08 febrero 2026

Padres que regresan de la muerte

 Anoche, viendo Hamnet en el cine, me puse a pensar en que en dos de mis historias favoritas, Hamlet y y Odisea, hay un padre que regresa de la muerte. En un caso -tragedia-, aparece dos meses después de morir, como espectro, intangible e impotente, con los puños llenos solamente de verdades y un llamado a que su hijo ejecute la venganza contra el traidor. En Odisea -épica-, aparece cuando ya todos lo dan por muerto, veinte años después de partir hacia Troya, vivo pero oculto bajo un disfraz de vagabundo, y con los puños llenos de violencia: un plan para vengarse de los pretendientes, y la ayuda divina de Atenea. El espectro de su padre vuelve loco a Hamlet, quien duda de la fiabilidad de su aparición (y recurre al teatro para desenmascarar al asesino), se plantea si vale la pena ejecutar la venganza, reproduciendo así la cultura sanguinaria que aborrece, y, en fin, sobre si la vida tiene algún sentido . El regreso de Odiseo, en cambio, restablece el orden en Ítaca, y le da a Telémaco la oportunidad,  que no había tenido al crecer, de recibir el legado paterno, lleno de gloria y honor.

Recordé entonces una imagen que soñé, y que hacía mucho tiempo no estaba en mi conciencia: mi papá caminando hacia mí por las vías del tren, con el pelo largo y la ropa desarreglada, igual a un hippie de los años '60, o como Charly y Nito en la tapa de Vida. Mi papá vivo, volviendo de un viaje en el que se había perdido, desharrapado pero vivo, volviendo de la muerte. 

Esta imagen la soñé cuando todavía no había pasado tanto tiempo como para dejar de fantasear con su regreso. Fue en la época en que miraba "Regalo del cielo", esa novela en la que un padre moría asesinado por su hermano para quedarse con su esposa y su empresa, y volvía en forma de fantasma al que únicamente su hijo podía ver. O sea: Hamlet.

Pero yo, que tenía la misma edad que el niño de la novela, no veía al fantasma de mi padre. No aparecía al final del día, sentado a los pies de mi cama, para preguntarme cómo estaba, para darme algún consejo. ¿Cómo era posible? Mi sospecha era que, en mi historia, el fantasma de mi papá se le aparecía a mi mamá, muy probablemente cuando se encerraba en el baño.

Acepté esto como una verdad, y, a falta de la solución espectral para volver a verlo, lo soñé viniendo hacia mí por otras vías.  

Sin saberlo, sin haberla leído, a los siete años yo inscribí mi historia en la tradición épica de la Odisea. 

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En el tramo final de la película (Hamnet) se escenifica una representación de Hamlet en The Globe. Es la escena de la muerte de Hamlet, la escena final de la obra. El actor -que hace del actor que hace de Hamlet- pronuncia sus palabras finales, que siempre me erizan: "El resto es silencio". Después, el encuadre deja afuera el escenario y sólo vemos al público (actores haciendo de público), que llora con tristeza, con compasión, con ternura, sin comprender, y comprendiendo, la tragedia, la maravilla que es la vida; la angustia, la incertidumbre de la muerte. Porque "quién aguantaría cargas, gruñendo y sudando bajo una vida fatigosa, si no temiera algo después de la muerte, el país sin descubrir, de cuyos confines no vuelve ningún viajero...". En este momento escucho que el público, en la sala oscura del cine, también llora. Se escuchan los hipos, los suspiros, algún sollozo. En espejo, los dos públicos lloramos. Hay una comunión espectral entre un público ficticio, pero que existe y existió multiplicado a lo largo de cientos de años, y el público presente en la sala, aquí y ahora. Un hilo nos enhebra en la emoción que produce el arte, en lo sagrado, en sabernos humanos y compartirlo con otros. Un hilo sagrado enhebra todas las historias, las que nos hacen vivir una vida más plena, más profunda; las que nadie nos contó pero ya sabemos, porque están grabadas en nuestro ADN. Las que nos ayudan a darle sentido a este viaje inevitable, pavoroso y alucinante, hacia el país sin descubrir.



19 mayo 2022

Sean eternos los laureles que supimos conseguir

Nada es eterno.

Ni siquiera la rama de laurel

que trajiste el día que te pedí

para ponerle al guiso.


No un paquetito

de hojas de laurel

del supermercado,

sino una rama.


Fue una sorpresa

para mí

que trajeras algo

en abundancia


vos, que siempre compraste

lo justo y necesario

para hacerte tus comidas

y que no sobre;


que no eras de pensar

en lo que a mí me gustaba

para traer de paso

sin preguntar


vos, que cuando fue tiempo de nido

te volaste

dos veces

es decir siempre.


Y de pronto una rama

larga, llena de hojas

una fronda ilusionada

de guisos por venir.


Parecían eternos los laureles

pero ayer se terminaron.


Duraron más que nosotros.

25 diciembre 2021

Oigo una voz que dice -Nadie

va a tomar tu dolor

entre sus dedos.

No hay Otro.

Hay solo vos. Vos sola.

Salí de vos

-dice la voz -

para encontrarte

contigo.

Nuevas y viejas

las penas

se juntan.

No hay vos

-me dice-

si no querés que haya.

Morite hasta que puedas

regurgitar esta vida.

No hay dios

ni palabras

salvadoras.

Nadie puede escuchar

tus lágrimas.

Pero igual podés

rezar.

Decí

AHORA

y voy a buscarte

-dice la voz-

Yo no soy nadie.

Eso te conviene.


12 diciembre 2021

 Hace tres días, dejé en borrador esta entrada completamente en blanco. Quería escribir y no pude, y ahora no recuerdo qué era lo que me había hecho abrir esta ventana.

Pero es domingo y llueve, me duele la cabeza otra vez, y pienso que si no encuentro algo que me ancle pronto, voy a tener que barajar las opciones del delirio y de la muerte. Escribir es un anclaje que llevo demasiado tiempo postergando. Una hoja abierta como una herida. Blanca. Sin sangre.

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Alejandra era huérfana de madre desde los siete años. Ella estaba de vacaciones con sus abuelos, y cuando volvió le dijeron que su mamá había cruzado mal las vías del tren. Nunca lo creyó, por supuesto, porque era una mentira muy tonta para una niña demasiado inteligente. 


Las hijas vemos el sufrimiento de nuestras madres. A veces las palabras huelgan, pero mi mamá siempre le puso palabras a todo. Había días en que me decía "hoy estoy triste". Esos días de tristeza yo también hacía mucha catarsis. Era, en cierta forma, un alivio poder estar triste con ella (y no sola). La vi llorar muchas veces. Y sin embargo, en la cúspide de su fragilidad, mi mamá siempre fue mi refugio. Ahora siento que no, que mi refugio es mi hija. Y me preocupa. No tanto que me haya visto muchas veces llorar, que casi a diario me vea desbordada, infeliz. Me preocupa que ella sea mi único anclaje en este mundo, porque yo no puedo, no me permito, hacerle lo que su mamá le hizo a Alejandra. No voy a dejarla sola en la tristeza, multiplicando la tristeza.


29 mayo 2021

Pequeña resistencia de las cosas

 Es sábado a la tarde. Intento dormir la siesta. 

A la mañana, antes de la clase de pilates, y después también, estuve buscando la partida de nacimiento de Julia y la libreta de matrimonio para presentárselas al abogado que va a hacer el divorcio. Revisé todos los cajones de la casa, adentro de todos los armarios, todas las carpetas, rincón por rincón. Nada. Como si se hubieran esfumado después del último orden y reubicación.
Agotada y hambrienta, desistí de la búsqueda y me hice el almuerzo. Mi mamá dice que hay que dejar de buscar para hacer aparecer estas cosas. 

No sé dónde leí el otro día que lo peor del duelo es la pérdida de la persona que fuiste para ese otro que ya no está, o no está en tu vida.

Salto como un resorte de la cama para revisar un último recoveco de la mesa de luz, que había mirado muy al pasar. En un sobre dentro de un sobre están todas sus cartas de amor que pude conservar. Lo reviso pensando que quizás ahí metida puede estar la libreta. Me sorprende y me intriga una leyenda: "Instrucciones para abrir el regalo". Abro la nota y empiezo a leer. Es muy gracioso. Después otra cosa: un mensaje en una secuencia de papelitos ,"amor en forma de papelito". Otra más: la carta caminito. Y otra: un retrato a plumín. Una nota hogareña con la despedida "el día todavía puede enlindarse". Mucha frescura e ingenio. Mucho, muchísimo amor. Me río y también lloro. Pienso que este que fuiste está atesorado acá, en el desorden de mi casa, y que algún día Julia va a re-conocerte a través de estas cartas. Que para ella, también, las guardo.

Me apena no saber si atesorás la que fui para vos en algún recoveco, o si esa Yo se perdió en alguna mudanza. 

La vista se me nubla y apenas puedo leer la letra diminuta de las cartas. Guardo todo. 


Reviso una vez más el cajón de arriba de la mesa de luz y OH, PRODIGIO: ahí está la libreta de matrimonio.

Corro, entonces, con la libreta en mano, a revisar ese cajón del escritorio. Inmediatamente encuentro la partida de nacimiento ahí donde ya la había buscado dos veces.

Una pequeña resistencia de las cosas. Un gesto de olvido que recuerda. ¿Una trampa? ¿Una despedida? 


Como sea; el precepto de mi madre se cumplió. 

21 abril 2021

para mí

me gustan los varones de mirada intensa;

no importa tanto el color, pero hay algo

en la densidad del iris,

ya sea espeso o translúcido,

y en la forma de las cejas,

o su condición gimnástica

para hacer las piruetas

del gesto.


amé a dos hombres con lunares en los ojos

y a uno de sonrisa perfecta.

amé a uno sueco, con

mandíbula de playmóvil.

todos me miraron así

entre pestañas largas.

a todos les escribí

poemas.


casi siempre me sentí 

vulnerable, 

imprecisa,

llena de una discreta 

pero tenaz

incondicionalidad

(y fe)


me encontré arrinconada

por sus manos ausentes,

anhelantes

o despistadas.

fui necia, o solemne.

o frágil. o tierna.

y fui feroz.


lloré sus heridas 

y leyeron mis muslos.

les tuve sed

y vergüenza.

aprendí a fabricar

escenas de encantamiento.

condición primera del amor,

esa historia que nos contamos.


todavía los sueño

y les escribo cosas.

nunca me supe decir de otro modo,

ni guardarme nada

para mí.






11 abril 2021

Interlunio

 

Es sábado y son las dos de la mañana. Otra vez no puedo dormir porque en el silencio lúcido de la noche vienen pensamientos.

Ya pasó un año del big bang. Todo lo que era se puso en pausa permanente. Ahora llueve y la calle está vacía y bastante silenciosa, y se parece a una noche de abril del año pasado, en la que también me desvelé y lloré de incertidumbre y de vacío, y me abracé a mi hija como si fuera mi madre.

Julia sigue durmiendo conmigo porque es lo único que me mantiene presente. El resto de mí deambula en un laberinto cada vez más revuelto de pasados y futuros, movimiento continuo que no deja dormir y tensa el cuello.

Necesito que este dolor se transforme en escritura. Palabras que puedan ser escritas y articuladas, organizadas y comprendidas. Palabras que adquieran un sentido que vaya más allá de mí, que me salve.

La noche está más oscura de lo que me gustaría. La luna nueva es la que se oculta, la que da la espalda. Como todo lo que no quiere ser visto, irradia algo más absoluto que cualquier luz. Como todo lo  ausente, habita de formas más poderosas e inexorables que cualquier presencia.
Las canillas del edificio hacen ruidos amenazantes; también los autos que pasan por la calle. Lo que está callado debería sonar, pero sucede lo contrario. Lo que está quieto debería moverse. Lo que avanza no se quiere detener, y es preciso que así sea, pero tampoco que arrase. Tampoco que arrase.

Yo no puedo tener más planes.
No tengo resto para
arrastrar más cadáveres.
No tengo suelo donde pisar firme,
no encuentro el lugar confortable.
Hay en mí un exceso de conciencia.
Sentir demasiado anestesia.
Si no encuentro el modo
de narrar lo que siento
una espiral me lleva mar adentro,
y me arrasa, y me pierdo.

Un abrazo inesperado del que no sabemos cómo vamos a salir. En el momento exacto de desarmar el abrazo nos damos cuenta de que no hay plan, y no hay modo de salir de ahí sin perder algo. Qué dejaremos. Qué nos será dado. Quiénes seremos cuando el abrazo termine.

No se puede vivir pensando en cómo narrar la vida.
Y yo no sé vivir sin pensar en eso.
Todavía no sé cómo se narra una vida. Ni para qué o para quién.
No encuentro el modo de vivir en silencio, adentro.
No hay mar; es pura espiral que se agita y ahoga. Sola. Una tempestad sin viento.

26 marzo 2021

Las cosas van a olvidarnos

En el ya bastante extenso tiempo
que me fue asignado
no te permito ser otra cosa
que una voluntad muy necia,
un accidente del deseo o de la planificación.

El amor es una historia que nos contamos.

Me llevó años;
unos, dulces como peras;
otros, duros como duras peras.

Y al fin estoy a solas con mi cielo.
Son estrellas muy lejanas
quizás ya muertas.

Pero dan luz y esperanza.
Señalan un punto impreciso en
la línea infinita del horizonte.

Las cosas van a olvidarnos
mucho antes de que hayamos desaparecido.



16 marzo 2021

Linda infinita

 Podría quedarme a vivir en este tiempo de Julia chiquita y compañera, escuchar en loop la carcajada por las gracias de animalitos varios en YouTube, insistir en que debe dormir en su cama pero llevarla a upa conmigo -darle siempre dos besitos en el cachete al levantarla- y mirarla dormida y larga en los ratos de insomnio.
Quisiera prolongar este tiempo de saber que estoy para ella sin dejar de estar conmigo, en mí. Esta celebración del reencuentro, cuando vuelve, y me dice que no me extrañó y me aprieta en un abrazo entero, definitivo. 

Todo lo que hay disperso de mí se reúne de nuevo en esos abrazos.

Mamá viejita va a recordar a esta Julia chiquita, aprendiza y sabia; orgullosa y reflexiva. Sus ojos con estrellitas y sus cachetes todavía rosados, los bucles radiantes, las palabras justas, el espíritu curioso y noble.


13 febrero 2021

13-2-21

 No recuerdo cuánto hace de la última vez que me levanté corriendo a escribir un sueño.

Este apuro responde también a poder apresar todo eso que se va, o mejor dicho, que ya se fue. 



Soñé que abrazaba a tu fantasma. A ese vos que se murió. 

Salimos del salón, atravesamos parte del parque, y me di cuenta, medio borracha, de que había olvidado mis ojotas adentro. Te pedí que me esperes y entré corriendo a buscarlas. Pero, ya sabés, los espacios se desordenan en los sueños, y en mis sueños siempre son una trampa, un laberinto imposible.

Llegué al sótano bajando escaleras a toda velocidad. No quería que me esperases tanto tiempo. Para el último subsuelo se cortaba la escalera. Parecía un estacionamiento ahí abajo. Reculé, perdida. Atavesé el pasillo de la sala teatral, me crucé en contramano con los actores y actrices que bajaban en personaje, como parte de la obra. Estaba Alejandra, por supuesto, como casi siempre que sueño con teatros. Yo pasaba de largo, seguía en mi carrera para volver a vos. Ya a esta altura me preguntaba si eran tan importantes las ojotas, y la verdad que no. Pero estaba perdida ahí adentro, y ya no era la misma hora ni el mismo tiempo en que te había dejado en el parque con la promesa de volver pronto. Porque después aparecí en un living, y Julia me mostraba unos papeles de un departamento donde ibas a vivir con alguien más., un nido de amor en el barrio de Parque Avellaneda. Me daba tanto enojo que rompía esos papeles. Después era de noche y yo vivía en una casa grande, abrazando a Julia que dormía conmigo igual que ahora. Antes de dormir, Julia tenía la nariz fría y yo había inventado la cama para narices. Ahora ella estaba dormida, abrazada a mí, y yo miraba por la ventana el cielo, y el cielo luego era la ventana. Era el patio de una casa chorizo, con un comedor enorme, y pensaba en por fin festejar mi cumpleaños en mi casa grande. 


Y después venía la escena del reencuentro. Ocurría en una especie de camarín, un espacio neutro e irreal. Vos me reclamabas, llorando, haberme esperado toda la noche, o la eternidad, o demasiado tiempo. Yo te explicaba que no había querido, que te había mandado mensajes, y hasta una foto (aunque ya no recordaba haber sacado esa foto). Estabas herido, pero, sobre todo, enamorado. Nos dimos un abrazo más y entendí que era un sueño, y lloré yo también abrazada a tu fantasma, y nos dijimos te amo, y me despedí de todo eso.

28 septiembre 2020

Tal vez una canción

Soñé que tenía trabajos raros. Uno era una especie de lavadero de autos, y estimo que yo era nueva. Estaba parada en una esquina del lugar, con mi uniforme, y veía llegar con mucho entusiasmo mi primer auto. El detalle es que las herramientas que tenía para hacer mi tarea eran de juguete: uno de esos sets de escobita, palita y trapeador de plástico que venden en jugueterías y bazares. Igual estaba feliz, y confiada.

Una noche de la semana pasada le mostré a alguien que quiero mucho un poema que escribí, al que titulé "Tal vez una canción" porque tenía el deseo de que lo fuera, pero bastantes dudas de que pudiera llegar a serlo. Así que, con un empujoncito, empecé a ponerle algunos de mis acordes favoritos, fui reajustando el texto, probando, grabando pedacitos, hasta que quedó, tal vez, una canción. 

Y un poco me sentí como en el sueño de anoche: encarando una tarea nueva con unas herramientas algo precarias, pero con la ilusión intacta. Podría pensar otras metáforas, pero esta que sugirió mi inconsciente me parece de una inmensa ternura.

Esta semana voy a empezar un taller de canciones. Por eso quiero parir esta, que nació de un deseo muy hondo: el deseo de desear, siempre. La saco afuera para que adentro nazcan otras nuevas, nuevas, nuevas.

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Yo sé que voy a salir de vos,

voy a salir de vos,

voy a salir de vos.

(bis)


Sé que voy a salir de vos

aturdida y exhausta

como de una explosión.

Voy a salir de vos

como del subte,

agazapada en vapor.


Estoy siguiendo la música 

como un espejismo hacia otro lugar.

Quiero recuperarme del sueño

y elegir un puerto para dinamitar.


Quiero de vuelta la ciudad entera,

su espejo roto en forma de corazón.

Quiero buscar de nuevo toda mi magia

todos los cielos

Tal vez una canción, ooh.

Tal vez una canción


Sé que voy a salir de vos

voy a salir de vos.

Yo sé que voy a salir de vos

voy a salir...


Quiero la música que traje de lejos.

Quiero gritar el nombre griego de un dios.

Y quiero que no se me bore el deseo.

Un puerto nuevo.

Tal vez una canción, ooh.

Tal vez una canción.

23 septiembre 2020

tal vez una canción



Yo sé que voy 

a salir de vos

como del subte

al mediodía:

agazapada en vapor,

rogando que afuera

haga menos frío

o menos calor.


Yo sé que estuve

siguiendo la música,

como un espejismo

hacia otro lugar.

Quiero recuperarme del sueño

o elegir un puerto

para dinamitar.


Sé que voy

a salir de vos

aturdida y exhausta

como de una nube,

o de una explosión.

Y voy a buscar de nuevo

tal vez una canción.


Quiero de vuelta

la ciudad entera

con su estuche 

de espejo roto

en forma de corazón.


Quiero la música esa

que traje de lejos.

Quiero gritar

el nombre

griego de un dios.

Caras extrañas.

Un puerto nuevo.

Tal vez una canción.




08 septiembre 2020

~septiembre 2015~

 Cuando Ella entra, él está sentadito en el sillón, con cara de marido resignado. Ella supone equivocadamente que Aquella es la esposa, pero resulta que no. Aquella termina, paga y se va sola. Él fue a hacerse algo; como Ella.

Se miran por arriba del hombro. Ella se saca el camperón porque estaba fuerte. La calefacción.
Una señora lo hace pasar. Se sienta de espaldas a ella, y es una linda espalda. Y la mira un poquito por el espejo. Ella hojea una revista Hola! que es un irresistible canto a la idiotez, pero cada tanto también lo espía a través del espejo.
La señora trabaja a un lado y otro de su cabeza. Es rápida.
Cada vez que Ella vuelve a mirarlo por el espejo le descubre las entradas, la calvicie avanzada en la cima del cráneo, la nuca cuadrada, la camisa aburrida, la cifosis dorsal.
Cuando sale ya es otro. No la mira, pero no importa porque Ella tampoco a Él.
La llaman; la misma señora.
No le lleva más de cinco minutos perpetrar su horrible crimen.
Ella, los ojos llorosos, mientras saca el billete de 100 para pagar, se reprocha el haber venido.
Y se pregunta para qué lado habrá salido Él, a ver si lo alcanza y quién te dice.
Damnificados por la misma tijera.

06 septiembre 2020

Septiembre: la noche también es de los pájaros


El inconsciente manda a la mente toda clase de brumas, seres extraños, terrores e imágenes engañosas (...) Son peligrosos porque amenazan la estructura de seguridad que hemos construido para nosotros y nuestras familias. Pero también son diabólicamente fascinantes porque llevan las llaves que abren el reino entero de la aventura deseada y temida del descubrimiento del yo. (...) una maravillosa reconstrucción de la vida humana, más limpia, más atrevida, más espaciosa y plena... ésa es la tentación, la promesa y el terror de esos perturbadores visitantes nocturnos del reino mitológico que llevamos adentro.

(J. Campbell, El héroe de las mil caras)


Una parte de mí sale a volar de noche
como un ave nocturna
Intempestiva

Los sueños revelan verdades, y yo estoy soñando con tal prolijidad y nitidez. Todo se ordena en imágenes claras. 

Cielos que se abren hacia adentro. El paisaje de la avenida que siempre termina en el río. Una casita de techos bajos. Cuerpos desnudos, calor de pieles, cobijo y también mal-estar. Un hombre atiende una parrilla y alquila departamentos; tal vez sea la costa. Comeremos siempre aquí, dice uno. Yo imploto de nóes. Es tan claro. Veo pasar las olas turquesas con sus rulos marmóreos de espuma. Siento el peligro y también la dicha de estar expuesta. Busco refugio en ese acantilado, que se enmarca como una acuarela. No es cierto el destino. Tomemos mate. Busquemos la luna. Debo presionar la tecla "L" para que baile el muñeco de Julia en el retablo-pantalla. Debo calentar la comida en el microondas y bajar con cuidado la escalera blanca, griega, en Santorini. Pero es el campo, la pampa. Escupo el bocado de croqueta. Veo partir los caniches como pelusas blancas flotando en el Lácar, llevadas del viento. Conciencia de que se sueña dentro del sueño. Acaricio palabras:

    Recolectores.manuales.de.vid.    Propileno.complejo.    Mandarinas.tapia.bermellón

    Signos de una pena inmensa. 

~pienso títulos~

Hacer algo con este dolor. 

Poesía que se revela en sueños porque está hecha de su misma materia.




28 agosto 2020

 Estar atrapada en una llamada telefónica. Escuchar el tono de "no hay nadie" para siempre.