SAL DE LA MÁQUINA

"En un mundo como el actual, construido en su mayor parte por máquinas, conocer la Máquina es el poder más grande que existe"

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Sal de la Máquina: versión gratuita en PDF

Publicado por Sal De La Máquina el 20 mayo, 2020
Publicado en: Sin categoría. Etiquetado: Artistas contra la Máquina, Desconectarse es posible, entrevistas, Insólitos sucesos reales, Noticias, Pantallas y niños, Publicidad delirante, Reflexiones necesarias, Síntomas y Secuelas, Tu móvil te espía.

Sal de la Máquina: Cómo sobrevivir a la distopía de los smartphones (PDF)

Recomendamos su impresión para leerlo en papel o su visualización en un dispositivo sin acceso a internet.

La edición completa (2019, formato papel, 115 páginas) con numerosos textos complementarios, fotografías comentadas e ilustraciones a color de Miguel Brieva continúa disponible en Libros en Acción (ver imágenes más abajo). Puedes encargar un ejemplar en tu librería de confianza (pídelo por ISBN: 978-84-948749-6-3) o tomarlo en préstamo en bibliotecas públicas de Barcelona.

¡Salud mental y feliz desconexión!

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El teatro, también interferido por los smartphones

Publicado por Sal De La Máquina el 10 marzo, 2020
Publicado en: Sin categoría. Etiquetado: Insólitos sucesos reales, Síntomas y Secuelas.

La delirante fiebre de los smarphones no ha dejado espacio sin colonizar (comenzando por nuestras mentes). Las bibliotecas públicas están invadidas, como denunciaba un lector afincado en Barcelona. Recientemente, nos describían también la escena presenciada en una parroquia de barrio: cinco chicos y chicas jóvenes, sentados en un banco en el interior del templo, frente al altar, mirando sus smarphones y comentando entre risas ahogadas los contenidos de las pantallas. Ahora nos llega también la noticia de una obra de teatro en la que la actriz Lola Herrera se vio obligada a interrumpir su actuación… a causa de un móvil.

Ya nada es sagrado… salvo la hiperconexión.

Antonio (Taipei): «fue doloroso decir adiós a Facebook»

Publicado por Sal De La Máquina el 7 enero, 2020
Publicado en: Sin categoría. Etiquetado: Desconectarse es posible.

Para mí siempre ha sido complejo el tema de la desconexión. He pasado por dos etapas en relación a esto. En un primer momento alternaba meses de alta en ciertos servicios como Facebook o WhatsApp con momentos de rebeldía en que los dejaba de usar. Eran mis años de estudiante de psicología en que ya me di cuenta de cómo ciertos compañeros de profesión utilizaban el conocimiento en aprendizaje, procesos psicológicos básicos, personalidad, neurología y psicología social para el beneficio empresarial. Eran años en que empezó a ponerse de moda la “programación neurolingüística”. En mi opinión todo esto sólo reflejaba la falta de moralidad de empleados que simplemente querían ganar dinero. No obstante era difícil desconectarme puesto que no somos entes aislados de nuestro entorno social. Siempre acababa sintiéndome aislado o falto de recursos. (¿Cuántas veces vamos a realizar tareas administrativas y nos dicen lo típico de “debe ir usted a nuestra página web para solicitar cita o registrar sus documentos»?).

Posteriormente conseguí desconectarme sin demasiados problemas. Especialmente me pareció algo doloroso decir adiós a Facebook y ciertos servicios donde mantenía contacto con personas especiales que conocí mientras viajaba. Aunque tomé la decisión de decir adiós a aquellas maravillosas personas (ejercicio que no todo el mundo parece capaz de hacer en la actualidad). No obstante, ahora vivo en el extranjero y necesito de servicios de videollamada y mensajería para mantenerme en contacto con mi círculo cercano. Lo cual, bien pensado y organizado, no supone demasiados problemas. El problema llega en el ámbito profesional. Trabajo como estudiante de doctorado y hace tiempo que pienso en que mi futuro no estará en el ámbito académico dado que los niveles de estrés y adicción a “la máquina” son tremendos. En un lugar asiático como Taiwan uno se da cuenta de lo difícil que les resulta pensar calmada y profundamente sobre temas si no les acompaña una tarea concreta que realizar con un dispositivo electrónico. Si hay alguna comunidad necesitada de [desconexión] es la taiwanesa, que ha dejado hace tiempo de vivir un sólo día sin algún divertimento electrónico conectado a la red.

Antonio (Taipei)


Más testimonios de ex-conectados, aquí.

«El móvil es más que una adicción: nos acapara las 24h del día»

Publicado por Sal De La Máquina el 26 diciembre, 2019
Publicado en: Sin categoría. Etiquetado: Desconectarse es posible, entrevistas, Reflexiones necesarias, Síntomas y Secuelas, Tu móvil te espía.

La mayoría de la población tiene un móvil de última generación en el bolsillo. Pero Sergio Legaz es un ‘rara avis’. Este librero madrileño, que vive aquí desde hace dos años, se ha desenganchado de los ‘smartphones’. Vio cuán preocupante es la situación y decidió escribir Sal de la Máquina en el cual explica su experiencia y pone de relieve esta problemática

Revista de Ripollet: ¿Cuando ves que los ‘smartphones’ son un problema y nace la idea del libro?
Sergio Legaz: Ante todo he de decir que el libro no es ningún alegato en contra de la tecnología ni en contra de los ‘smartphones’. Pero un día que iba en metro caí en la cuenta de que me encontraba en medio de una escena apocalíptica, cuando entras en el vagón y ves a todo el mundo enganchado a la pantalla de su móvil. Hace pocos años esto no sucedía. Es una escena que si la ves en crudo resulta impactante, evoca la típica escena de distopía de ciencia ficción: «todos controlados por pantallas». Es algo muy al estilo de George Orwell o de Un mundo feliz de Aldous Huxley. Fue algo espontáneo, ese día, a diferencia de cualquier otro, no iba mirando mi móvil y al observar a mi alrededor me encontré la escena y me quedé impactado. Esto me movilizó para empezar a desintoxicarme digitalmente y a encontrar momentos de desconexión. A partir de aquí comenzó un periodo de reflexión, análisis e indagación [que se acabó extendiendo durante tres años] para desarrollar los contenidos del libro.

RdR: Cómo dejas de estar enganchado al móvil?
S.L: Lo primero que hice fue, simplemente, desactivar las notificaciones de Telegram y Whatsapp. Yo seguía consultando el móvil para ver las noticias, los mensajes, los correos… Al desactivar las notificaciones me di cuenta que aparte de las notificaciones sonoras también las hay vibratorias y lumínicas; cuando recibes un mensaje te aparece un pequeño aviso parpadeante en el borde de la pantalla que inconscientemente te hace mirar y te incita a coger el móvil. Entonces desactivé los tres tipos de notificaciones, en el libro explico cómo aunque la mayoría de usuarios seguro que sabe hacerlo. La ventaja de esto es que es uno mismo quien decide cuándo quiere consultar el móvil en lugar de estar continuamente contestando todos los mensajes que nos llegan a cada minuto. Esta continuidad al final se convierte en invasiva y acabamos respondiendo de forma automática, reaccionamos como un resorte. Si desactivamos las notificaciones podemos parar esto, tomamos el control y se reduce el tiempo que miramos aquella aplicación.

RdR: Los ‘smartphones’ son una adicción?
S.L: Son mucho más que una adicción. Ninguna adicción te acapara las 24 horas del día. Y lo más importante, ninguna adicción es capaz de afectar potencialmente a toda la población de forma completamente transversal. Por la calle puedes ver desde bebés que ya van con el móvil en su carrito hasta personas jubiladas que han aprendido a utilizarlo, pasando por toda la población restante. No importa cuál sea tu nivel de ingresos o tu ideología política, siempre estamos utilizando esta tecnología a todas horas. Esto lo diferencia de cualquier otra adicción, por eso pienso que está en otro nivel. Decir que es una adicción es un tópico que le resta importancia y hace que no nos preocupe lo suficiente. Es un fenómeno acaparador que invade nuestra conciencia.

 

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RdR: En el fondo haces activismo. ¿Se puede revertir la situación actual?
S.L: Por supuesto, yo me he quitado el ‘smartphone’, mucha gente lo ha hecho, y hacemos vida completamente normal (trabajo, familia, relaciones…). Sigo utilizando móvil, uno de los antiguos, pero a veces utilizo el ‘smartphone’ de mi pareja y no pasa nada, lo importante es evitar que todo esto nos invada. Hay muchos pasos intermedios para desconectar: quizás no utilizar internet o desinstalar algunas aplicaciones. Cada cual puede escoger hasta qué punto quiere depender del móvil. Por supuesto que se puede. Yo vivo más tranquilo, tengo más tiempo, me concentro más, estoy más relajado… me encuentro más yo mismo, centrado en mí y con la mente más clara.

RdR: ¿Tanto nos quita el móvil?
S.L: El problema principal es que nos roba tiempo, cantidades enormes de tiempo, y lo que nos da a cambio no es algo profundo, no es nada que nos aporte algo relevante a nuestra vida. Todo son contenidos superficiales, pequeños fragmentos de información. Es una especie de catálogo infinito que miramos continuamente y en el cual buscamos un contenido detrás de otro sin cesar. Y esto nos ocupa toda la atención y a la vez nos roba todo el tiempo que podríamos emplear en otras cosas. Por ejemplo ya nadie se aburre, en cuanto te aburres rápidamente coges el móvil. Antes la gente se aburría y del aburrimiento salían cosas muy interesantes como el juego, el amor, la ciencia, la poesía, la filosofía… o simplemente compartir tiempo con la familia o amigos. Poniéndolo todo en una balanza creo que estamos entregando mucho a cambio de insulsos contenidos multimedia.

RdR: Con todo esto, ¿en qué se basa el libro?
S.L: Hice un proceso de desconexión que he dejado reflejado en el libro en forma de ocho sugerencias prácticas, para que quien lo desee comience a desconectar. Además hago una reflexión sobre diferentes aspectos de esta tecnología. Hablo de cómo nos roba tiempo, conciencia, imaginación, descanso o como afecta nuestras mentes. También de la mochila social y ecológica que un ‘smarphone’ lleva a cuestas. Otro capítulo trata del control que hay sobre los perfiles de la gente, cómo recopilan datos sobre nosotros. Y así desgrano capítulo a capítulo como nos afecta esta tecnología en distintos aspectos. Es un trabajo de recopilación de tres años. La segunda edición es la definitiva porque he terminado de recopilar toda la documentación y he dicho todo lo que creo que había que decir sobre este tema. Recojo testimonios de personas que han trabajado en Silicon Valley y se arrepienten de aquello que han contribuido a generar, como el creador del botón ‘me gusta’ de Facebook o el desarrollador del mecanismo ‘pull to refresh’, que admiten que todo esto es un monstruo que se les ha escapado de las manos y ellos mismos en sus vidas personales están practicando un proceso de desconexión.

 

[Gracias a Ferran Rigat y a la Revista de Ripollet]

«Los smartphones serán adictivos, o no serán». Entrevista en Radio Ripollet

Publicado por Sal De La Máquina el 13 diciembre, 2019
Publicado en: Sin categoría. Etiquetado: Desconectarse es posible, entrevistas, Pantallas y niños, Reflexiones necesarias.

Entrevista con el autor de Sal de la Máquina en Radio Ripollet, con motivo de la presentación del libro en la Biblioteca Municipal.

‘Papá está conectado’: un cuento infantil para regalar a adultos

Publicado por Sal De La Máquina el 10 diciembre, 2019
Publicado en: Sin categoría. Etiquetado: Artistas contra la Máquina, Desconectarse es posible, Pantallas y niños.

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Papá pingüino se pasa el día y la noche conectado a su ordenador portátil. Mamá pingüino está harta y a Hijo pingüino no le queda más remedio que asumir que tiene un «padre virtual». Pero algo sucede y, de manera inesperada, el portátil de papá termina sirviéndole para volver a conectar con la realidad.

Lo novedoso de este cuento infantil ilustrado es que huye de aleccionamientos facilones sobre el uso que hacen niñas y niños de las pantallas, y redirige valientemente el foco hacia el verdadero origen del problema: los adultos. Nos atreveríamos a apostar que la inmensa mayoría de las familias con hijas e hijos pequeños se sentirían identificadas con el contenido de este libro. Un libro que molesta e incomoda (según a quién) pero que puede provocar un sano debate en casa para reflexionar y corregir excesos.

 

La habilidad más importante que nadie te enseñó

Publicado por Sal De La Máquina el 3 diciembre, 2019
Publicado en: Sin categoría. Etiquetado: Desconectarse es posible, Reflexiones necesarias, Síntomas y Secuelas.

Asumamos que la única manera posible de utilizar un smartphone sea continuamente. ¿Por qué habríamos de preocuparnos? Tal vez estemos contentos con el hecho de mirar una pantalla a cada instante, igual que puede apetecernos cenar macarrones todos los días o vestir siempre de azul.

Las pantallas nos aportan muchas cosas, eso nadie puede discutirlo. Pero, ¿qué nos roban? Ese es el punto clave del que trata el artículo que traducimos aquí hoy.


La habilidad más importante que nadie te enseñó

Por Zat Rana

Antes de morir a los 39, Blaise Pascal realizó grandes contribuciones a la física y las matemáticas, especialmente en materia de fluidos, geometría y probabilidad. La influencia de este trabajo, sin embargo, fue más allá de las ciencias naturales. Muchos campos que ahora clasificamos bajo el título de ciencias sociales se desarrollaron, de hecho, sobre la base que él contribuyó a establecer.

Realizó gran parte de este trabajo a lo largo de su adolescencia y primera juventud. Como adulto, inspirado por una experiencia religiosa, empezó a orientarse hacia la filosofía y la teología. Justo antes de su muerte, se hallaba revisando fragmentos de escritos privados que después se publicarían como colección bajo el nombre de ‘Pensées’ (Pensamientos).

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Pascal, adelantado a su época

Si bien el libro es ante todo la historia de un matemático en busca de lo trascendente, llama la atención su clara y lúcida reflexión sobre lo que significa ser humano. Constituye un boceto de nuestra moderna psicología mucho antes de que esta fuera considerada una disciplina formal. Incluye numerosos pasajes dignos de cita y aborda la naturaleza humana desde diversas perspectivas, pero una de sus más famosas reflexiones resume muy bien la esencia de su contenido:

«Todos los problemas del mundo proceden de la incapacidad del ser humano para sentarse tranquilamente a solas en una habitación».

Según Pascal tememos al silencio de la existencia, nos aterra el aburrimiento, y es por ello que elegimos la perpetua distracción, cubriendo nuestros conflictos emocionales con los engañosos artificios de nuestra mente. La raíz del problema, en definitiva, es que nunca aprendemos el arte de la soledad.

Los peligros de estar conectado

Hoy, el mensaje de Pascal resuena con más fuerza que nunca. Si hay una palabra para describir el progreso realizado en los últimos cien años es la conectividad.

Las tecnologías de la información han marcado el rumbo de nuestra cultura. Del teléfono a la radio, la televisión e Internet, hemos encontrado maneras de estar permanentemente conectados a escala mundial. Puedo sentarme en mi oficina de Barcelona y trasladarme prácticamente a cualquier otro lugar a través de Skype. Puedo estar en el otro lado del mundo y aún así saber lo que está ocurriendo en mi casa mediante una simple búsqueda.

Sería una obviedad detenernos a destacar los beneficios que tiene todo esto. Pero los inconvenientes también están saliendo a la luz. Más allá del actual debate sobre la privacidad y la recolección de datos, hay un efecto colateral todavía más pernicioso.

Vivimos en un mundo en el que estamos conectados a todo excepto a nosotros mismos.

Si la observación de Pascal sobre nuestra incapacidad de sentarnos apaciblemente a solas en una habitación es aplicable a la condición humana en general, el asunto se complica exponencialmente debido a las múltiples opciones que tenemos a nuestro alcance hoy en día.

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Ilustración: Miguel Brieva

 

La lógica, por supuesto, es tentadora. ¿Por qué quedarte a solas cuando tienes todos los medios a tu alcance para evitarlo? La respuesta es que (…) cuanto más incómodo te sientes con la soledad, más probable es que no te conozcas a ti mismo. (…) Y mientras tanto, te volverás un adicto a las mismas tecnologías que supuestamente te harían libre. Que podamos usar todo el ruido del mundo para silenciar la incomodidad de lidiar con nosotros mismos, no significa que esa incomodidad desaparezca.

Casi todos pensamos que somos conscientes de nosotros mismos. Creemos saber cómo nos sentimos, qué queremos y qué nos preocupa. Pero lo cierto es que muy pocos lo saben. (…) En nuestro mundo actual, podemos llegar a pasarnos toda la vida sin ahondar más allá de la máscara superficial que llevamos puesta. Estamos perdiendo el contacto con quiénes somos, lo cual es muy preocupante.

El aburrimiento como forma de estimulación

En última instancia -y esto es algo que Pascal también menciona- nuestra aversión a la soledad es en realidad una aversión al aburrimiento. Básicamente, no es que estemos enganchados a un programa de televisión porque haya algo excepcionalmente gratificante en él (…). Más bien a lo que somos adictos es a un estado de no-aburrimiento.

Casi cualquier cosa que controla nuestras vidas de una manera poco saludable tiene su origen en nuestro temor al vacío. No concebimos ser en lugar de hacer. Y, por lo tanto, buscamos entretenimiento, deseamos compañía, y si fallan, perseguimos gratificaciones más fuertes.

Ignoramos el hecho de que huir del vacío es lo mismo que evadirnos de nosotros mismos. Y es precisamente esta evasión la que nos hace sentir solos y ansiosos pese a estar permanentemente conectados a todas las otras cosas que nos rodean.

Afortunadamente, hay una solución. La única manera de evitar que este miedo –como cualquier otro miedo- acabe con nosotros es afrontarlo. Es dejar que el aburrimiento nos lleve donde quiera para que podamos lidiar con todo aquello que realmente está pasando en nuestro ser. Solo entonces estaremos atentos a nuestro pensar y aprenderemos a encajar todas esas piezas interiores que habían quedado enmascaradas por la distracción.

La belleza de esto es que una vez cruzas esa barrera psicológica, te das cuenta de que estar a solas no es tan malo. El aburrimiento puede resultar de lo más estimulante. Cuando nos concedemos momentos de calma y soledad, nos relacionamos con el entorno a un nivel de intimidad impensable con los estímulos artificiales. El mundo adquiere profundidad, los velos comienzan a caer y vemos las cosas tal como son, en todo su esplendor, con todas sus contradicciones y peculiaridades.

Aprendemos que hay otras cosas a las que podemos prestar atención más allá de todas las interferencias superficiales. Una habitación en calma puede ofrecernos mundos a explorar tanto o más emocionantes que los que hallamos en las series o en las películas.

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¿Hay vida fuera de las pantallas?

A veces, la soledad puede conducirnos por caminos poco agradables, especialmente en lo que se refiere a nuestro mundo interior -pensamientos y sentimientos, dudas y esperanzas- pero a largo plazo resulta mucho más gratificante que huir de todo sin haber descubierto quiénes somos.

Aceptar el aburrimiento nos permite sorprendernos con cosas que dábamos por sentadas, como un niño libre de condicionamientos que observa el mundo por primera vez. La mayoría de nuestros conflictos internos quedan resueltos.

La conclusión

Cuanto más progresa el mundo, más estímulos nos arroja como incentivo para que desconectemos de nosotros mismos y nos unamos a él. Si bien la generalización de Pascal de que la falta de contacto con la soledad es la raíz de todos nuestros problemas puede sonar exagerada, no va del todo desencaminada.

Todo lo que ha contribuido a que estemos hiperconectados, al mismo tiempo nos ha aislado. Dedicamos tanto tiempo a distraernos que perdemos el contacto con nuestro propio ser, lo cual no hace sino aumentar nuestra soledad.

La causa principal no es nuestra obsesión con cualquier entretenimiento masivo, sino el miedo al vacío: nuestra adicción a vivir en un estado de no-aburrimiento. Sentimos aversión hacia el hecho de ser.

Ignorando el valor de la soledad, pasamos por alto que, una vez enfrentamos el miedo al aburrimiento, éste puede proporcionarnos sus propias recompensas.  Y la única manera de hacerlo es sacar tiempo, cada día o cada semana, para sentarnos simplemente en calma con nuestros pensamientos y nuestro sentir.

La sabiduría filosófica más antigua del mundo nos ofrece un consejo: conócete a ti mismo. Y hay una buena razón para ello. Si no nos conocemos a nosotros mismos, es casi imposible encontrar una manera sana de interactuar con el mundo que nos rodea. Si no dedicamos tiempo a esta tarea, nunca tendremos una base sólida sobre la que construir nuestras vidas.

Estar a solas y conectar con nuestro interior es una habilidad que nadie nos enseña, lo cual resulta irónico porque es algo mucho más importante que la mayoría de las cosas que sí nos inculcan. La soledad puede no ser la solución para todo, pero es sin duda un gran comienzo.

El decreto del Gobierno que legaliza el espionaje

Publicado por Sal De La Máquina el 19 noviembre, 2019
Publicado en: Sin categoría. Etiquetado: Noticias, Tu móvil te espía.

El 5 de noviembre de 2019, cinco días antes de las recientes Elecciones Generales españolas, el gobierno en funciones publicó en el Boletín Oficial del Estado un decreto que ha pasado más desapercibido de lo que cabría esperarse.

El texto introductorio de dicho Real Decreto-ley 14/2019 del 31 de octubre dice así:

«Entre los principales desafíos que las nuevas tecnologías plantean desde el punto de vista de la seguridad pública se encuentran las actividades de desinformación, las interferencias en los procesos de participación política de la ciudadanía y el espionaje».

La primera pregunta que se nos ocurre es: ¿cómo definir «desinformación» o «interferencias» en los procesos políticos? Y lo que es más importante: ¿quién podría tener el derecho o la legitimidad para decidirlo? En los términos mencionados entre comillas cabe prácticamente todo lo que se le pase por la cabeza a la autoridad de turno, gobierne quien gobierne, con todo lo que ello implica. Es como dar luz verde a una caza de brujas por parte del estado contra todos aquellos y aquellas que no opinen lo que es agradable de oír, ni se comporten de manera políticamente correcta, a gusto del Gobierno que esté vigente en cada momento.

El texto continúa así:

«(…) Los recientes y graves acontecimientos acaecidos en parte del territorio español han puesto de relieve la necesidad de modificar el marco legislativo vigente para hacer frente a la situación. Tales hechos demandan una respuesta inmediata para evitar que se reproduzcan sucesos de esta índole estableciendo un marco preventivo a tal fin, cuyo objetivo último sea proteger los derechos y libertades constitucionalmente reconocidos y garantizar la seguridad pública de todos los ciudadanos».

El eufemismo para referirse a Catalunya (resaltado en cursiva) hace pensar en una normativa aprobada ex profeso contra el movimiento independentista, pero no es esto lo que más debería preocuparnos (siendo suficientemente grave la persecución de ideologías políticas rivales solo por el mero hecho de serlo), sino la carta blanca que se da para extender el control a cualquier otro ámbito, situación o colectivo. La calculada ambigüedad del párrafo así lo permite.

Pero vayamos al grano. ¿Qué tipo de medidas son las que se aprueban en este decreto? Muchas y muy diversas, como se puede comprobar consultando la publicación original, pero desde aquí destacamos sin duda la siguiente. El Capítulo IV, artículo 6, dice así:

«El Gobierno, con carácter excepcional y transitorio, podrá acordar la asunción por la Administración General del Estado de la gestión directa o la intervención de las redes y servicios de comunicaciones electrónicas en determinados supuestos excepcionales que puedan afectar al orden público, la seguridad pública y la seguridad nacional. En concreto, esta facultad excepcional y transitoria de gestión directa o intervención podrá afectar a cualquier infraestructura, recurso asociado o elemento o nivel de la red o del servicio que resulte necesario para preservar o restablecer el orden público, la seguridad pública y la seguridad nacional.

«Asimismo, en el caso de incumplimiento de las obligaciones de servicio público a las que se refiere el Título III de esta Ley, el Gobierno, previo informe preceptivo de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia, e igualmente con carácter excepcional y transitorio, podrá acordar la asunción por la Administración General del Estado de la gestión directa o la intervención de los correspondientes servicios o de la explotación de las correspondientes redes«.

El problema, vistos los antecedentes en este y otros muchos casos parecidos, no es el carácter de «excepcionalidad» de estas medidas, sino su justificación por principios tan deliberadamente ambiguos como prevenir la «desinformación», las «interferencias en los procesos de participación política» o «preservar o restablecer el orden público».

Según cómo sople el viento, hoy pueden encajar en cualquiera de estos supuestos los CDR o el Tsunami Democràtic en Catalunya, mañana las protestas ecologistas por la crisis climática, pasado mañana la letra de una canción publicada en Bandcamp y dentro de tres años el movimiento feminista, el de los jubilados y jubiladas por unas pensiones dignas, las agrupaciones sindicales que se salgan de la raya o lo que sea que se le pase por la mente a quien ostente el gobierno del país, en la actualidad o en tiempos venideros.

Y es que los decretazos, como ya sabemos por larga y amarga experiencia, los carga el diablo…

Me pica el Instagram

Publicado por Sal De La Máquina el 12 noviembre, 2019
Publicado en: Sin categoría. Etiquetado: Insólitos sucesos reales, Síntomas y Secuelas.

Visto durante un trayecto en metro (uno de los escenarios más distópicos que existen…).

Un hombre de unos cuarenta años vestido con traje y corbata desliza a toda velocidad el dedo por la pantalla de su smartphone. Navega en Instagram. Decenas de fotos desfilan ante sus ojos durante décimas de segundo, y a todas ellas, sin detenerse ni por un instante a mirarlas, les adjudica un ‘me gusta’ pulsando doblemente con el índice. Y así continúa todo el trayecto, imponiéndose a sí mismo el reto de marcar el mayor número de likes en el menor tiempo posible, como quien compite en una carrera contrarreloj contra no-se-sabe-quién, como quien hace girar una ruleta, como quien explota las burbujas de un embalaje plástico, como quien se rasca un picor que no tiene fin.

Bibliografía: ‘Divertirse hasta morir’ (Neil Postman)

Publicado por Sal De La Máquina el 15 octubre, 2019
Publicado en: Sin categoría. Etiquetado: Reflexiones necesarias.

El análisis que hace Neil Postman en este libro, pese a estar enmarcado en la sociedad estadounidense, es esencialmente extrapolable a nuestras latitudes. Según él, nuestro problema es haber sustituido una mentalidad colectiva basada en el discurso coherente y la palabra escrita, por una feria de entretenimientos sin fin basados en la imagen. En el transcurso de este brutal cambio de paradigma, nuestra capacidad de pensar, razonar y argumentar se ha desintegrado, dando lugar a una sociedad infantilizada.

Lo original del planteamiento de Postman es que remonta los orígenes de este desastre nada menos que al nacimiento del telégrafo y la fotografía.

«Los libros (…) constituían un excelente contenedor para la acumulación, el escrutinio sereno y el análisis organizado de la información y las ideas. Toma tiempo escribir un libro y leerlo; tiempo para discutir su contenido y emitir juicios sobre su mérito, incluyendo la forma de su presentación. Un libro es un intento de convertir el pensamiento en algo permanente y de contribuir a la gran conversación conducida por autores del pasado (…). El telégrafo [sin embargo] solo es adecuado para emitir mensajes urgentes, reemplazando a cada uno rápidamente por otro mensaje más actualizado. Los hechos empujan otros hechos dentro y luego fuera de nuestra conciencia a velocidades que ni permiten ni requieren evaluación alguna. (…) La fuerza principal de la telegrafía era su capacidad de movilizar la información, no de reunirla, explicarla o analizarla. (…) El discurso telegráfico no dejaba tiempo para las perspectivas históricas ni daba prioridad a lo cualitativo. Para el telégrafo, inteligencia quería decir conocer muchas cosas, pero no saber nada acerca de ellas.

(…) Al igual que la telegrafía, la fotografía recrea el mundo como una serie de acontecimientos idiosincrásicos. En un mundo de fotografías no hay periodo inicial, intermedio o final (…). El mundo está atomizado. Solo hay un presente que no requiere formar parte de historia alguna que se pueda contar».

Postman, circunscrito a la época en la que vive (el ensayo original fue publicado a mediados de la década de los ochenta), se detiene en la televisión como ese gran monstruo desintegrador de la mente que logró aunar todo lo peor del telégrafo y la fotografía, y servirlo ininterrumpidamente a millones de hogares de todo el mundo. ¿Qué habría pensado de nuestra actual Era del Tuit, en la que las frases entrecortadas, los emoticonos y las pantallas encedidas a veinte centímetros de la cara han sustituido los pocos vestigios que nos quedaban de comunicación real entre nosotros?

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