jueves, 12 de febrero de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




 «… Desperté con el alba clavada en los párpados. Mi espada estaba cubierta de escarcha. Mis rodillas, hundidas en tierra de batalla. Y supe que no conquistaría la ciudad con la violencia de los hombres, sino con el peso de un designio más alto…» (José Alberto R. C., pág. 38, «La vigilia de los muros»).


miércoles, 11 de febrero de 2026

ANTOLOGÍA 2025: A LAS PUERTAS DEL ÚLTIMO VIAJE

 



A LAS PUERTAS DEL ÚLTIMO VIAJE

 
A muchos les parecerá insuficiente, pero Dios sabe que apenas me queda aliento después de haberme entregado a la promesa que le hice a mi madre. Yo aún no era rey, pero ya estaba condenado a serlo. He pasado la vida recogiendo pedazos rotos de reinos que no sabían cómo abrazarse. He atravesado desiertos que no estaban en las tierras, sino en los hombres. He empuñado espadas con más amor que rabia y he rezado a un dios al que a veces también le pedía perdón por tener que matar en su nombre.
 
La historia me ha visto entrar en ciudades que eran como versos escritos en otra lengua y a las que tuve que traducirme con el cuerpo. Pero cada victoria dejó cicatrices invisibles, porque nadie te cuenta que cuando conquistas algo, también estás perdiendo otra cosa que no sabías que llevabas contigo.
 
Fui un puente entre mundos enfrentados, un hilo tenso cosiendo las heridas de un país que se soñaba entero. Pero ese hilo también tiró de mí, deshilachándome por dentro. No hay honra sin desgaste, no hay unidad sin pérdida, no hay luz sin sombra.
 
He aprendido que ser rey no es mandar, es callar cuando más duele. Es dormir con la conciencia despierta. Es mirar a los ojos de un soldado que va a morir y entender que está creyendo más en ti que tú mismo.
 
Hoy, mi cuerpo se deshace como un castillo de arena tras la marea. Me pesan más los nombres que no recuerdo que los que gritan los trovadores. No busco gloria. Solo quiero pensar que esta vida que dejé en mil batallas sirvió para que otros vivan con la paz que yo no tuve.
Y si mañana alguien habla de Fernando III de Castilla, que no lo haga como el de un héroe ni un santo, sino como el de un hombre que cumplió la promesa a su madre y, en el intento, aprendió que amar a un reino es a veces más difícil que gobernarlo.
 
 
Salvador Vaquero Montesino
Plasencia, 1966.
Cuenta con más de cuarenta certámenes literarios en su haber desde 1984 hasta el presente.
Publicaciones: las novelas Aprendiz de hombre (2003); La fuerza de las espigas (2005); El hombre olvidado (2013); Hombres sin fronteras (2014); El corregidor (2018); La tierra donde acaban las mentiras (2019); La puerta de la traición (2021); Huérfanos de paz (2024); Peces en un río sin agua (2024); Mons fragorum (2025), y un libro de relatos cortos: La leyenda de la guadaña oxidada (2006).
(XVIII Antología)
 
 
 
 

martes, 10 de febrero de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… No era el oro lo que buscaba, ni la gloria vana de los trovadores que cantaban hazañas efímeras: era la paz, esa quimera celestial en la tierra, un ideal tan frágil que se le escapaba entre los dedos como arena fina arrastrada por el viento del Guadalquivir…» (Carlos La Casa, pág. 36, «El santo en la sombra»).


viernes, 6 de febrero de 2026

ANTOLOGÍA 2025: SPECULUM REGIS

 



SPECULUM REGIS

 
«Tantas quimeras desoladas» (Cernuda).
 
Sueña el rey.
Desde el fondo del tiempo trae su sueño
sombras lejanas, trémulos reflejos
de memoria futura.
Sisebuto (perfil gótico, larga
barba rubia), temprano precursor
del reino de Toledo. Sisenando, unificador
entronado y ungido (dicen) en concilio.
Recaredo abrazando la cruz.
Isabel, el Estado erigido
sobre inauditos mestizajes.
Un temblor agita el espejo y remueve
la arenosa historia y revela
el rostro de una patria barruntada
en el sueño de Fernando.
Berenguela, tejedora de reinos,
convoca en Benavente al hijo dilecto
llamado a modelar la estofa de un destino
común, profecía cumplida
de un mando bajo cetro hispano, con el orbe
en la mano rematado en la cruz.
Castilla insomne bajo la dura nieve.
Azotada León por vientos de discordia.
Al-Ándalus revuelta.
La torva Hispania siempre anegada
en sangre hermana. Una nación, perpetuo
anhelo acariciado y vuelto a huir
como sombra fugaz en el espejo.
Sueños evaporados en los siglos, vanos
desvelos de quienes se obcecaron
en dolerse y llorar y batirse y morir
con iracundo afán.
Hasta llegar al decrépito escenario
de trémulas figuras que, caídos los regios
aprestos de las túnicas, el temor de Dios,
la pátina inmortal de las coronas,
los áureos bordados de las mitras,
las fíbulas que prendieran los mantos,
cimbreándose las basas del Estado,
apenas sigue en pie. Mientras minúsculas naciones
renacen invocando el vano sueño suyo
que describe como piedra de Sísifo
un ciclo que no cesa.
Somos el mañana de tantos soñadores, la razón
de tantos mártires bajo la seca tierra hispana. Pronto
seremos la memoria (de gloria o ignominia, de nosotros depende)
de los que un día vivirán bajo este mismo cielo,
bajo esta misma luz.
 
 
Carmen Blanes Valdeiglesias
Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Málaga.
Profesora de Literatura Española e Hispanoamericana.
Publicaciones: Un jardín barroco en los relatos de Francisco Ayala (2001); Romanticismo y costumbrismo en España (2006); ediciones y prólogos de Escenas andaluzas, de S. Estébanez Calderón (2006); Recuerdos de Italia, I y II, de Emilio Castelar (2009) y los artículos: «Sade o los infortunios de la razón» (2002) y «Epifanía y epíclesis en Los muertos, de Joyce» (2005), entre otros.
(XVIII Antología)
 
 


jueves, 5 de febrero de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 



«… Traté de hacer el bien, cuidando de mi pueblo / y atendiendo a su espíritu, que medra con el arte, / las letras, la justicia y especies similares. / Quise extender la fe más allá de mis reinos / por dar toda la gloria al reino de los cielos. / Luché con el coraje de quien tal vez conoce / que en ello van la vida y el alma de sus gentes, / mas nunca han sido lema la inquina o la barbarie / en mi forma de hacer la guerra y aun la paz…» (Manuel Javier Aroca Iglesias, pág. 32, «El rey Fernando III ante el Señor»).

 


miércoles, 4 de febrero de 2026

ANTOLOGÍA 2025: EL UMBRAL DE SEVILLA

 



EL UMBRAL DE SEVILLA

 
El 23 de noviembre de 1248, cuando la ciudad rindió sus llaves, descendí de mi caballo y avancé a pie, como peregrino que pisa tierra sagrada. El temblor de mis piernas no era fruto del cansancio, sino del peso invisible de los siglos. Dicen que aquel día fui un rey victorioso; yo solo fui un hombre temeroso de no ser digno. Crucé el umbral de Sevilla entre columnas de humo, el crujir de puertas rendidas y el clamor de los míos. Sentí bajo mis botas la herida abierta de los siglos y en los muros, el eco de rezos extinguidos. Recé en silencio por los que soñaron esta hora y por los que sufrirían su precio. No había gloria suficiente para lavar el llanto de la tierra. Juré entonces no olvidar: toda conquista es herida, y sobre la sangre solo puede florecer el perdón. La cruz que llevaba en mi pecho pesaba más que mi espada en el costado. Mientras el alba doraba los alminares y la brisa del río mecía los estandartes, supe que no éramos nosotros quienes conquistábamos Sevilla: era Sevilla quien nos conquistaba a nosotros. Y en su abrazo de piedras, agua y memoria, sentí que la verdadera batalla apenas comenzaba: la de mantener la fe, la justicia y la compasión en un reino nacido entre ruinas.
 
 
José Francisco Sánchez Lozano
Nació en Almadenejos (Ciudad Real) en 1964, reside en Málaga.
Estudia Historia del Arte y participa en varios talleres de escritura.
Funcionario y psicólogo.
Ha sido finalista en diversos concursos de microrrelato y relato.
Cultiva la novela, la narrativa breve, la poesía y el guion.
(XVIII Antología)
 
 
 

martes, 3 de febrero de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«Fernando camina entre muros que no resuenan. Los soldados le ven como rey, pero él solo siente el peso de un nombre que le precede. En la mano, la espada; en el pecho, una oración aún sin escribir. Sabe que la guerra nunca purifica, pero calla, porque la fe también es silencio…» (Júlia Rosell Saldaña, pág. 30, «Donde rezan las piedras»).


lunes, 2 de febrero de 2026

ANTOLOGÍA 2025: EL SANTO EN LA SOMBRA

 



LA VIGILIA DE LOS MUROS

 
Y luego, apareció mi madre, Berenguela, con su rostro de vela consumida, y me tendió un cáliz lleno de lágrimas. «Bebe, hijo mío. Esto es lo que cuesta el reino de los justos. Esto es lo que vale la salvación de los pueblos».
 
Lo bebí. Era sal. Era hierro. Era ceniza. Y entonces soñé. O quizá no soñé. La mezquita se abría ante mí como una catedral invertida, sus columnas como costillas de una ballena negra. Caminaba descalzo sobre alfombras de oraciones antiguas. Y al llegar al mihrab, una voz me dijo: «Aquí no hay enemigos. Solo hombres arrodillados ante distintos silencios».
 
Desperté con el alba clavada en los párpados. Mi espada estaba cubierta de escarcha. Mis rodillas, hundidas en tierra de batalla. Y supe que no conquistaría la ciudad con la violencia de los hombres, sino con el peso de un designio más alto.
 
Cuando entré en Córdoba, no hubo sangre. Solo campanas. Pero aún hoy, cuando cierro los ojos en las noches de ayuno, siento que la ciudad me observa no como a un rey santo, sino como a un ladrón de templos.
 
 
José Alberto R. C.
(XVIII Antología)
 
 

viernes, 30 de enero de 2026

ANTOLOGÍA 2025: EL SANTO EN LA SOMBRA

 



EL SANTO EN LA SOMBRA

 
Fernando III no dormía, atrapado en la vigilia de un alma inquieta. ¿Quién podría conciliar el sueño en esa encrucijada de destinos? La noche ya era negra, profunda, pinchada de puntos blancos como heridas luminosas en el cuerpo del cielo y avanzada hasta el borde del alba. Pero él seguía con los ojos abiertos, mirando la historia que se desplegaba enfrente, como un pergamino infinito. En las largas noches de campaña, entre el crepitar de las hogueras que iluminaban los rostros agotados de sus hombres, su mente trazaba mapas detallados de un reino fragmentado, una tierra partida por ríos de sangre y murallas de desconfianza. No era el oro lo que buscaba, ni la gloria vana de los trovadores que cantaban hazañas efímeras: era la paz, esa quimera celestial en la tierra, un ideal tan frágil que se le escapaba entre los dedos como arena fina arrastrada por el viento del Guadalquivir. Rezaba en silencio, arrodillado sobre la tierra, con las rodillas hundidas en el barro, pidiendo fuerza al cielo para ser más que un conquistador, para transcender la armadura y el título, para ser un hombre: un alma viva entre las ruinas de la guerra. Sus soldados, con sus yelmos polvorientos, lo veían como un titán forjado en hierro y fuego, pero él se sabía frágil, un humano que cargaba el doble peso de la cruz y la espada, un cuerpo mortal bajo el yugo de una santidad que no era un don, sino una carga que le pesaba en la espalda, noche tras noche. Y en ese cielo perlado de estrellas, juró que su legado sería eterno, un puente luminoso hacia Dios, no un muro de piedra que separara a los hombres, no una trampa de ambiciones terrenales, sino pura luz que guiara a los extraviados a través de los siglos, un eco de su fe resonando en las campanas que aún no habían sonado.
 
 
Carlos La Casa
Nació en Buenos Aires en 1981. 
Premios: Premio Orsai de novela con Festival (2022); Premio Sor Juana Inés de la Cruz por su novela Evita replicada (2018), que ya había sido finalista del Premio Clarín en 2015 y 2017; concurso Historias y Mitos de Barrios de Buenos Aires, organizado por la Fundación El Libro (2009); finalista del Premio Nuevas Plumas de Crónica Periodista (México, 2014) y tercer premio La Nación para jóvenes periodistas (2000).
(XVIII Antología)
 
 
 
 
 
 

jueves, 29 de enero de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Yo procuré, Señor, devolverte las invadidas tierras, y que volteen las campanas en tu alabanza desde los que minaretes fueron. A ello, al temor de mis pecados y a la formación de mis hijos, he dedicado mi vida…» (Gloria Fernández Sánchez, pág. 28, «La cruz y la espada»).