Me gusta ir algunos fines de semana, y luego volver, cuando ya anochece, y las luces de la ciudad, ahí abajo, se van encendiendo. Me dejo estar un rato en el mirador, de frente al viento frío; o al final de la escalera, resguardada. Entro en la ermita para oír mi corazón, acelerado con la… Seguir leyendo La Montaña mágica
