24 enero 2007

Cuentito 4

La cosa es que usted está chiflado, le dijeron al señor Martino cuando fue a sacar el registro. Y se lo dieron igual, cosa que a él propiamente no lo dejó perplejo, porque, claro, la afirmación era cierta.

Ahí se fue el señor Martino a dar comienzo a su vida de conductor, y lo primero que pensó fue Necesito un automóvil, sin embargo lo que dijo en voz alta fue Quién quiere oler este eruto, a lo cual el resto del pasaje del ómnibus se echó afuera por las ventanas –las cuales por desgracia y por invierno estaban cerradas. Ay-

El señor Martino se sintió un poco culpable, y, al ver que el conductor perdía el conocimiento sin esperanza de encontrarlo, tomó las riendas del volante, puso un pie en el acelerador y otro en la ventanilla, dobló peligrosamente en una recta y heroicamente se estrelló contra un edificio de correos.

Es cierto lo que dicen, fue el final del señor Martino. Pero el despilfarro de cartas y sellos postales por los aires hizo de esta horrible muerte una escena tan inusualmente poética, tan delicadamente bella, tan cinematográficamente pochoclera, que los vecinos del barrio de Villa Pulenta no pudieron más que tomarse el día para barrer la vereda. Y con el correr de los tiempos aquella fecha se hizo feriado, luego fecha patria, más tarde asueto docente, y a lo último era el día del barrendero, pero demasiado tarde porque los barrenderos ya se habían extinguido.

Otra historia con final feliz.

16 enero 2007

-Lo de antes
Dice el comensal.
El mozo, desconcertado.
-Lo de antes de qué?- Pregunta con una irritación que tiene ya nueve pesadas horas de cultivo.
-Oh… claro… usted no había nacido… - Susurra el comensal- Verá… la comida… eso que sirven aquí, ya no tiene el mismo sabor que antes.
-Y?- El mozo.
-Y eso. Que yo quiero lo de antes.
-Lo lamento. Eso no está en la carta.
-Claro que no está en la carta!
Se hace un silencio. El mozo mira de reojo al cajero.
- Oiga!- vocifera el comensal- Yo tengo dinero para pagarle!-
El mozo gira por completo hacia el cajero. El comensal mira al cajero, al tiempo que agita su billetera como un abanico. El cajero llama al mozo.
El comensal queda solo en la mesa. El mozo y el cajero discuten en el mostrador.
El comensal se pone la servilleta al cuello.
El cajero se arrima a la mesa, con excesiva gentileza.
-Buenas noches, Señor. En qué le puedo ayudar?
-Buenas noches, quiero un plato de comida.
-Eso es?- De reojo, al mozo, una mirada relámpago.
-Eso es. Un plato de buena comida.
-Perfectamente, Señor. Este es un excelente restaurante. Sírvase la carta, el mozo le tomará el pedido.
El cajero se vuelve, fastidiado. Hace al mozo un gesto casi imperceptible, compacto, violento, y vuelve a su puesto detrás del mostrador.
El mozo:
-Señor – En voz muy alta – En qué le puedo servir?
-Quiero un buen plato de comida. Eso quiero.
-Bien – Vocifera – Y qué plato de comida le gustaría que le sirva?
- Lo de antes – dice el comensal en un regodeo – Lo de antes.

13 enero 2007

raro

Ya no me siento a escribir para el blog
Me preocupa y no me preocupa, a saber:
me preocupa,
porque pareciera que algo cambió, y eso es en sí mismo vertiginoso de pensar.
Porque durante un tiempo largo el ejercicio de tener el blog fue el ejercicio de la escritura, que tanto me gusta. Y ahora pareciera que estoy en blanco, o que todo se me lee por afuera. Sin tanta poesía, por cierto.
Porque mis blogs amigos me gustan y me dan nostalgia de los tiempos en que todos nos leíamos y nos escribíamos, y ahora me cuesta hasta poner comentarios.
Porque no escribir en el presente hace que, en cierta forma, arbitrariamente, todo lo anterior parezca ir perdiendo el sentido. (Sabor a dejar algo a medio hacer. Por otra parte no sé, en este caso, qué sería hacerlo entero)
Porque tengo miedo de estar convirtiéndome en otra cosa.

No me preocupa porque, al fin y al cabo, es una cosa en la internet.
Ya vendrán tiempos peores.
Y ahí voy a tener que escribir.