Tuve una idea, pero no.
Ayer una noticia me sacudió. Nombraron a un miembro del ejército un Oficial (Katzin) Principal en Gaza. Es decir, un puesto con nombre y todo que anuncia que Israel se piensa quedar en Gaza por un tiempo. Recordemos que en 2005 tanto el ejército como los israelíes que allí vivían, se retiraron en forma unilateral y voluntaria a cambio de nada y esto fue lo que obtuvimos en lugar de la paz tan ansiada.
Entonces tuve un rayo de esperanza pensando que quizás, cambiando de método, la cosa cambie. Sin «colonos» israelíes pero con presencia militar, Hamás no va a poder gobernar las calles de Gaza una vez que la guerra termine. Tampoco van a poder construir túneles interminables como los hay hoy, para ejecutar sus actividades terroristas. La ayuda humanitaria que llegue -se le haría llegar- no la va a administrar un gobierno corrupto como es el de Hamás sino que llegaría a la gente en forma directa de manos de Israel. Y con este panorama tan romántico y hermoso, quizás la gente normal, empiece a ver que su vida cambia para mejor, y que quizás se pueden convertir en israelíes-árabes como los que viven en Tira, Jaljulya y demás ciudades árabes que están insertas dentro de Israel sin problemas, a las que todos los judíos pueden ir a hacer compras y demás.
Pero me duró poco la ilusión al estilo «imagine all the people» de John Lennon. Y ya te digo por qué.
Israel se creó como un país para que los judíos puedan vivir en él. Tan chotos somos los judíos a los ojos del mundo (especialmente en aquella épóca, apenas terminada la segunda guerra mundial) que el mundo estuvo de acuerdo en que había que crear un país para los judíos. Como si fuese una isla para los leprosos. Algo que no existe en ningún otro país del mundo. No existe un «país para negros» o un «país para personas de ojos celestes» o un «país para lesbianas». Pero sí existe un país para judíos. Y a pesar de que pasaron más de 70 años de aquella definición casi ofensiva -si se la mira como acabo de describirlo- vemos por las reacciones alrededor del mundo que el ser judío sigue siendo razón suficiente para millones de personas para levantar una bomba molotov y tirarla contra una sinagoga o salir con una camioneta llena de explosivos para volar una embajada de Israel alrededor del mundo. Entonces esa necesidad de un país en el que los judíos puedan vivir sin ser expulsados ni discriminados -ni asesinados- por el solo hecho de ser judío, lamentablemente, todavía existe.
Así pues mi idea se fue al tacho. Porque si la primavera de Gaza funciona, esos 2 millones de palestinos van a recibir -llegado el día- un documento de identidad israelí. y los 15 diputados árabes que hay hoy en congreso se convertirán, por una cuestión lógica de representación, en 32. Y con eso, gobernás el país. Con eso podés derogar leyes que dicen que en Shabat se respeta el feriado. Con eso podés desmantelar el ejército. Con eso imponés el estudio del Corán en los colegios y cambiás el idioma oficial del país al árabe y sacás esa estrella pelotuda de la bandera y le cambiás el color por rojo verde y negro. Con eso perdés la esencia y definición del Estado de Israel, que se creó, como ya dije, en el hogar para los judíos.
Así que no… no va a poder ser. Despertate. A no ser que se llegue a un acuerdo demográfico -como ya lo propuse hace meses- en el que cientos de miles o un millón y pico de gazatíes se vayan a vivir a Egipto y a Qatar voluntariamente -en donde seguramente la van a pasar mucho mejor que en Gaza-, la idea no será viable.
Me imagino lo decepcionante y desesperante que debe ser estar en la mesa en la que se tiene que resolver el futuro de Gaza y ver que todas las soluciones posibles, son malas.








