
No creo que lo dijera ningún erudito galáctico de los mercados, o si lo dijo o lo dejó escrito lo tuvo que comentar alguno de mis profesores de la nebulosa de la Facultad. Del Master seguro que no, porque me negué a pagar por optar a un puesto de trabajo. A lo mejor, y esto sería magnífico, es que se me ha ocurrido a mí. Después de un bombardeo incesante de ofertas inmejorables para hacerme la vida más fácil creo que el marketing que va a salvarnos de la crisis es hacernos creer que lo innecesario es necesario.
Magníficos cigarros electrónicos a solo 15 euros, Polos Ralph Lauren a poco más de 35 o unos Guess Boxers (creo, pero no me hagan mucho caso, que son unos calzoncillos) a la magnífica cantidad de 16,90 euros, que son casi 3.000 pelas… joder. Y todo esto en oferta, oiga, que al precio original saldrá mucho más caro.
Hay que ser un genio, casi un gurú, para conseguir vender todas estas prendas al ciudadano medio en tiempos de crisis. Lloramos por hipotecas locura firmadas en tiempos de bonanza, por coches que se deprecian nada más salir del concesionario, por sueldos míseros de empresas amparadas por la ley, y a veces ni eso, y por incrementos siderales en el precio de la gasolina. Todo esto, en mayor o menor medida, contribuye a nuestro día a día. Es necesario para vivir y hacer vivir a los demás. Más que los gallumbos marcapaquete que varios incautos comprarán aunque estén en una situación económica delicada. Y todo porque nos han hecho creer que nos hacen falta, que son lo más ‘chic’ y que sin ellos la vamos a seguir teniendo pequeña siempre.
Quizás nuestra revolución tenga que empezar por ahí. A través de los pequeños gestos y terminar con los grandes cambios. Esto no es Libia, ni Egipto. Sobrevivimos medianamente bien. Con la tranquilidad de que algo, no sabemos muy bien qué, va a solucionar las cosas. En la tele siempre pasa, ¿no? Y a una media de más de dos horas diarias por ciudadano hay mucho camino andado. Seguimos regalando tiempo necesario.
Texto: El pajero solitario
Foto: www.laverdad.es