«Antes de retomar los proyectos, tras algunos meses ausente
por los motivos personales que todos o casi todos ya conocéis, quiero daros mi
más sincero agradecimiento por estar ahí y haberme acompañado en dicho proceso,
con mensajes, correos y con cada uno de los comentarios que me fuisteis dejando,
y que fueron aliento y luz en esos días de penumbra. GRACIAS de corazón.
Y ahora sí, comenzamos con nuestro reto de febrero».
༄
Si algo he aprendido a lo largo de mi vida y, desgraciada o afortunadamente, desde muy temprana edad, es a tener mi mente despierta, y a tender esos puentes que, de alguna manera, conecten con la verdad desnuda, esencial y latiente, en un mundo donde abunda el ego y la superficialidad.
Es, pues, que me ha
parecido bonito emprender esta nueva etapa de retos con un tema verdaderamente
hermoso e interesante; revelador y enriquecedor.
Por supuesto, se puede
o no estar de acuerdo; pero mi intención siempre es la de aportar algo que, por
poco que sea, alimente el espíritu y esa parte emocional y artística, que nos
vincula a muchos de los que estamos aquí.
Hay un pensamiento generalizado
que trata de imponerse a sí mismo una obcecada positividad ante el sufrimiento
que, como es natural, en algunas ocasiones nos acompaña en el viaje de la vida.
Un positivismo, casi forzado, que se resiste a sufrir; a no aceptar las
emociones o descartar aquellas que producen dolor.
Particularmente, yo siempre
me he resistido a lo contrario. No me siento a gusto, lógicamente, nadando
entre el dolor; pero soy consciente de él, me concilio con él y aprendo de él;
porque lo reconozco como parte primordial de mi esencia, y el negarme a él, es
como negarme a mí misma.
Hay algunas frases
demoledoras, desde mi punto de vista, referentes a esa ola de positivismo que,
si las analizamos, podemos darnos cuenta de que más que beneficiar, perjudican;
siempre, naturalmente, desde mi humilde opinión, ya que obligarse a sonreír
puede llegar a crear una frustración importante y crónica.
Una de esas frases,
por ejemplo, es aquella que dice: “Un día sin sonreír, es un día perdido”, del
gran y maravilloso Charles Chaplin.
Puedo asegurar que eso
no es cierto. Como también afirmo que en el transcurso de mi vida he aprendido
más sobre esta y sobre mí misma, en esos días de penumbra en los que la
nostalgia y el dolor no me permitieron sonreír.
No voy a negar que la
sonrisa es puro alimento para el alma; ni que Chaplin fuera un maravilloso ser
humano que transmitió felicidad y sonrisas por doquier, pero el alma se
alimenta de todas y cada una de las emociones que conforman nuestro ser,
nuestra esencia, y negarlas, es negarnos a nosotros mismos.
“Cuando dejamos de resistirnos al sufrimiento, entonces ya no es sufrimiento, se transmuta en algo que es para tu beneficio.
A menudo, en los círculos espirituales, escuchamos la frase, ama lo que es. Es posible amar cualquier dolor que surja aprendiendo a renunciar a las preferencias egoicas, entendiendo que lo que surge son simplemente fenómenos intensos que en realidad te llevan a una conexión más profunda con la vida.
Al permanecer ecuánimes con lo que es, comenzamos a purificar los patrones de resistencia dentro de la estructura del ego, esto nos lleva a la paradoja de la rendición. La paradoja de la rendición está para darse cuenta de que cualquier cosa a la que te resistas, persiste.
La resistencia en realidad le da poder al ego. El ego no es nada más que la resistencia misma.
A veces, en el camino, tenemos la idea de que no deberíamos experimentar esta o aquella emoción. Podemos sentir que estamos retrocediendo si sentimos odio o ira. La experiencia de la gama completa de emociones humana es necesaria.
La paradoja es que cuando aceptamos cada emoción por completo, abandonando la resistencia, ella se transmuta de la emoción que está llena de carencias, juicios y preferencias, a sentimiento puro, a pura vitalidad, que está más allá de la mente evaluadora.
La vida es un instrumento para su propia comprensión. Para comprender la vida, no te escondes de la vida. No te desconectas de lo que estás tratando de comprender. Lo que haces es prestar atención a lo que está sucediendo, tratar de capturar matices.
Pregúntate a ti mismo de qué se trata esto, por qué está sucediendo esto, qué significa esto.
La vida en el mundo, es un libro para ser leído y descifrado, pero podemos quedar tan atrapados en una comprensible necesidad de sufrir menos, que nos olvidemos de leer el libro; nos olvidemos de prestar atención. El libro es la clave para descifrarlo todo. Si descifras el libro de la vida, automáticamente sufrirás menos. Pero no puedes descifrarlo si no tienes la vista puesta en el objetivo, si no estás prestando atención.
La vida es la herramienta para su propia comprensión.
Una vez, un estudiante le preguntó a Tenzin, un Maestro Zen conocido por su sabiduría y tranquilidad:
(Mente despierta: El esplendor de la consciencia)
༄
Supongo, y eso es lo
maravilloso de la comunicación, que puede ser un tema controvertido que da para
muchas opiniones y debates; en este caso, lo haremos a través de nuestro reto
de febrero.
¿Crees que el
sufrimiento hay que afrontarlo; vivirlo y sentirlo; acurrucarte en él para
entenderlo y entenderte; escucharlo¿?
¿O crees que hay que
obviarlo; negarte a sufrir y obligarte a estar en un estado de positividad
constante porque de lo contrario sientes que estás desperdiciando tu vida?
Escribid sobre ello en
cualquier formato y sin límite de palabras.
Y para acompañar el
texto, si lo deseáis, os comparto unas imágenes de Tea Jagodić, fotógrafa,
autorretratista conceptual y diseñadora gráfica, nacida en 1992 en Banja Luka,
Bosnia y Herzegovina, de las que podéis escoger la que resuene con vuestro aporte.
“Actualmente vive y
trabaja en Belgrado, Serbia. Tras completar con éxito sus estudios de diseño
gráfico en Banja Luka, se dedicó a la manipulación fotográfica conceptual
durante diez años, al tiempo que desarrollaba su habilidad en el diseño de
portadas para libros. Durante los últimos seis años, se ha centrado en este
aspecto del diseño, abordándolo con el mismo entusiasmo y profesionalismo que
el arte conceptual.
Tea ha destacado no
solo en el mercado nacional, sino también en el ámbito editorial internacional,
en colaboración con editoriales extranjeras. Sus diseños de portadas han
conquistado la simpatía de lectores nacionales e internacionales, consolidando
así su posición en el mundo del arte y la publicación.
Además de su trabajo
en libros, se dedica al diseño de álbumes musicales y carteles de cine y
teatro, contribuyendo al reconocimiento y la identidad visual de diversos
proyectos artísticos y culturales. Su colaboración con artistas de la industria
musical y cinematográfica le permite difundir su arte entre un público diverso
y tener un fuerte impacto en la escena cultural”.























