Tristeza Pelirroja.
Hoy fue un día sumamente triste. Multitudes acompañaron a lo largo de las rutas de Israel el cortejo fúnebre de Shiri, Ariel y Kfir. La familia que se convirtió en un símbolo no solamente de la brutalidad de Hamás sino de toda la guerra. No es que los demás muertos no importen. No es que hayan sido los únicos chicos ni el único bebé que murió asesinado en Hamás, incluso el mismo 7-10. Pero así se dio. Y quizás sean los embajadores del dolor que nos embargó a todos.
Escuchar a Yarden, pobre Yarden, el esposo que sobrevivió, era sentir como el corazón se te rompía de dolor.
Pero hay que seguir. Y ese recuerdo no tiene que borrarse nunca. Para recordarlos como víctimas, pero también para evitar que ni remotamente nos pongamos en una posición en la que algo apenas similar siquiera se pueda repetir.
Israel se puso finalmente la p1j4 el sábado y no liberó a 660 presos luego de la maniobra asquerosa de mandar un cuerpo que no era el de Shiri. Y siendo hoy miércoles, todavía los retiene. Yo, personalmente, pensé que se iba todo al carajo y volvían los misiles. Pero no. Y no nos engañemos. No es que ahora nos tienen miedo, sino que en esos 660 presos hay muchos de los que salieron en el acuerdo del rehén Guilad Shalit hace algunos años y, oh sorpresa, volvieron a ser detenidos. Son presos que les importan. Son terroristas con experiencia y los quieren de vuelta, no precisamente para construir una escuelita. Entonces Hamás respiró hondo esta vez, y acató las exigencias de Israel: esta noche van a devolver por adelantado a otros cuatro cuerpos secuestrados, van a esperar a que se los reconozca mediante ADN y recién allí Israel liberará los terroristas. Y como decía la propaganda de Unicenter, les vamos a decir a esos 660: lo importante no es que vayan, sino que vuelvan. Porque pronto los vamos a tener de nuevo. Y ojalá que sea en un cajón, como devolvieron a la familia Bibas.
Con este intercambio desigual, termina la primera fase del acuerdo. Y ahora, incluso según Trump, la decisión de cómo seguir, está en manos de Netaniahu. Hay quienes dicen que va a elegir seguir con la guerra y reanudar los ataques para derrotar a Hamás, que parece ser un gusano que lo cortás por la mitad y tenés dos en vez de uno. Hay otros que dicen que la presión que ejercen los secuestrados en libertad hace lo suyo y que no va a poder detener el intercambio hasta liberar a todos los 63 que quedan, cuya mitad están vivos.
Una vez más, hagan sus apuestas en esta ruleta de locura.












