Así, con dos palabras hermosas y esdrújulas se me va terminando este 2011. Casi como si hubiera atravesado la cocina en puntas de pie, pero acomodando la alacena. Una nada para la percepción, pero un todo para las estructuras. Fondo y forma, recipiente y contenido. Ahora pienso que los años serán siempre un poco así; pasarán apurados y silenciosos, pero dejando todo en distinto sitio. Como todo lo que se hace con el tiempo, como esos tres bollos de pizza que levan ahora sobre la mesada de la cocina.
Cerrar abriendo. Terminar, empezar. Los años, dá igual: un mero cambio de calendario, cierta aproximación al ordenamiento cósmico, otra vuelta más a la calesita solar. Pero de fondo, en la alacena, todo se ha reordenado. Y hay cosas nuevas en los frascos, y hay también algunos vacíos para lo que vendrá.