30 julio 2011

3/10

Cuando recién me levanto encuentro formas originales de decir las cosas.
Tengo la sensación de que mi parte no consciente es mucho mejor escritora que yo; yo la que escribe.
Ahora, cómo hacer para extirpar algo de esos sueños, y plasmarlo en escritura sin arruinarlo con mis ideas. Cómo hacer, por otra parte, para captar la esencia de lo que el sueño me provoca, de tal forma que otros puedan sentirlo al leer.
En esa transcripción radica la especificidad de la escritura. Y es lo que yo no puedo, justamente. Termino conformándome con alguna que otra buena forma de decir algo, pero no eso que me proponía decir. No eso que bulle, que alborota los sentidos.
A veces son dos o tres palabras nada más. El orden misterioso que acerca al lector a un universo del que nunca se creyó parte, hasta que esas palabras le imprimen un color en el alma, en los ojos, en la corteza cerebral. Hasta que esas palabras lo sacan de su yo pero a la vez lo arraigan. Lo acercan a un tipo de humanidad colectiva, donde una finísima fibra, como médula ósea, atraviesa todas las conciencias y la suya propia, al punto de hacerlo sentir, en un único acto instantáneo, Todo y Nada al mismo tiempo.
Es algo así como la conciencia de un saber profundo, del que sólo se llega a atisbar la punta. Es el acceso, el exacto acceso, a un misterio mayúsculo. La toma de consciencia de ese misterio vale por todo el conocimiento que se pueda pretender. Y ese misterio puede estar representado en algunas pocas palabras, cuyo orden obnubila por un instante el entendimiento, y lo transporta a esa región de la que hablábamos, donde el Yo se funde con todo, como en un shock eléctrico.

20 julio 2011

amor lunar

gracias a mi luna, que se alineó con el alunizaje ese 20 de julio de 2006.

12 julio 2011

el bar mitzvá de mauricio


Cuando pensábamos que este hombre debía ser repudiado por la comunidad judía, por haber designado como jefe de la nueva policía a un señor involucrado en la causa AMIA, nos ganó a todos de mano y se alió con el líder de la Fundación Judaica, una de las comunidades más importantes de la Argentina, con sede en el barrio de Belgrano, y a cuyas instituciones asisten los judíos más adinerados de Buenos Aires. Los mismos que no titubean en gastar el valor de un departamento pequeño en una sola noche, para la fiesta de bar-bat mitzvá de sus retoños, cuya preparación y compromiso religiosos terminan quedando en un claro segundo plano, ante tan desproporcionado evento. Familias que, en su gran mayoría, se miden por las marcas de ropa que consumen, por el dinero que gastan en sus vacaciones, y por la cantidad de empleadas domésticas que tienen. En fin.
Verlo bailar a Mauricio en Costa Salguero, rodeado de globos de colores y cotillón, mientras la gente  revoleaba remeras con su nombre, feliz en su carnaval carioca con el rabino presente, cuidándole las espaldas, me hizo pensar que, él también, después de todo, logró tener su fiesta de bar-mitzvá. Al fin y al cabo, él no tiene nada contra los judíos, incluso tiene un candidato a legislador rabino.