Manera en que Napoleón acabó con la especulación de los banqueros


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1805, el Banco de Francia pasaba por serias dificultades para reembolsar el valor de los bonos públicos a los inversores, se hablaba de movimientos especulativos consentidos e incluso alentados por el ministro de Hacienda, François Barbé-Marbois, que había prestado muchos fondos a intermediarios, poniendo en riesgo incluso las pagas al ejército. La reacción de Napoleón fue taxativa, o los intermediarios devolvían lo que habían “robado” o los enviaría directamente al castillo de Vincennes, donde podrían suponer lo que les esperaba. Ni que decir tiene que consiguió recuperar los bonos para la banca pública y pagar las soldadas pendientes. Barbé-Marbois, en un gesto teatral, ofrece su propia cabeza al Emperador, que le responde lleno de desprecio: “¿Qué queréis que haga yo con ella, grandísimo cabrón?”. En cuanto a quienes especulaban con dinero que nunca habían ganado, Napoleón mantuvo siempre una pésima imagen de ellos, diciéndole, a propósito de aquel asunto, a su hermano José: “Estoy contento con mis asuntos; tuve grandes dificultades para arreglarlos y para conseguir que una pandilla de bribones, cuyo jefe era Ouvrad, vomitasen lo que habían tragado. Estaba decidido a fusilarles sin juicio. Gracias a Dios, devolvieron el dinero, todo este asunto me ha puesto de mal humor. Te digo esto para que veas cuan viles son los hombres”.

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