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Tribulaciones

(no se quién es el autor de esto)

-Permítame su nombre y fecha de deceso por favor.
-Pedro Manuel Hipólito Iraola de la Serna . 13 de octubre de 1746.
-Mmmm… no. Usted tiene que ir al tercer piso , acá atendemos a partir del 1900.
- ¿Será posible? Hace 7 meses que estoy esperando a que llamen mi número.
- No se preocupe señor, yo voy a avisar su problema así lo atienden más rápido. Disculpe las molestias.
Pedro subió la escalera del Registro Regional de Fantasmas arrastrando sus vísceras que colgaban de su barriga desde que su esposa lo descubrió con la criada. Se acercó al mostrador.
-Disculpe, me dijeron abajo que me iban a atender.
-Sí, usted es Pedro Manuel Hipólito Iraola de la Serna ¿verdad?
-El mismo.
El administrador revisó un libro enorme, tan alto como ancho. 
-Según los archivos usted reside en ese domicilio hace 65 años. ¿Cuál sería su inconveniente?
-El problema es que ya no se asustan. Se mudó una pareja de ateos hace 20 años y aunque camine por el techo, apague las luces y mueva de lugar los muebles no se inmutan. Apenas llegaron a la casa empecé con cosas pequeñas, como dice el manual, escondiendo la llaves, asustando al perro, haciendo ruido con las tuberías pero siempre tenían una excusa. “Marta sos muy distraída” , “Firulais está nervioso con el perro del vecino”, “El plomero dejó mal la canilla”. Entonces empecé con cosas más obvias, golpeaba la puerta mientras se bañaba la mujer, le cambiaba la radio al hombre e incluso rompí algún portarretrato a la madrugado pero nada. Yo estaba perdiendo la paciencia y tuve que dejar mi estilo refinado para hacerme notar. A Marta le hablaba al oído…le decía que era el espíritu de su padre, que sabía su secreto pero ella agitaba la mano junto a su oreja como si espantara a un mosquito ¡Yo un mosquito!

Once upon a time 2ª

(viene de Once upon a time Iª)

Gallardos caballeros y agraciadas doncellas (bueno, algunos eran gallardos y agraciadas, otros eran repelentes y repugnantes) danzaban los distintos ritmos de moda en aquel entonces, a saber, la sopleta, el alicate, la estropajo y la escofina.

Así estaban las cosas, cuando el futuro Mequetrefe Iº le echó el ojo a la princesa Futilidad, hija de Veleidoso, el capo máximo del Reino de Gabardina.
Mequetrefe inmediatamente quedó prendado de la belleza de Futilidad, de su cuello de cisne, de su cintura de avispa, sus labios de coral, su nariz de águila, mejillas de porcelana, sus dientes marmóreos, su larga y frondosa cabellera rubia, ... pero sobre todo de sus senos enhiestos. Que digo enhiestos, un buen par de tetas tenía la Futilidad.
Pero la Futilidad, como su nombre lo indica, era una frívola, solo le interesaban los vestidos y los maquillajes, y no estaba ahí para casoriarse (¡ni siquiera con un príncipe!), sino para acompañar a su hermana Minucia, que era más fea que pisar soretes descalzo.

¡Pobre Mequetrefe! Fueron inútiles todos sus intentos de conquistarla. 

Incluso le pidió ayuda a ciertos personajes de la corte, como Melindrosa, esposa de Remilgado de Melifluo, a Aspartamo de Maltodextrina, a Lipotimia de Gelatina y a Colágeno de Polímero.  Peo nada.

Así estando las cosas, Mequetrefe decidió raptar a la frívola Futilidad en cuanto volviera a sus tierras.

Para acometer su audaz empresa, Mequetrefe buscó la colaboración de Volatinero de Pértiga, un famoso equilibrista, saltimbanqui y bandolero.
Volatinero sería el encargado de trepar las murallas del castillo donde Veleidoso escondía a su hija Futilidad.

Llegáronse Mequetrefe y Volatinero hasta el castillo del Himen Sangrante, que así se llamaba la fortaleza, y Volatinero trepó hasta el balcón de Futilidad.

Esta se encontraba en sus aposentos junto a su sierva Efedrina, la cual la peinaba con un rabacillo de oro.

Pero ocurriose que Volatinero, al verlas, quedó prendado las doncellas.
-"¡Un hombre! ¡Un hombre!" gritó Futilidad.
-"¡Al fin! ¡Un hombre!" suspiró Efedrina.
-"Escolta!" gritó Futilidad.
-"Nooooo, es bastante larga" suspiró Efedrina, al ver emerger el miembro viril de Volatinero.

Finalmente, Futilidad venció sus resquemores y se entregó a los placeres de la carne, en compañía de Efedrina y Volatinero.

¿Y Mequetrefe? Nada, esperando, al pie de la muralla, ignorante de cuanto ocurría.

Once upon a time Iª

En el continente de Neurastenia, existían poderosos imperios, rivales entre si. Con el objeto de asegurar la paz, el mandamás de uno de estos reinos, Regurgitado II el Joven, hijo de Regurgitado I, el Viejo, rey de Sacro y Coxis, Conde del Glúteo Mayor y Duque de las Islas Boberías, dispuso que su hijo y futuro rey, el atolondrado príncipe Mequetrefe, se casara con la hija de alguno de los monarcas vecinos.  Para ello encargó a su fiel sirviente Sarao de Lacónica, la organización de un ágape a todo trapo.
-"No quiero que falte nada" ordenó Regurgitado, "Esta fiesta tiene que ser la envidia de todos".
-"Así se hará", fue la escueta respuesta del eficiente Sarao. Y de inmediato, puso manos a la obra.
Al toque se contactó con los proveedores de huevos de sarcoma del Mar Revuelto y se aseguró grandes cantidades de vino Saponáceo y otros bebestibles y comestibles.
Tampoco descuidó el show.  Hizo traer bailarines, hetairas y prostitutas, que quedaron bajo el mando de Pelandusca, la meretriz más famosa del reino, así como los más afamados intérpretes de cordófono, bandurria, monocordio, clavicémbalo, zanfona, cornamusa, chirimía, címbalo, tamborete y pandereta.
Llegada que fue la fecha establecida, arribaron las delegaciones de las variopintas comarcas. Primero hicieron su aparición los altivos pituitarios, de larga melena roja; luego llegaron los pérfidos endocrinos, encabezados por el propio Déspota de Endocrinia, Hipotálamo el Hormonal, y así, y así, y así.
¡Que bien empilchaban todos! Y claro, la ocasión lo ameritaba.
¡Que buen bailongo se armó! Estaba lo mamejor de la nobleza neurastenia. Y todos habían llevado a sus hijas, con la esperanza que alguna fuera elegida para casoriarse con el Mequetrefe, y se las presentaban al Pavote Mayor, una especie de mayordomo del príncipe, para que este diera el visto bueno.

continuará...

La verdad sobre el Titanic


Una noche fría pero estrellada. Un mar excepcionalmente tranquilo.

A las jų-skaičius en punto, hora de abordo, el daugiau de turno, Aicha Alaoui, miraba adormilado la pantalla de vigilancia externa.  La “Aplinkoje iki jų”, enorme y blanca flotaba placidamente en las oscuras aguas del Atlántico Norte mientras llenaba sus tanques de agua salada, indispensable para reponer el combustible de la nave, que debido a una mezcla de fallas técnicas e impericia, casi se había agotado.
 
A eso de las 23:35 horas, el cuarto oficial Boxhall venía desde la popa y se dirigía hacía el puente y el segundo oficial Lightoller estaba en su camarote presto a descansar (venía saliente de la guardia del puente).

En ese momento Raamya Adhikari,  daugiau cantu y por lo tanto jefe de Aicha Alaoui, soltó un improperio al leer la calificación que Keliami Klausimai, daugiau raahul de la “Aplinkoje iki jų” le había puesto en la última evaluación sobre su comportamiento en esta misión, la primera en este sistema planetario.  Lo culpaba entre otras cosas por la perdida de combustible y de sufrir de Mdaghri, algo que podríamos traducir como falta de autocontrol sobre las emociones.

El oficial en jefe Wilde estaba por ir a los camarotes de proa a inspeccionarlos antes de descansar (había dejado vigías extras en el sector de proa).

-¿Estás haraganeando? –se desquitó Raamya con Aicha.
-No, estoy observando una de esas įvairias, que está pasando cerca.

Murdoch estaba junto al sexto oficial James Paul Moody, en el puente. No hacía poco que Murdoch había instruido al señalero Samuel Hemming que cerrara todas las claraboyas del escotillón superior de sector del castillo de proa para no entorpecer la visión de los vigías apostados.

-Rumbo 3:0:00:23 a un décimo de tiria. –dijo Raamya, con un brillo de furia en sus tres ojos.
-Pero entonces nos verán.  Es más, podríamos chocar y el daugiau raahul dijo...
-¡Se bien lo que dijo! ¿Cuestionas un mandato superior? –le cortó Raamya.
-No señor, a su orden.
Y procedió de inmediato.  La pena por desobedecer una orden podía ser peor que la muerte, trabajos forzados en las minas de Noo’mekia, por ejemplo.  La nave se movió lentamente.

Poco antes de la medianoche del 14 de abril, los vigías dieron alarma de iceberg al frente, a 600 m de la proa. Moody levantó el teléfono para recibir la desesperada llamada desde el nido de cuervos "¡Iceberg, derecho al frente!" y avisó a Murdoch quien corrió al ala de estribor a observar por si mismo.

El primer oficial William Murdoch, de guardia en ese momento tomó las medidas que creyó correctas e intentó evitar la colisión, primero girando el timón todo a babor, seguidamente dando marcha atrás. El barco en el último minuto logró evitar el choque frontal. Seguidamente, Murdoch ordenó viraje a estribor, quizás demasiado pronto sin sospechar que la “Aplinkoje iki jų”  se extendía a los costados por debajo del mar. Finalmente el buque rozó la nave abriéndose las placas de estribor a 5 m de profundidad con 6 brechas diferentes que en total sumaban unos 100 m de rasgaduras y 5 compartimentos abiertos al agua.
El Titanic quedó sentenciado.

Lean

Soy Darrell Standing. Muy pronto me sacarán de aquí para ahorcarme. Mientras tanto, digo lo que tengo que decir y escribo sobre otros tiempos y otros lugares en estas páginas.
Toda mi vida he sido consciente de la existencia de otros tiempos y de otros lugares.  He sido consciente de la existencia de otras personas en mi interior. Y créame, lector, igual le ha sucedido a usted. Mire de nuevo en su niñez, y recordará esta conciencia de la que hablo como una experiencia de su infancia. Por aquel entonces usted no estaba acabado todavía, no estaba consumado. Era plástico, un alma fluctuante, una conciencia y una identidad en proceso de formación, de formación y olvido.  Ha olvidado mucho, querido lector, y aun así, al leer estas líneas, recuerda vagamente las visiones confusas de otros tiempos y de otros lugares que sus ojos de niño con templaron. Hoy le parecen sueños. Sin embargo, aunque fuesen sueños, por tanto ya soñados, ¿de dónde surge su materia? Los sueños no son más que una grotesca mezcla de las cosas que ya conocemos. La esencia de nuestros sueños más puros es la esencia de nuestra experiencia. Cuando era niño soñó que caía de alturas prominentes;  soñó que volaba por el aire como vuelan los seres alados; le turbaron arañas repulsivas y criaturas babosas de innumerables patas; oyó otras voces, vio otras caras inquietantemente familiares, y contempló amaneceres y puestas de sol distintos a los que hoy, al mirar atrás, sabe que ha contemplado.
Bien. Estas visiones infantiles son visiones de ensueño, de otra vida, cosas que nunca había visto en la vida que ahora está viviendo. ¿De dónde surgen, pues? ¿De otras vidas? ¿De otros mundos? Quizá, cuando haya leído todo lo que voy a escribir,  encontrará respuesta a las incógnitas que le he planteado y que usted mismo, antes de llegar a leerme, se había planteado también.
 
El Vagabundo de las Estrellas, Jack London

Ángel y Etel

Ángel y Etel eran dos hermanitos muy pobres, hijos de un changarín alcohólico de Bernal Oeste cuyo nombre no ha trascendido. La madre de los niños, cansada de la miseria, se fugó del hogar con un repartidor de garrafas que pasaba por el lugar.



Entonces el padre, fue a Villa Eucalipto y se trajo un travesti llamado Karen Cinthia Daiana a vivir con ellos. El travesti le llenaba la cabeza al changarín alcohólico en contra de los pibes.  "¡Son dos cargas!", "Nos quitan intimidad". Una noche, el changarín se fumó un paco, los levantó de la camita que compartían y se los llevó lejos, lejos, lejos.


Los niños se despertaron en un campo, que resultó ser el green de golf de un coqueto country de la zona Sur del conurbano. Caminaron hasta una casita (4 dorm. en suite/dep.serv./laundry/play room/piscina) donde un anciano obispo bufarra los bañó, les puso ropitas lindas y los mandó al Saint Faquing School; solo pedía a cambio un poco sexo bizarro, de vez en cuando.


Pasaron los años y los niños crecieron y llegaron a ser dueños de un bufete de abogados y una agencia de escorts, respectivamente.


Le hicieron un juicio a su antiguo padre, acusándolo de pedófilo, le expropiaron el rancho y lo metieron al Borda.
Al travesti lo hicieron apalear por una banda de skinheads de Belgrano. Para festejar, viajaron a Europa.


Publicado originalmente el 27/08/06

Cuento con moraleja

Las Novias a Prueba

Había una vez un joven campesino, dueño de grandes majadas de ovejas y campos de soja, de buena posición económica, que deseaba mucho casarse y abandonar la zoofilia, y conoció a cuatro hermanas que eran todos igualmente bonitas, de modo que le era muy difícil a él hacer una opción, y no podía decidir dar la preferencia a cualquiera de ellas.
Entonces él pidió a su madre el consejo, y ella le dijo,
-"Invita a las cuatro a casa, sírveles un poco de queso y observa como cada una de ellas lo comen."-

El joven lo hizo así, y llegado el día; la primera ingirió el queso con todo y la corteza.
La segunda cortó tan de prisa la corteza del queso, que dejó mucho queso bueno pegado, y lo tiró a la basura.
La tercera peló la corteza con cuidado, y no cortó, ni mucho, ni demasiado poco, aprovechando el máximo del queso.
El pastor contó todo esto a su madre, quien dijo,
-"Toma a la tercera para ser tu esposa."-
Pero la cuarta, no tocó el queso, sino que comenzó a quitarse la ropa, prenda a prenda , mientras se movía lujuriosamente, dejando al descubierto unos maravillosos senos y un trasero redondo y firme.
El pastor la seleccionó, y vivió felizmente con ella y mandó a cagar a su madre y a las ovejas.

Y feliz domingo para todos.

Cuentito infantil versión mostra

Hubo una vez en Villa Insuperable (partido de La Matanza), una muchinga que era muy pequeña y delicada, pero que a pesar de todo andaba siempre descalza porque era muy pobre, ya que ni siquiera cobraba la Asignación Universal.
Un buen día, como era de esperar, su madre murió, víctima del paco y de innumerables venéreas contraidas en noches de sexo y descontrol.
El día del entierro en el cementerio de La Tablada, acertó a pasar por el camino del cortejo un Ford Fairlane 1981, en cuyo interior iba sentada una anciana señora. Al ver a la niñita, la señora (quinielera de profesión) sintió mucha pena por ella, y dijo al sacerdote que oficiaba las exequias:
-Deme usted a esa niña para que me la lleve y la cuide con todo cariño.
El sacerdote, un viejo bufarrón, dudó, ya que tramaba quedarse con Karen Cinthia Jaqueline Daiana (así se llamaba la niña) para someterla a sus bajos instintos.  Finalmente, temiendo una nueva denuncia en su contra, la entregó a la señora.
La buena sanmaritana, aunque un poquitín alcohólica, le compró a Karen algunas ropitas con la cual tapar sus partes turgentes y un hermoso par de zapatos rojos de Ricky Sarkany.  ¡Que contenta se puso Karen Cinthia Jaqueline Daiana! Estaba tan tan tan contenta, que pensaba en sus zapatos en todo momento.  Incluso dentro de la iglesia, tanto así que olvidó el rezo del Padrenuestro.
A la salida del templo, un pequeño monaguillo, un putito culorroto, un celoso de lo peor, le gritó:
-¡Lindos zapatos de baile!
Sin poder impedirlo, Karen dio unos saltos de danza, y una vez empezado el movimiento siguió bailando involuntariamente, llevada por sus pies. Era como si los zapatos tuvieran algún poder por sí solos. Siguió bailando alrededor de la iglesia, sin lograr contenerse. Por último, Karen se quitó los zapatos, lo cual permitió un poco de alivio a sus miembros.
Al llegar a la casa, la señora guardó los zapatos en un armario, pero no sin que Karen Cinthia Jaqueline Daiana pudiera privarse de ir a contemplarlos.
Por aquellos días la anciana cayó enferma de gravedad. Era necesario atenderla y cuidarla mucho, y no había nadie más próxima que Karen Cinthia Jaqueline Daiana para hacerlo. Pero en Rafael Castillo se inauguraba una nueva bailanta. Miró a su protectora, y se dijo que después de todo la pobre ya estaba frita. Así que miró luego sus zapatos rojos y se los calzó y se fue para "Movida Tropical", como se llamaba el boliche. Empezó a danzar un reggeaton. Pero los zapatos la llevaron hacia la puerta, y luego escaleras abajo, y por las calles, y más allá del barrio. Siguió bailando y alejándose cada vez más sin poder contenerse, hasta llegar a la avenida Brig. Gral. Don Juan Manuel de Rosas (ex Provincias Unidas).
Quiso quitarse los zapatos y tirarlos lejos, pero era imposible: los tenía como adheridos a los pies. De día y de noche, siguió bailando, por San Justo y por Isidro Casanova, por González Catán y por Villa Luzuriaga; trató de sentarse pero no había descanso posible para ella.
Hasta que llegó a una carpintería y le pidió al carpintero:
-¡Córtame los pies, con los zapatos rojos!
Le explicó todo lo ocurrido, y el carpintero le cortó los pies con los zapatos, pero éstos siguieron bailando con los piececitos dentro, y se alejaron hasta perderse en las profundidades de Ciudad Evita (morada del Efebo Impoluto).
Durante un tiempo el carpintero la retuvo y se amancebó con ella.  Finalmente le hizo un par de pies de madera y dos muletas con unos escobillones viejos y la dejó ir.
Y ahora Karen Cinthia Jaqueline Daiana (así se llamaba la niña) se gana la vida mendigando en Laferrere.

"Los Zapatos Rojos" Hans Christian Andersen era un enfermo.

Cuentito infantil versión mostra

Los tres chanchitos

No hace mucho tiempo atrás, en el corazón de Bosques, partido de Berazategui, vivían tres hermanos de apellido Chochán, más conocidos como  "Los 3 cerditos".
Un lobo, chorro de caño y barrabrava de Defensa y Justicia de Florencio Varela, siempre andaba persiguiéndoles para comérselos, acusándolos falsamente de propagar la Gripe Porcina. Para escapar del lobo, los cerditos decidieron hacerse sendas casas.

El menor se gastó la guita de las changas en chupi, así que la hizo de paja, para acabar antes y poder hacerse la ídem.

El mediano construyó una casita de maderas, cartones y chapas.  Al ver que su hermano pequeño había terminado, se dió prisa para ir a fumarse una chala (a los cerditos les encanta el maiz).

El mayor trabajaba en su casa de ladrillo.
-¡Vagos! ¡Muchingos!  Ya verán lo que hace el turro del lobo con sus ranchos piojosos- riñó a sus hermanos mientras éstos se lo pasaban en grande y se burlaban de él:
-¡Andá, refugiado! So re gato vo, seguí en lo tuyo, te va a recaber, ¡gil trabajador!

A la nochecita, el lobo salió detrás del cerdito pequeño y este corrió hasta su casita de paja, pero el lobo sopló y sopló y sopló y la casita de paja se derrumbó.
El lobo persiguió también al cerdito por el barrio, que corrió a refugiarse en casa de su hermano mediano. Pero el lobo sopló y sopló y sopló y sopló y la casita de cartones, chapa y maderas se hizo pelota.  Los dos cerditos salieron cagando aceite de allí.
Casi sin aliento, con el lobo pegado a sus talones, llegaron a la casa del hermano mayor.
-¡Abrí, guachín! ¡No seas carulo!
Los tres se metieron dentro y cerraron bien todas las puertas y ventanas. El lobo  sopló y sopló y sopló y sopló y sopló y sopló y sopló y sopló y sopló y sopló, pero sus pulmones, carcomidos por la falopa, no dieron más.  Entonces se puso a dar vueltas a la casa, buscando algún sitio por el cual entrar.
Con una escalera larguísima que se afanó de un corralón de materiales, trepó hasta el tejado, para colarse por la chimenea. Pero el cerdito mayor puso al fuego una olla con agua. El vicioso lobo descendió por el interior de la chimenea, pero cayó sobre el agua hirviendo y se escaldó hasta el upite.
-¡Tomá lobo! ¡Vos también la tenés adentro!
¡Pobre lobo! Escapó de allí dando unos terribles aullidos que se oyeron en todo el bosque. Se cuenta que nunca jamás quiso comer cerdito.  Los chanchitos vagos aprendieron la lección, se hicieron evangélicos, se anotaron en un curso de la UOCRA, sacaron un plan 'Argentina Trabaja' y se hicieron flor de ranchos.

FIN           ¡Y feliz día del niño!
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