar un lugar que se me estaba haciendo el difícil, y de pronto me encuentro en un patio de entrada a un edificio que, a juzgar por todos los jóvenes que allí estaban sentados, era una Universidad, y voy avanzando caminando con mi bicicleta al lado buscando el lugar, hasta que pregunto, en inglés, con mi acento sudamericano, dónde queda tal o cual cosa. Uno de los estudiantes me va acompañando y me intenta decir que tengo que pasar ese salón que tenemos adelante y al término del mismo doblar para la izquierda. Y justo los estudiantes van caminando en esa misma dirección así que el pibe que me acompaña ayudándome con la bici mientras yo sigo tratando de entender el mapa en mi teléfono celular, y de pronto acerca un poco su cara y me murmura «me ifo atá baaretz?» («¿de qué ciudad sos en Israel?»). Y me hace un gesto con la cabeza indicando que no conviene que sepan que soy judío ni mucho menos de Israel.

Así estamos. Lo soñamos porque pasa. Está pasando eso en Europa. Igualito no, pero parecido a 1933. Y el mundo sigue estancado en ese año también, porque no hace nada. Ni siquiera legislando una ley hipócrita como la de Argentina en los 90 en la que si pintás una esvástica vas preso. Ni eso. Estancados. Todos.

Guerra con Hamás – Día 247

Los Secuestrados y los Liberados


Cuestan contar los días que lleva esta guerra por varios motivos. El primero (y no el más importante) es que parece no terminar nunca y uno no puede menos que pensar cuál va a ser el número. Porque las guerras pasadas de Israel nunca duraron tanto. Si bien la de la Independencia se extendió bastante, no fue el mismo tipo de conflicto.

El motivo más importante son los secuestrados. Pensar en 8 meses estar en las condiciones en las que mantuvieron a los rehenes, es imposible. Y digo imposible porque de verdad ninguno de nosotros se lo puede imaginar por más esfuerzo que hagamos. Porque cuando tus amigos de Sudamérica te preguntan cómo estás con esto de la guerra, le contás lo mal que la pasaste el 7, el 8, y quizás hasta el 30 de Octubre, cuando el ejército empezó a tomar el control de Gaza y los misiles empezaron a aflojar. Eso es todo lo que podés contarles. Apenas unos 20 días de ir 4 o 5 veces al refugio, quien más, quien menos. Algunos 30 veces. Pero eso es todo. Quizás un día en el medio de la noche y después te costaba mantenerte despierto en el trabajo por la falta de sueño.

La historia de los secuestrados es diferente. Aquellos que tienen la suerte de seguir vivos. Que tienen esa suerte pero quizás no tanta como para que no los hayan matado de hambre. O quizás sí comieron pero los obligaron a leer el Corán. O quizás no los obligaron a leerlo pero los violaron. Y 120 de ellos siguen allí. Por eso el número de días que sigue aumentando, no tenemos que olvidarnos, duele doble para ellos. O triple.

Y aún así, el sábado a la mañana, como un regalo al corazón, las fuerzas de inteligencia de Israel, combinando un trabajo excelente con el ejército, recataron con vida a 4 secuestrados. Una historia increíble que nos hizo llorar a todos. No una sino todas las veces que hablábamos de eso. Yo estaba en Londres, y todavía escribo estas palabras en el avión. No había visto una imagen, ni escuchado un audio ni nada. Solamente leí un texto, comunicado oficial de Tzahal, y me puse a llorar. Me calmé, le grabé un mensaje a la cordobesa y me quebré en el medio. Le vuelvo a grabar un audio porque me cuentan que es el cumpleaños del papá de Noa Argaman, una de las liberadas, y me pongo a llorar de nuevo. Me llama la cordobesa y no puedo aguantar el llanto. La alegría, la emoción es tanta que ahí te das cuenta de lo mucho que sufrimos todos por ellos. De lo mucho que necesitábamos un poco de desahogo. Algo que nos haga sentir un minuto que al menos por ellos 4 todo esto valió la pena. Para rescatarlos del infierno.

Pienso en forma egoísta que han pasado tantos días de Guerra como secuestrados hubo desde el 7-10, y si tan solo hubiésemos tenido un liberado por día, para calmar un poco la angustia, para liberar de tanto sufrimiento a las familias, para devolverle la libertad a un secuestrado que ni defenderse pudo. Pero así vienen barajadas las cartas. No tenemos forma de modificarlas. Al menos nosotros. Solamente nos podemos dar el lujo de no aguantarnos y de llorar. Llorar de emoción. Porque a todos nos pasó lo mismo. Y ya no aguantamos más.

Que vuelvan los 120 que quedan. De un saque. Que nos mate la emoción si hace falta. Pero que vuelvan ya.

Guerra con Hamás – Día 239

Hacé la tuya, Israel.

Si no vinieron cuando hubo que defender, cuando un grupo de 1500 terroristas invadió LITERALMENTE el territorio soberano de Israel y asesinaron a 1200 israelíes civiles a sangre fría y de las maneras más horribles, despreocupate que tampoco van a venir si no les das un puerto. El mundo entero habla por hablar.

El mundo entero negocia con Hamás como si fuese un nene al que hay que convencer de que se bañe. En todo el mundo no se negocia jamás con terroristas y se los hace mierda sin dudarlo. Pero guay de que en Israel les tires una piedra a los pobrecitos. a Hamás se los trata bien.

El mismísimo presidente de EEUU hace todo un discurso para ver si Hamás se digna a aceptar y recibir de regalo la finalización de una guerra que ellos empezaron, a cambio de devolver los rehenes que ellos mismos secuestraron. Es decir… Israel, que es el que debería ganar la guerra -si el mundo entero lo dejase- en la finalización de este conflicto, ¡no gana absolutamente nada! Porque recuperar los secuestrados, la mayoría de ellos en un cajón, es estar peor que el 6-10. Y que Hamás siga gobernando Gaza es estar igual o peor que el 6-10. Y tener nuevas generaciones de Palestinos en Gaza que sus mentes serán lavadas con el discurso de que sus vidas están arruinadas y que fueron evacuados de sus casas por culpa del ejército de Israel, solamente va a generar más odio para las próximas generaciones.

En conclusión: si el acuerdo se firma, vamos a estar peor que antes. Los palestinos de Gaza también. Porque allí también murieron miles y miles de inocentes. Y sus casas y pertenencias desaparecieron (aunque el mundo se encargará de restituirlos económicamente)(no así como con los miles de israelíes que perdieron todo, incluyendo sus medios de sustento). Es decir… el único que gana es Hamás, que saldrá a las calles a festejar y a repartir caramelos porque el enemigo sionista no pudo con ellos. Y nosotros a mordernos los labios viéndolo por TV.

Si alguien se pregunta por qué la oposición de Israel no salta a pedir ser gobierno (ni Gantz, ni Lapid, Ni Bennet está pidiendo que los elijan para ser primeros ministros) es porque el pobre infeliz que está en ese puesto tiene todas opciones malas delante suyo en este momento. Tiene que devolver a los secuestrados como prioridad número uno porque el Estado tiene la obligación de cuidar de la seguridad de sus ciudadanos y el 7-10 falló en esa misión y ahora no le queda otra que compensarlos como sea. Y mientras cumple con esa misión, se le escapa la presa mayor de la caza que es Hamás y su serpiente Sinwar a la cabeza.

Lo único que veo como ganancia en esta guerra -ya que destruir todos los edificios de Gaza no nos sirve para nada como israelíes- es la toma de mando del límite entre Egipto y Gaza (el llamado «eje de Filadelfia»). Es increíble que hasta el día de hoy Israel haya permitido que un territorio gobernado por terroristas, cuyo estado no es el de un país soberano, tenga un límite con un país árabe por el cual entran todos los explosivos con los que ponen en jaque a todo el sur de Israel desde hace años. Simplemente increíble. Porque no es magia cómo construyen sus misiles. De algún lado llegan todos esos materiales, y ese lugar no puede ser otro que Egipto. Israel va a tener que poner allí una muralla de 10 metros de alto y otros 15 de profundidad. Declarar una franja de 2km de ancho como zona militar, y poner misiles apuntando a Rafiah, Gaza, Jebalya y Han Yunes. Misiles de colores flúo para que se vean también en la noche. Y con calaveras dibujadas para que les recuerde bien cómo puede terminar la historia si repiten un 7-10.

Si eso tampoco se cumple, podremos decir que por primera vez en la vida, perdimos una guerra.